© Toni Bofill
A medio gas
Barcelona. 23/11/2025. Gran Teatre del Liceu. Donizetti: L´elisir d´amore. Filipe Manu (Nemorino). Serena Sáenz (Adina). Ambrogio Maestri (Dulcamara). Huw Montague Rendall (Belcore). Anna Farrés (Giannetta). Mario Gas, dirección de escena. Diego Matheuz, dirección musical.
El Gran Teatre del Liceu ha vuelto a apostar por la ya clásica producción de Mario Gas para L´elisir d´amore de Getano Donizetti. Se trata de una propuesta amable, grata y vistosa, con un aire de clásico imperecedero que ciertamente justifica sus ya numerosas reposiciones. No hay en la mirada de Gas grandes alardes intelectuales, no le busca tres pies al gato; simplemente hay teatro bien ejecutado y eso, en ocasiones, ya es mucho.
En lugar del previsto Javier Camarena, quien se vio forzado a cancelar a última hora por una indisposición, escuchamos como Nemorino al tenor neozelandés Filipe Manu, quien se alzó con el primer premio en el Concurso Viñas de 2024. Voz modesta y actor plausible, se esforzó por cantar con gusto aunque el timbre es, ya digo, limitado en proyección y en riqueza tímbrica.
En su debut como Adina la soprano Serena Sánez dejó una sensación agridulce. Grácil y desenvuelta en escena, seguramente este el rol se ajusta mejor a los medios de una lírica pura que a su instrumento de soprano ligera -no en vano ha compaginado el tramo final de los ensayos con una sustitución de última hora como Olympia en Los cuentos de Hoffmann, en Berlín-. Sea como fuere, con sus medios Serena Sáenz da la impresión de apostar por una Adina más displicente que tierna, un punto insolente en su relación con Nemorino, y lo cierto es que la voz no terminó de carburar hasta el segundo acto, donde dejó muestras de un canto más desahogado y acorde a las costuras belcantistas de esta partitura.
Intérprete carismático, voz mayúscula, el barítono Ambrogio Maestri no es un fino belcantista y sin embargo fue, a buen seguro, el cantante más esmerado de la velada. Con un Dulcamara teatralísimo Maestri se metió al público en el bolsillo, especialmente con su interpretación postrera desde el patio de butacas, a modo de ‘da capo’ tras los aplausos, en un truco tan fácil como brillante de la producción de Mario Gas. Huw Montague Rendall fue un Belcore bien compuesto, de esmerada resolución vocal y plausible vis cómica. Y Anna Farrés cumplió en sus breves intervenciones como Giannetta.
Correcta, a lo sumo, la dirección musical del venezolano Diego Matheuz, quien pecó de cierto exceso de decibelios en algunas páginas, adoleciendo también de una concertación algo albortada aquí y allá. Extrajo, al menos, un sonido compacto y bien hilado del foso del Liceu. No cabe decir lo mismo en este caso del coro del Teatre, falto de empaste en numerosas ocasiones.
Fotos: © A. Bofill