© Zani Casadio
Entre lo seguro y lo arriesgado
Rávena, 14/06/26. Rocca Brancaleone. Ravenna Festival. 6ª Sinfonía, Farbenzeiten. Beethoven, Vivaldi-Sadikova. Jacopo di Gennaro (oboe), Luca Dondi (violoncello), Daniel Enrique Ibarra (trompeta), Tommaso Scopsi (percusión). Orchestra Giovanile Luigi Cherubini. Kent Nagano, director.
Uno de los platos fuertes de esta edición del Ravenna Festival era el concierto en el auditorio al aire libre de la Rocca Brancaleone de la Orchestra Giovanile Luigi Cherubini dirigida por Kent Nagano, el nuevo director de la Orquesta Nacional de España. Siguiendo la senda del homenaje que este año se rinde a San Francisco de Asís en la conmemoración de los 800 años de su muerte, el programa tenía un aire campestre, de exaltación y amor a la naturaleza que con frecuencia unimos al santo de Asís. La Sinfonía nº 6 “La Pastoral” es, de las sinfonías de Ludwig van Beethoven, la que más nos acerca al mundo de la naturaleza y a la vida rural. No hay más que ver el título de los cinco movimientos de los que consta (rompiendo, por cierto, la clásica división de cuatro tiempos en una sinfonía). El primero, Allegro ma non troppo, lo titula Despertar de impresiones alegres al llegar al campo. El segundo, Escena al borde del arroyo. El tercero, Reunión alegre de los campesinos; el cuarto Tormenta, tempestad; y el quinto, Canto de los pastores, sentimientos de contento y de gratitud después de la tormenta. Como se ve, toda una declaración de amor a lo natural y a la vida en el campo.

Nagano optó por una lectura muy académica, claramente expositiva, sobre todo en los dos primeros movimientos, pero sin que hubiera pasión o alegría, la dirección era correcta pero sin garra. Además el sonido de la Luigi Cherubini tampoco era demasiado brillante, sobre todo en la cuerda, era oscuro. Sé que estas orquestas juveniles tienden a aumentar el número de músicos por familia, y esto a Beethoven me dio la sensación que no le sentaba bien. Se perdía ligereza campestre y había cierta pesadez. Poco a poco la lectura cambió, como si el director norteamericano hubiera estado tanteando la partitura (que conocerá sobradamente) para luego ya, coger velocidad de crucero y conseguir que los tres últimos movimientos tuvieran mayor entidad y encanto. Podríamos decir que Nagano jugó a lo seguro y le salió algo correcto pero sin emoción.

Todo lo contrario que la otra composición del programa. Aziza Sadikova es una compositora uzbeko-alemana bien conocida en el mundo germánico y anglosajón. En 2024 se estrenó en Berlín Farbenzeiten, Las cuatro estaciones de Vivaldi reimaginadas. La obra está dedicada a Kent Nagano y él fue quien la dirigió por primera vez. El Ravenna Festival presentaba por primera vez en Italia la composición con el mismo director. La obra, la colección de conciertos barrocos más conocida de la historia es, como dice su subtítulo, reinterpretada. El oyente reconoce perfectamente la música, pero también se van apreciando distintas intervenciones sonoras fuera de guión, que marcan un pasaje o lo distorsionan, le dan otra visión. Cada concierto está condensado en un solo movimiento y tiene un instrumento protagonista. Este es el mayor acierto de Sadikova pues consigue algo realmente importante ante el reto de enfrentarse a Las estaciones, que el público entre en su lenguaje, acepte las intervenciones que la compositora hace y que al final comprenda que una obra tremendamente clásica puede ser base de una nueva composición.

Nagano estuvo mucho más cómodo con la arriesgada obra que le fue dedicada que con Beethoven. Su posicionamiento con la creación contemporánea es bien conocido y se notó en la manera de dirigir y de transmitir a la orquesta su entusiasmo. Todo sonó más encajado, con mejor engranaje entre batuta y atril. Como decía, el hecho de que cuatro instrumentos se hagan cargo de cada uno de los conciertos y que pueda lucirse un solista con un trabajo exquisito de virtuosismo es todo un acierto. Los instrumentos son el oboe (primavera), el violonchelo (verano), la trompeta (otoño) y la percusión (invierno). La parte de oboe y violonchelo es más clásica, con menos riesgos. En el otoño y, sobre todo, en el invierno, el riesgo es mayor, la intervención de la compositora más clara y decidida y el resultado, estupendo. Los solistas fueron cuatro jóvenes de gran talento que recibieron calurosos aplausos al final de la obra: Jacopo di Gennaro al oboe, Luca Dondi al violonchelo, Daniel Enrique Ibarra con la trompeta y un espectacular Tommaso Scopsi en la percusión. El único pero que pondría a la propuesta de Sadikova es la amplificación. Es una técnica traicionera y más en un espacio abierto, y no aporta nada al resultado final de la obra.

Foto: © Zani Casadio