Keenlyside_Life_Victoria_26_e.JPG© Elisenda Canals | LIFE Victoria 

Espíritu británico

Barcelona. 26/05/2026. Sant Pau Recinte Modernista. Ciclo Life Victoria “Combat del somni.  Obras de Gabriel Fauré, Erik Satie, Liza Lehmann, Samuel Colerige-Taylor, Johannes Brahms, Richard Strauss, Gustav Mahler, Reinaldo Hahn, Franz Schubert, Benjamin Britten, Cécile Chaminade, Jonathan Dove, Ivor Gurbey, Peter Warlock, George Butterworth y Francis Poulenc. Ellen Pearson, mezzo & Francesca Laura, piano. Simon Keenlyside, barítono & Malcolm Martineau, piano.

Estimulante recital final del ahora Ciclo LIFE Victoria, que este 2026 se ha consolidado y ha pasado de ser un Festival, a programar toda la temporada, este año bajo el lema “Combat del somni”.

En su linea habitual de promocionar jóvenes artistas, se presentó previa a la actuación estrella del barítono Simon Keenlyside, la mezzo británica Ellen Pearson, acompañada por la pianista Francesca Lauri. Ambas artistas del programa Young Artists Programme del Festival Oxford International Song Festival, que colabora con el LIFE Victoria como Partner International principal.

Pearson mostró un canto trabajado, de notable escuela, con atención especial al fraseo y una articulación cuidada, notable francés, con acentos expresivos de gran acierto comunicativo. Así fue desde la inicial Le papillon et la Fleur, donde mostró la melosidad de un timbre sano y flexible, con un encanto especial que aunó naturalidad en la emisión y seguridad técnica.

Si en lieder como el teatral Für fünfzehn Pfennige Op. 36 núm. 2 de Richard Strauss, su empatía con el texto fue refrescante, también supo dulcificar con gracilidad y encanto un Mahler como el de Rheinlegendchen de los Des Knaben Wunderhörn, donde hizo gala de una gran compenetración con el piano limpio y ortodoxo de Francesca Lauri.

Una voz de interesante color, versátil y llena de juventud tímbrica que cerró su programa con A charm of Lullabies. The Nurse’s Song, de Benjamin Britten, donde mostró de nuevo la delicadeza de su emisión, nunca forzada, y a la que le faltó solo dar más colores y matices. Un nombre a seguir y un agradable preludio al plato fuerte de la Liederabend posterior.

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Hablar de Simon Keenlyside, es hacerlo de uno de esos artistas, que en su dorad madurez, sigue mostrando la calidad de un cantante de gran carisma, una personalidad más allá de una voz, pues posee una expresividad física y comunicativa como pocos.

El barítono británico que este agosto cumplirá sesenta y siete años, acaba de triunfar como Golaud en la nueva producción de Pelléas et Mélisande de Debussy, firmada por Roméo Castellucci y con el rol debut de Sara Blanch como Mélisande en el Teatro alla Scala de Milán.

Desde el inicio de la Liederabend, con el Des Antonius von Padua Fischpredigt, afloró el artista implicado desde el primer segundo. Expresivo, física y teatralmente, dio una lección de cómo cantar y dar un sermón filosófico con su porte de actor británico shakespeariano.

Su Mahler es profundamente humano, sin cargas existenciales nihilistas, ni ese tormento interior que tantos otros le otorgan. Tiene una cercanía y un análisis expresivo de una sinceridad aplastante, como dictó en Revelge, o ese Um Mitternacht asfixiante, donde los fortes de un instrumento por el que el paso del tiempo ha castigado en harmónicos secos y tirantez en el registro agudo, fueron penalizados con la siempre complicada acústica de la sala Doménech i Montaner. 

Aún así, con un instrumento que ha perdido colores y ganado en sonidos fijos, su capacidad camaleónica a la hora de pintar las frases, dar acentos a las palabras, y sobretodo, sentir cada texto como una catarsis física, dejó al auditorio impactado con el Mahler que protagonizó toda la primera parte.

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A pesar de tener el atril a su lado durante todo el recital, que miraba de reojo alguna vez más que otra, Simon supo combinarlo con su enorme capacidad de comunicación. Keenlyside posee la maestría de los artistas que parecen cantar la verdad sin pretensiones, sin miedo al abismo del error, con una cercanía y humanidad desarmantes. Así fue como hizo salir a una de las regidoras con síndrome de down que colaboran con el LIFE, para sentarla a su lado mientras cantó The Night de Peter Warlock. Un gesto que no pareció nada impostado ni de cara a la galería, y que pasó con la naturalidad de un artista que convierte cada uno de sus gestos, en una concatenación orgánica de una manera de cantar y transmitir, como solo tienen las grandes personalidades del lied.

En la segunda parte, centrada en la canción inglesa de compositores que vivieron el periodo de entreguerras o que murieron en alguna de ellas, como George Butterworth, de quien se ofreció un bloque de ocho canciones, Keenlyside incidió en la humanidad de los textos, con un canto naturalista de una poesía emocional muy inglesa: When the Gad for Longing Sights, On the Idle Hill of Summer o With Rue My Heart Is Laden.

A todo esto, el piano extático y certero del maestro Malcolm Martineau, resonó con el lirismo justo y la expresión moldeada sobre la voz del barítono, como un halo musical donde la luz de las notas guió un programa donde ambos fueron uno.

El final de la Liederabend, con un pequeño bloque francés: Spleen Op. 51 Núm. 3 de Fauré, Le Disparu, C y Fétes galantes FP 86 de Poulenc y para cerrar Le Papillon et la Fleur, Op. 1 Núm. 1, regaló una lección de adecuación estilística, interiorización del discurso y ese savoir faire de un Maître de la chanson.de aire charmant con una elegancia british difícil de resistir.

El hecho que acabara el recital con la misma chanson con la comenzó el suyo la joven mezzo Ellen Pearson, dio una sensación de deja vú, para una escuela de canto, la británica, que forma parte esencial del mundo del lied. Aquí tuvo, en su juvenil propuesta y la de un profesional maduro y maestro, la mejor definición de una hermosa noche de canto hecho poesía y palabra.

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