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Locura y exotismo

Bérgamo. 16/11/2025. Teatro Donizetti. Gaetano Donizetti: Il furioso nell’isola di S. Domingo. Paolo Bordogna (Cardenio). Nino Machaidze, (Eleonora). Santiago Ballerini (Fernando). Bruno Taddia (Kaidamà). Valerio Morelli (Bartolomeo). Giulia Mazzola (Marcella). Coro dell’Accademia Teatro alla Scala. Salvo Sgrò, maestro coro. Hana Lee, fortepiano. Alessandro Palumbo, dirección musical. Manuel Renga, dirección de escena.

Preciosismo orquestal, voces atractivas, una partitura de una calidad que merece ser más representada y una producción estética, articulada con sumo gusto teatral, fue el resumen del estreno de esta ópera rara de un Donizetti en plena madurez de su arte: Il furioso nell’isola di Santo Domingo (1833). Basada en el protagonismo del personaje de Cardenio, extraído de la primera parte de El Quijote de Cervantes. Este personaje, loco de amor, se lo encontró el Ingenioso Hidalgo en su visita a Sierra Morena, produciéndole un gran impacto.

Donizetti y su libretista Iacopo Ferretti, aprovechan esta figura de un loco enamorado, que en su lucha por no perder la razón, tiene ataques de locura que lo vuelven violento. En esta curiosa y atractiva ópera semiseria, Donizetti y Ferretti, aprovechan el personaje de Cardenio, lo trasladan a la Isla de Santo Domingo, donde vaga errabundo, y que en sus ataques de enajenación mental, ataca al esclavo Kaidamà. Un personaje buffo que conjuga una crítica social al esclavismo europeo mezclando características de la Commedia dell’arte italianas, que le dan un original enfoque como personaje. Entre Cardenio y Kaidamà, dos roles ambiguos y que se complementan, está la enamorada Eleonora, quien debe recuperar a su enamorado Cardenio, el hermano del mismo que viene a su rescate, Fernando, y dos personajes secundario más, Bartolomeo amo de Kaidamà, y su hija Marcella.

Esta extraña mezcla de personajes, un entorno exótico como la Isla de Santo Domingo, y un compositor en plenitud de inspiración artística, dieron como fruto esta ópera magnífica, plena de páginas de una música hermosa que respira el mejor Donizetti.

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Hay que alabar al Donizetti Festival por este continuo descubrimiento, o redescubriniento, de tesoros del compositor bergamasco que hacen justicia al músico que ocupa un eslabón fundamental entre el Rossini maduro y el venidero genio verdiano. Un acierto lleno de atractivos ha supuesto la nueva producción de Manuel Renga. Por el colorido del vestuario y estética escenografía, ambas obra de Aurelio Colombo, sumado a la efectiva iluminación de Emanuele Agliati, envolvieron la producción en un fresco teatral idóneo.

Sumado esto a una dirección de actores fluida, donde cada rol está marcado con finura y elegancia. La crítica al esclavismo, con un inteligente uso de escapar al siempre polémico blackface mediante un Kaidamà traspuesto como un clown estadounidense, una historia de olvido con un Cardenio anciano al que seguimos su lucha por recuperar las memorias de su pasado en Santo Domingo, y un movimiento de coro orgánico, encajado como eficientes marineros o personajes del pueblo isleño, resumieron una producción digna de presentarse en cualquier teatro de primer nivel mundial.

Bravo por el rendimiento orquestal de la Orchestra Donizetti Opera, en manos de un Alessandro Palumbo de inspirado lirismo. Las secciones brillaron por méritos propios, los hermosos solos de las maderas, el ímpetu y ritmo medido de una historia que mezcla trama amorosa, ataques de locura, cinismo frente a la esclavitud y estallidos de trama bufa, dan un colorido orquestal del que Donizetti extrae un caleidoscopio maravilloso. Un trabajo musical-orquestal de gran calidad.

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En el reparto vocal los roles también estuvieron protagonizados por artistas que se sumaron al generoso nivel musical, empezando por el Cardenio de Paolo Bordogna. Un personaje complejo que tiene números y solos de un extraño atractivo y que marcan un protagonista que anticipa a los grandes barítonos verdianos del futuro. No en vano el primer Cardenio del estreno romano de la ópera fue un joven Giorgio Ronconi, quien ha pasado a la historia como el primer gran barítono de la lírica y que será el primer Nabucco de Verdi.

Bordogna se entregó a fondo a un personaje con muchas aristas y de una vocalidad camaleónica que ha de conjugar lirismo, pérdida de la razón y un toque bufo en su dúos con Kaidamà, por lo que su amplio espectro interpretativo exige un amplio registro vocal de una exigencia muy notoria.

Bordogna demostró estar en un estado de generosa madurez, dotando a su afamado nivel de barítono bufo, una solidez vocal y dramática de estimable solvencia. Homogeneidad de registro, carisma bien escanciado y un donaire como actor de gran peso hicieron de su Cardenio un puntal de la ópera.

A su lado la Eleonora de la soprano Nino Machaidze, debut en el Festival y en el rol, demostró las tablas y la versatilidad de una artista convincente en un momento vocal ideal para este personaje. Emisión y potencia sin estridencias, fraseo paladeado y su renombrada teatralidad vocal resultaron perfectas en el engranaje musical de la ópera.

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Otro artista en un grado de madurez óptimo de su carrera fue el tenor argentino Santiago Bellerini, quien sacó oro de sus dos exigentes y endemoniadas arias. Agudos de generosa emisión, fraseo lleno de colores e intención y una expresividad belcantista plena de estilo y nobleza dieron a su canto un triunfo personal que fue recibido con grandes bravos por el público al final de la ópera.

El barítono Bruno Taddia fue un Kaidamà camaleónico vocalmente, de tesitura algo irregular en sus colores y emisión. Sin embargo, su estilo bufo de gran efectismo teatral y una desenvoltura escénica perfecta lo convirtieron en otro protagonista clave para el éxito de la función. Impecables los dos secundarios, el Bartolomeo del tercer barítono del reparto, un Valerio Morelli, de timbre robusto y bien colocado, junto a su hija en la ficción, la Marcella de la soprano Giulia Mazzola, pizpireta, resulta y vocalmente segura y sonora.

Una función donde todo cuadró, para una ópera de hermoso contenido teatral, dramático y musical que debería ser más conocida y repuesta en el siempre previsible panorama lírico mundial.

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