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Entre cuerdas y bits: barroco para el pueblo

22/08/25. Festival de Torroella. Palau Solterra de Torroella de Mongrí. Obras de Carl Friedrich Abel y Bach. Lucile Boulanger, viola da gamba. // Plaza de la Vila de Torroella de Mongrí. Obras de Diego Ortiz, Rameau, Bach y otros. Lucile Boulanger, viola da gamba. Arandel, electrónica. 

Si algo puede decirse de los festivales ampurdaneses es que, a lo largo de los años, cada uno ha sabido preservar –o al menos definir– su personalidad, manteniendo edición tras edición una línea bastante concreta, sin dejar de adaptarse a las circunstancias y ofreciendo, aun así, una razonable diversidad de propuestas. Así pues, la música barroca constituye uno de los pilares fundamentales del festival de Torroella; de ahí que en esta edición un ensemble de música antigua y una violagambista sostuvieron el arco de inicio y cierre (ambos franceses, por cierto). Les Musiciens du Louvre, Armonico Consort, Vespres d’Arnadí, y otros intérpretes y conjuntos han salpicado una programación que ha puesto especial enfoque en Bach, Händel, Hasse o Pergolesi, abriéndose incluso hacia el ars nova de Vitry.

El pasado viernes, Lucile Boulanger fue la protagonista de la clausura de 45ª edición del festival. Por un lado, presentó un programa en solitario basado esencialmente en Bach y Karl Friedrich Abel (1723– 1787), y unas horas después, y a escasos metros, tuvo lugar una performance con electrónica y música en vivo, gratuita, en la plaza central del municipio, en colaboración con el artista y productor Arandel. 

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Galardonada con el Victoire 2025, la francesa ofreció una audición en pequeño formato, apto para las características de un instrumento íntimo y polifónico como su viola, y aunque un museo no es a priori el lugar idóneo para hacer música, el festival colgó el cartel de completo varias semanas atrás. Fue una ocasión perfecta para ver de cerca una viola da gamba en acción, en este caso, una réplica de un ejemplar alemán de 1699 de siete cuerdas y elegantes acabados. Boulanger presentó un concierto explicativo basado en piezas de Abel y Bach. El primero, discípulo del segundo, es considerado el último gran violagambista de una época en la que el naciente clasicismo ya percibía la viola da gamba –así como a la mayoría de variantes– como un instrumento arcaico. La peculiar relación de Bach con dicho instrumento también fue uno de los ejes del recital, recalcando el notorio hecho de que el maestro de Leipzig no dejara ni una obra escrita para viola da gamba en solitario.

La francesa exhibió un buen muestrario de posibilidades expresivas en la selección de 27 piezas para viola da gamba de Abel, desde un timbre rugoso y cálido, hasta uno más cristalino y etéreo, siempre a salvo de anacronismos inncesarios. Boulanger mostró la agilidad del instrumento en Vivace WK 190, y las posibilidades armónicas en Adagio WK 187. También fue interesante la búsqueda de matices armónicos hacia el puente, especialmente durante el Arpeggio WK 205, integrando de manera natural su propia respiración como elemento orgánico del recital. 

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Los arreglos de Boulanger sobre piezas de Bach estaban basados en materiales diversos, pasando desde la tecla, la flauta, y otros instrumentos de cuerda. Sobresalió su versión sobre el famoso Preludio en do menor BWV 999, aplicando cierto rubato a las notas pedal en función de la tensión, y más de uno pudo sorprenderse por el ‘balanceo expresivo’ de la viola. Otras destacadas piezas fueron el Grave de la Sonata para violín en re menor BWV 964/1003 y muy especialmente el arreglo de la Fuga en do mayor BWV 846, clausurando el recital con la Suite para violonchelo solo nº6 en do mayor BWV 1012 y propinas, también de Abel.

Enlazando con el pregón de la fiesta mayor, una Plaça de la Vila abarrotada en pleno ambiente festivo, fue la ubicación de Sorpresa barroca, el show que puso punto final a la presente edición y que combinó improvisación y electrónica, sobre un substrato musical barroco y renacentista. Boulanger y Arandel interpretaron un espectáculo digno de consideración –aunque no especialmente experimental en cuanto a fusión musical, estrictamente hablando–, en el que la artista recorrió diversas versiones –y ampliaciones– de ciertas piezas de danza de autores como Rameau, Händel, e incluso del renacentista español Diego Ortiz.

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La intérprete francesa desplegó un elocuente virtuosismo, apoyándose en pasajes previamente orquestados y producidos por su compatriota Arandel, con quien ya había colaborado puntualmente en el pasado. Teniendo en cuenta que se trataba de una sustitución –tanto de artista como de espectáculo–, el resultado estuvo sobradamente a la altura de la ocasión, pese al escaso tiempo de preparación y la falta de ensayos propiamente dichos.

Un buen despliegue técnico de luces y humo aportó atractivo a la ecléctica propuesta, que ambos recorrieron con complicidad y buen ánimo. El foco estuvo en Boulanger, naturalmente, aunque Arandel decoró algunos momentos de la perfomance tocando ocasionalmente un salterio con un pequeño arco y también llamó la atención cierta intervención vocal sintetizada, lo cual resultó más interesante. Boulanger firmó algunos de los mejores momentos interactuando con bases musicales tipo drum  & bass, con atmósferas y pads recreando fórmulas armónicas y cadenciales propias del barroco, sustentando de manera vitamínica el trance virtuoso de Boulanger. Destacó la versión de la Gavota de la suite en la menor RTC 5, aunque sin duda, el capítulo dedicado a las famosas Folías de España resultó uno de los puntos álgidos del espectáculo. 

Con el lema ‘La redención del tiempo’ concluía así una edición valorada como muy satisfactoria por Montse Faura, directora del festival, que vuelve a dejar el listón indudablemente alto tras cuarenta y seis propuestas musicales –tres más que en la pasada edición–, y varias producciones propias, lo cual, de un modo u otro, se ha traducido en un significativo aumento de asistentes.

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Fotos: © Roger Lleixà