© Javier del Real | Teatro Rea
Barroco deslumbrante
Madrid. 19/02/2026. Teatro Real. Georg Friedrich Händel: Giulio Cesare in Egitto (versión de concierto). Jakub Józef Orliński (contratenor, Giulio Cesare), Sabine Devieilhe (soprano, Cleopatra), Beth Taylor (mezzosoprano, Cornelia), Rebecca Leggett (soprano, Sesto), Yurly Mynenko (contratenor, Tolomeo), Alex Rosen (bajo, Achilla), Marco Saccardin (barítono, Curio) y Rémy Brès-Feuillet (contratenor, Nireno). Il Pomo d’Oro. Dirección musical: Francesco Corti.
Esta noche de Händel en versión concierto prometía ya desde el cartel, al contar con un elenco envidiable para cualquier teatro, que incluye algunas de las mayores figuras del canto actual. Aun así, las expectativas se vieron superadas en una velada deslumbrante que supuso un auténtico festival de exhibición vocal y emotividad dramática. Puro barroco.
Sabine Devieilhe hace honor a su fama y a su estatus de estrella como soprano de coloratura. Su actuación es ejemplar vocal y emocionalmente. Esa cualidad liviana de su voz no impide que su emisión llene la sala; fascinan las agilidades en el tercio alto, elegantes y siempre bien colocadas. Controla también los registros teatrales y convence dramáticamente con el ímpetu del primer acto, el lirismo seductor del segundo y el lamento conmovedor del tercero. La soprano nos regaló algunos momentos mágicos: picados cincelados a base de brillo, o ese pianísimo flotante, sostenido, casi eterno, con el que, con una sensación de tiempo detenido, cerró el segundo acto.

Jakub Józef Orliński es uno de esos pocos cantantes que ha conseguido trascender el mundo de la lírica para interesar y atraer a otras audiencias – lo invitan hasta en La resistencia. Su carisma como personaje público se desplegó sobre las tablas del escenario con un atractivo de trazo clásico, propio de una estrella del Hollywood dorado. La emisión, además, presume de un apuesto timbre, alejado de la artificialidad de otros contratenores. Encarna un Giulio Cesare heroico y orgulloso, tal como el papel demanda. Sus recitativos son tan atractivos como sus arias. Sorprende especialmente la facilidad con la que migra al registro grave manteniendo homogeneidad en la emisión. La línea de canto es fluida, y domina tanto las dinámicas (preciosos messe di voce) como las inflexiones en un fraseo que seduce. Algo más incómodo en las agilidades de su primera intervención, a partir del segundo acto acabó imponiéndose también en esta vertiente técnica.
En el mismo nivel extraordinario estuvo la mezzo Beth Taylor en el papel de Cornelia. Posee una vocalidad poderosa, oscura, precisa y sin rastro de vibrato. Su actuación se entrega al registro del lamento con comodidad y convicción. Destaca una muy sólida zona media y grave y una intención trágica que, apropiadamente, huye de florituras en los da capo, haciendo que las variaciones de la repetición discurran por senderos puramente emotivos. También sobresaliente fue la actuación del americano Alexander Rosen en el papel de Achilla. La suya es una voz de verdadero bajo, que irradia una nobleza y una autoridad inquebrantable. Resuelve incluso la casi imposible ecuación de dominar con comodidad florituras y pirotecnias en un rango vocal profundo.

En un nivel de calidad casi igual de alto, hay que destacar también la actuación de la mezzo Rebeca Olvera en el papel de Sesto. Una interpretación ortodoxa y sin fallas, aunque se echaron de menos momentos de mayor excelencia emotiva. El Tolomeo del ucraniano Yuriy Mynenko funciona bien como villano, a través de un histrionismo medido y una acidez en el timbre que contrasta con la del protagonista. Impresiona en su ataque al registro agudo por firmeza y afinación.
Aplauso sin paliativos también para la orquesta Il Pomo d’Oro, dirigida por Francesco Corti. Ofreció una interpretación históricamente informada llena de vida y energía. Desde la obertura, la música pareció elevar al público y a los cantantes con ritmos danzantes y nervio contagioso. Se pudo percibir claramente el trabajo concienzudo del equipo en una obra que domina: una flexibilidad en los tiempos delicada y apropiada, siempre al servicio del matiz para el lucimiento vocal.
Cuando, a la salida de una representación, el público tararea sus temas, es que algo se ha hecho bien. Tras una noche así, uno abandona el teatro con el alma y los oídos revitalizados, con la certeza de haber asistido a una representación redonda y con la fantasía —y el deseo— de poder disfrutar pronto de este mismo elenco, pero esta vez abrazados por una producción escénica.

Fotos: © Javier del Real | Teatro Real