© Stuart MacDonald

Alemania en dos siglos

04/05/2026. Vitoria-Gasteiz. Auditorio del Conservatorio Jesús Guridi. Obras de J. S. Bach, R. Strauss y F. Mendelssohn. Werner Güra (tenor), Sophie Harmsen (mezzosoprano), Florian Boesch (barítono), Markus Volpert (bajo), Orfeón Donostiarra y Euskadiko Orkestra. Dirección musical: Alexander Liebreich.

Pocas veces hemos podido disfrutar de un programa más heterogéneo y al mismo tiempo tan acertado dentro del abono de la Euskadiko Orkestra que el que nos ocupa; J. S. Bach, F. Mendelssohn y R. Strauss son tres eslabones necesarios e imprescindibles para entender el desarrollo de la música que entendemos por clásica en Alemania y, por ende, en Europa. Se suceden estos compositores cronológicamente entre el final del siglo XVII y hasta la mitad del siglo XX y se nos muestran estéticas y formatos radicalmente distintos que, eso sí, se llega a entender cada uno de ellos desde el conocimiento de los predecesores.

Y desde el mismo formato pudimos vivir algo tan inusual como que la primera obra nos la ofrecieran doce músicos de la orquesta (seis violines, dos violas, violoncelo, contrabajo, oboe y harmonio) colocados en semicírculo, en pie, todos en torno a Alexander Liebreich y junto al bajo Markus Volpert para interpretar la Cantata nº 82, Ich habe genug, de Johann Sebastian Bach. Porque del genio de Eisenbach se suelen programar en los abonos sinfónicos los grandes oratorios y poco más, así que esta oportunidad era infrecuente y muy interesante. Y dicho sea de paso, la docena instrumental estuvo a un nivel superior con la lástima de que la voz escasa del bajo no acompañara a la interpretación de la cantata sacra, equilibrado en cierta forma por la brillante intervención del oboe, digna de reconocimiento. En cualquier caso, es de agradecer que se nos diera la oportunidad de escuchar una obra tan poco programada y que nunca está de sobra escuchar.

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Provocando un cambio de clímax absoluto, del Bach religioso y camerístico pasamos al Richard Strauss de gran orquesta en su Tod un Verklärung, TrV 158, op. 24, obra de finales del siglo XIX y que pasa por ser hoy uno de los poemas sinfónicos más significativos del compositor bávaro. Aquí, ante toda la plantilla, Liebreich mostró un gesto riguroso y acompañó a los músicos hasta levantar una versión notable. Todas las familias orquestales respondieron de forma adecuada y lo cierto es que este Strauss relativamente temprano se nos ofreció con precisión y meticulosidad.

El auditorio del Conservatorio Jesús Guridi es, lo recordamos, una sede eventual de la Euskadiko Orkestra en Vitoria-Gasteiz por las largas obras a las que está siendo sometido el Teatro Principal. Uno de los principales problemas que alberga la sede actual es el minúsculo espacio del escenario. De hecho, algunas obras sinfónicas ya plantean problemas para la masa orquestal y se decide la reducción de lamisma para poder trabajar en condiciones; así, le será fácil imaginar al lector que la presencia de un grupo coral multiplica el contratiempo. Y es que en este concierto repaso de la Alemania de doscientos años de música toda la segunda parte se dedicaba a una obra sinfónico-coral de Felix Mendelssohn, a saber, Die erste Walpurgisnacht, op. 60 para tenor, mezzo, barítono, bajo coro y orquesta.

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El Orfeón Donostiarra tiene casi todos los años su presencia asegurada en la temporada de la Euskadiko Orkestra y en este caso su presencia de la cantata de Mendelssohn era un especial aliciente para el abonado de la ciudad. En este caso apenas medio centenar de voces se apilaron en el breve lugar existente entre los últimos instrumentistas, viento metal, y la pared, estando incluso mal repartidos, con las mujeres bien diseminadas a la izquierda del espectador mientras los hombres se encontraban apilados en un terreno bastante más limitado. Tengo la seguridad que la plantilla orfeonística será mucho más amplia, como acostumbra, en el resto de escenario habituales, Euskalduna, Kursaal y Baluarte.

La obra de Mendelssohn no será de primer orden pero la entidad apostó por un cuarteto de nombre y renombre. Todos ellos tuvieron una breve intervención, porque los papeles son bastante limitados pero cada uno de ellos respondió de forma adecuada. El veterano Werner Güra fraseo con gusto y aún con un volumen limitado dijo sus frases con gusto y estilo. Muy interesante por potente y oscura la voz de Sophie Harmsen. Florian Boesch es un barítono de prestigio y aunque su tesitura no era la más cómoda, solventó con suficiencia sus dos intervenciones. Repitió Markus Volpert con las mismas limitaciones vocales aunque el tono imperativo y misterioso de su personaje se encontró más cómodo que e las frases piadosas y ligadas de la obra bachiana. Alexander Liebreich se creyó la obra, canto con coro y solistas y terminó convencióndonos que el cierre del concierto había estado a la altura de la primera parte.

En definitiva, un concierto original, interesante y a repetir en el futuro. Un concierto que nos enseñó, a través de estos tres ejemplos, la evolución de la música en el centro neurálgico de la misma cual es Alemania.

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Fotos: © Stuart MacDonald