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Fin del camino

Colonia. 4/06/2026. Kölner Philharmonie. Wagner: Götterdämmerung. Young Woo Kim (Siegfried), Johannes Kammler (Gunther), Daniel Schmutzhard (Alberich), Patrick Zielke (Hagen), Åsa Jäger (Brünnhilde), Sophia Brommer (Gutrune), Olivia Vermeulen (Waltraute), Jasmin Etminan (Erste Norn), Marie-Luise Dreßen (Zweite Norn), Valentina Farcas (Dritte Norn), Ania Vegry (Woglinde), Ida Aldrian (Wellgunde), Eva Vogel (Floßhilde). Dresdner Festspielchor der Richard-Wagner-Akademie. Chor der KlangVerwaltung. Dresdner Festspielorchester. Concerto Köln. Kent Nagano, dirección musical.

Fue hace casi diez años cuando Kent Nagano y el Dr. Kai Hinrich Müller se plantearon, más en broma que en serio, la posibilidad de poner en pie un Der Ring des Nibelungen completo ejecutado con criterios historicistas, pero no solo en el apartado orquestal sino centrado en "la reconstrucción de la práctica instrumental, vocal, lingüística y escénica de la época de Wagner”. De manera casi milagrosa, esa broma se hizo realidad y Nagano, al frente de la prestigiosa formación historicista Concerto Köln, inició la aventura en 2022 con Das Rheingold y siguió sucesivamente con Die Walküre y Siegfried. Ahora este proyecto llega al final del camino con Götterdämmerung, dejando el rastro de las cosas hechas a conciencia, con inteligencia y conocimiento. 

En las críticas aparecidas en Platea Magazine tanto del prólogo como de la primera jornada ya se comentan profusamente los parámetros estilísticos e instrumentales de la propuesta, pero también de sus limitaciones y problemáticas. En ese sentido, el pretendido e ideal equilibrio sonoro entre orquesta y voces difícilmente se puede conseguir en un Auditorio como el de la Köln Philharmonie con la orquesta en el escenario y los cantantes incrustados en ella. Más aún si, como en este caso, Concerto Köln está reforzado por la Dresdner Festspielorchester. Todo ello diluyó, inevitablemente, el impacto de la originalidad sonora, pero en ningún caso impidió asistir a un Crepúsculo de los dioses de esos que se recuerdan. El principal responsable, sin duda es el nuevo y flamante director de la Orquesta Nacional de España, Kent Nagano, alma mater del asunto.

Asistir a la representación en versión concierto de una obra de estas dimensiones temporales es interesante en el sentido de que permite ver la capacidad de concentración y el detalle en la dirección en una auténtica maratón. Nagano dominó, en todo momento, a la masa orquestal extrayendo de esta una claridad en las texturas que bebe claramente de los planteamientos analíticos de un Pierre Boulez. Pese a demasiados errores en las trompas y trompetas naturales, el rendimiento general del conjunto fue altísimo, interpretando a la perfección a dónde quería llegar el director angloestadounidense. Nagano utilizó, además, las características singulares de la sala para jugar con el elemento espacial, tanto con los metales como con la masa coral, unos magníficos Dresdner Festspielchor der Richard-Wagner-Akademie y Chor der KlangVerwaltung entre los que es necesario destacar la impresionante sección de tenores.

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En lo que respecta al apartado vocal es necesario destacar la revelación que supuso la Brünhilde de la joven soprano sueca Asa Jäger. En Platea Magazine ya se destacó, en su momento, su interpretación del mismo personaje en Die Walküre dentro de este mismo ciclo. Dos años después, en Götterdämmerung, esos elogios cabe elevarlos al cuadrado pues estamos ante una voz sana y joven con tintes claros de soprano dramática wagneriana. No sorprende, por tanto, que esté empezando ya a trabajar con batutas importantes y a ser cortejada por teatros punteros cuando, hace unos pocos años, formaba parte de la compañía de Coburg. Asa Jäger, además de la belleza del timbre, el volumen del instrumento y su notable proyección, demostró ser una cantante inteligente pues en ningún momento forzó en la franja central y grave, algo que ahora se puede interpretar como debilidad, pero que puede convertirse en fuerza en el futuro. Está claro que la dirección de Nagano le fue a favor en ese sentido, pero también que el instinto dramático se tiene o no se tiene, y Jäger demostró tenerlo haciendo crecer el personaje hasta la gran escena de la inmolación. Si en el dúo del Prólogo mantuvo un perfil bajo, a partir del segundo acto se vino arriba para acabar apoderándose de la función. Quien sabe si Birgit Nilsson, la gran soprano sueca, puede hallar una descendiente en esta joven soprano, pero lo que es seguro es que Jäger sigue al pie de la letra el principal consejo de su antecesora: lleva zapatos cómodos.

La otra baza importante en el éxito del final de este largo camino fue el Hagen de Patrick Zielke, el mismo cantante que, en su momento, encarnó a Hunding en Die Walküre dos años ha. No se trata de un bajo cavernoso, sino de un actor cantante con gran personalidad. Uno de los trazos característicos y, quizás, más transgresores de la propuesta de Nagano, es el retorno a los parámetros vocales y estilísticos que reivindicaba la gran soprano Wilhelmine Schröder-Devrient -quien protagonizó los estrenos de Rienzi, El holandés errante y Tannhäuser- frente a los derroteros que tomó el canto wagneriano en el siglo XX, obsesionado por voces oscuras, pesadas y potentes. Schröder-Devrient defendía la primacía de la palabra, la declamación expresiva, la continuidad entre hablar y cantar y la ausencia de lo que llamaba "bramido wagneriano" como el estilo genuino y ortodoxo. En ese sentido, quien siguió más a rajatabla esta línea fue Patrick Zielke. Su actuación cabe calificarla de teatral en el sentido más estricto de la palabra, Muchos de los pasajes tendieron más a la palabra que al canto, sin perder un ápice de musicalidad. Así, sólo con una mirada entre diabólica y burlona, con las manos permanentemente en los bolsillos, pero con acentos concretos, certeros y afilados construyó un Hagen memorable.

El tenor coreano Young Woo Kim completó el terceto protagonista con inteligencia y autoridad. La voz es suficientemente consistente sin ser especialmente atractiva, pero superó todos los escollos del rol con suficiencia, dejando para el tercer acto lo mejor de su canto. La escena del recuerdo de Brünhilde fue realmente conmovedora en el marco de una función que en aquel momento iba ya sobre ruedas. Otra grata sorpresa fue Sophia Brommer como Gutrune, un papel que a menudo queda ensombrecido por la envergadura del resto de personajes que la rodean. Brommer supo sacarle punta dramática gracias a una voz atractiva, pero sobre todo por su implicación emocional y capacidad expresiva. A buen nivel se mostraron también Johannes Kammler (Gunther) y Daniel Schmutzhard (Alberich), redondeando un elenco solista que solo mostró cierta debilidad, especialmente tímbrica, en la Waltraute de Olivia Vermeulen. El buen trabajo de las tres Nornas -Jasmin Etminan, Marie-Luise Dreßen y Valentina Farcas- y de las hijas de Rin - Ania Vegry, Ida Aldrian, Eva Vogel- contribuyó a llegar, con éxito apoteósico al final de este Der Ring des Nibelungen. El largo silencio que el público mantuvo al final de la función ante de estallar en aplausos y ponerse, unánimemente en pie, demostró que el largo camino había valido la pena.