© Lorenzo Duaso
Desbocarse o no desbocarse
Barcelona. 08/11/25. Palau de la Música Catalana. Obras de Ravel, Saint-Saëns y Falla. Arabella Steinbacher, violín. Montserrat Seró, soprano Orquesta Simfònica del Vallès y Nacional de Cataluña. Néstor Bayona, dirección.
El violín fue el protagonista de la oferta clásica en la Ciudad Condal el pasado fin de semana, y al igual que en L’Auditori, otra destacada violinista ha visitado la ciudad, en este caso Arabella Steinbacher, acompañada de la Orquestra Simfònica del Vallès, El programa incluyó dos funciones, con paradas en el Auditori Enric Granados de Lérida y en el Palau de la Música Catalana, el día anterior. La propuesta se circunscribió alrededor de la órbita de Ravel, concretamente, “ahondando en la conexión entre Viñes, Falla y Ravel”, tal como comentaba el director Néstor Bayona, batuta invitada de la temporada OSV, pianista y director artístico del Concurso Internacional de Piano Ricard Viñes, en una reciente entrevista para Platea.
Dos piezas de Ravel –Tzigane, y Preludio y Danza de Sémiramis, de la cual se ha podido confirmar la autoría del compositor a partir de un diario de Viñes–, una de Saint-Saëns (Habanera, op. 83) y otra de Falla (El sombrero de tres picos) integraron un programa bien hilado que puso el foco en ambos lados de la cadena pirenaica, en el que fue el primer gran capítulo violinístico de la temporada de la OSV.
Director y orquesta pasearon cómodos por la desconocida Preludio y Danza de Sémiramis, quizá algo ligeros de tempo en comparación con la lectura de Dudamel durante su estreno oficial con la Filarmónica de Nueva York –una de las pocas grabaciones actualmente–, pero el conjunto respondió bien a los sortilegios orquestales del maestro francés. La Habanera de Saint-Saëns fue una buena ocasión para apreciar la calidad de una intérprete como Steinbacher, no demasiado vista por estos lares. En su paso por la primera sección mostró gran musicalidad en el aparentemente fácil arqueo de gran parte del discurso, sacrificando velocidad innecesaria en favor de la claridad, y destacaron sus ascensos a las cumbres del diapasón, con la afinación siempre a raya. Tampoco decepcionó el Allegro final con un Bayona que aclimató un tempo cómodo para la protagonista.

Más deslumbrante por supuesto fue una Tzigane de notable factura, otra obra que, al igual que la habanera, también figura en las grabaciones de la alemana. Desplegó el lado más visceral de su violín aunque dosificó sin abusar los matices del ponticello y la peculiar cadenza inicial no defraudó en absoluto. Bayona supo acompasar con eficacia los espasmos virtuosísticos de la parte solista al frente de una orquesta motivada, siempre alerta y atenta a los caprichosos cambios de tempo de la partitura. Quizá, violinista y director evitaron deliberadamente el “caballo desbocado” que la pieza puede (o debe) llegar a ser, pero siendo justos, basta decir que el resultado maravilló al público que durante la velada del sábado abarrotó el templo modernista. Steinbacher calmó los aplausos con una propina de Prokófiev, una colorida Sonata para violín solo en re mayor.

El sombrero de tres picos fue un anticipo de una temporada en la que Falla será uno de los pilares de la programación, con motivo de su ciento cincuenta aniversario. Bayona, sin partitura, ofreció una dirección vivaz y enérgica, y una lectura que supo sacarle el jugo a la imaginación orquestal del gaditano, de los gestos flamencos, y de los clichés hispánicos –en el mejor sentido– y la OSV se ganó al público con un simpático comienzo entre olés y palmas proferidos por los propios músicos. Montserrat Seró cumplió su breve cometido con proyección y acento, mientras que Las uvas, se convirtió en uno de los platos fuertes de la primera parte. En la segunda, la jota final fue sencillamente espectacular e imbuyó al templo modernista en un pequeño éxtasis frenético: quizá el desboque que un programa de estas características pedía a gritos, aunque, en cualquier caso, el cierre estuvo a la altura de otra memorable visita de la orquesta catalana al Palau.

Fotos: © Lorenzo Duaso