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No a la guerra

Baden-Baden. 3/4/2026. Festspielhaus. Britten: War Requiem. Irina Lungu (soprano), Bogdan Volkov (tenor) Matthias Goerne (barítono) Coros:  Czech Philharmonic Choir de Brno y Philharmonia Chor Wien, Cantus Juvenum Karlsruhe. Mahler Chamber Orchestra. Joana Mallwitz, dirección musical. 

Este eslogan, tan de actualidad desgraciadamente en estos momentos, no es un invento de este siglo sino que refleja el sentir de una parte importante de la sociedad desde finales del XIX. Ante la debacle de la Francia del III Imperio y los aires belicistas de la Alemania de Bismarck, un grupo de intelectuales empezó a crear movimientos que instaban a abandonar los enfrentamientos armados como forma de evitar los conflictos entre las naciones. Se dieron cuenta de que eran las élites políticas y económicas y un pueblo lleno de prejuicios al que se podía manipular los  que llevaban a distintos países a enfrentamientos de los que nadie saldría bien parado. Estos movimientos pacifistas aumentaron su escasa fuerza en el periodo de entreguerras. El compositor Benjamin Britten y el tenor Peter Pears fueron algunos de los intelectuales ingleses que se oponían a la política belicista y abandonaron Reino Unido con rumbo a Estados Unidos. Fueron criticados e incluso acusados de traidores pero no fue hasta 1942, ya establecida la relación de pareja de los dos músicos, cuando volvieron a su país. Tuvieron que cumplir algunas labores no bélicas por su condición de objetores de conciencia pero se incorporaron a la lucha por que la vida de sus compatriotas fuera lo menos dura posible. Hago este prólogo para poner en situación la creación por encargo de la obra que nos ocupa: War Requiem (el Réquiem de guerra) de Benjamin Britten. 

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En la terrible noche del 14 de noviembre de 1940, el fuego cayó del cielo sobre Coventry, Inglaterra, en forma de bombas incendiarias lanzadas por aviones alemanes. El centro de la ciudad quedó destruido, incluida gran parte de la antigua catedral. Cuando se le pidió a Benjamin Britten que compusiera una obra para la inauguración de la nueva catedral de Coventry en 1962, él creó el War Requiem, dedicado a cuatro de sus amigos muertos en la Segunda Guerra Mundial. Su idea musical fue yuxtaponer lo antiguo y lo nuevo utilizando el texto tradicional de la Misa de difuntos en latín y la poesía antibélica del soldado-poeta Wilfred Owen, que murió en la Primera Guerra Mundial. La obra se sostiene en tres fundamentales pilares: La misa latina, los coros y la soprano solista y la poesía de Owen con la orquesta de cámara y los cantantes masculinos.

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Primeramente, las imágenes de Cristo en la misa en latín como Juez santísimo, por un lado, y como Salvador misericordioso, por otro, suscitan desesperación y luego esperanza. En la poesía de Owen, las imágenes de la guerra expresan también desesperación y la esperanza que surgen de la experiencia del soldado. A veces, las palabras de Owen subrayan y se funden con las de la misa en latín, como en el «Lacrimosa». En otras ocasiones proporcionan un contraste irónico, sobre todo tras el exuberante «Sanctus». Britten intensifica el impacto emocional de estas imágenes con su música. El coro y la soprano solista con la orquesta representan a menudo a la humanidad en su miedo, su falso orgullo y su búsqueda a tientas de ayuda. Un coro de niños con órgano suele cantar textos de esperanza e inocencia, y el tenor y el barítono con orquesta de cámara cantan la poesía de Owen y a menudo representan a los combatientes. El resultado es una obra monumental, inquietante y esperanzadora a la vez, claramente britteniana porque podemos escuchar temas de diferentes obras del autor, como la referencia a Billy Budd, claro ejemplo de personaje operístico amante de la libertad.

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Llevar este gran barco a puerto no resulta fácil y hay que agradecer su programación al Festival de Pascua de Baden-Baden. A nivel general el resultado de esta función fue correcto pero sin impactar como debiera. Hubo un esfuerzo de todos para que la obra resultara brillante pero, personalmente, no sentí la emoción y el pasmo que me suele producir este canto a la paz. Joana Mallwitz lo dio todo para empastar coros, solistas y orquesta (general y de cámara) pero era un buen vestido al que, desgraciadamente, se le veían las costuras. No hubo una continuidad, un fluir de la música.

Creo que todo esto es producto, no de una falta de ganas ni de esfuerzo, sino más bien de familiarización con el lenguaje de Britten y sobre todo con la difícil partitura. Estoy seguro que todos los participantes lucirán más en posteriores interpretaciones y cuando, sobre todo, orquesta y directora, interioricen más la obra. A nivel técnico la Mahler Chamber Orchestra cumplió con creces. También lo hicieron los tres coros: el Philharmonischer Chor Brünn, Philharmonia Chor Wien y, sobre todo, el Cantus Juvenum Karlsruhe.

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De los tres solistas destacar a Bogdan Volkov, un tenor de timbre soberbio, perfecta proyección y elegancia en el canto. A buen nivel Irina Lungu como la soprano integrada en la parte digamos latina de la obra y cierta flojedad en el desempeño de Matthias Goerne, barítono de referencia durante muchos años pero que aquí se notó con cierto cansancio, voz poco audible y notas bajas casi inexistentes.

Una obra fundamental del siglo XX, de la defensa de la paz y de la maestría de Britten que no tuvo en esta ocasión una interpretación arrebatadora seguramente, insisto, por falta de maduración en la orquesta y en la dirección musical.

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Fotos: © Michael Bode