© Zani Casadio
La virtud de la diversidad
Fundado en 1990 por Cristina Mazzavillani Muti, el Festival de Ravenna es una rara avis en el panorama de los festivales europeos que se desarrollan en la primavera/verano de cada año. Esta diferenciación viene dada por su amplitud de espectáculos, con una programación que abarca todos los lenguajes artísticos, desde la música sinfónica hasta la de cámara, desde la ópera hasta el teatro, desde la danza hasta los musicales, desde el jazz hasta las músicas del mundo. Esto hace que muy diferente público acuda a sus propuestas y que no esté cerrado a unos espectadores concretos. Hay también que destacar su proyección para toda la zona de influencia de la ciudad, pues los espectáculos no se circunscriben a Rávena ya que hay otras localizaciones cercanas. Digamos que es un festival volcado especialmente en el público de la región, que busca que ese público no solo acuda a espectáculos que presentan ofertas que ellos conocen sino también (dado lo asequibles de los precios) “curiosear” en otros mundos artísticos que le son más ajenos. Y es que las propuestas son de gran interés, primando la calidad a la espectacularidad de un nombre, aunque por aquí, por solo hablar de este año, han estado o estarán presentes nombres como el de Riccardo Muti, gran valedor del Festival, Anne Sophie Mutter o Kent Nagano.
Este artículo es la constatación, después de varios años acudiendo a Rávena, de la valentía y el trabajo que lleva programar ochenta y cinco espectáculos durante el Festival (y muchos días hay más de uno, hasta llegar a sobrepasar las cien funciones) desde finales de mayo hasta bien entrado julio, además de la llamada Trilogia d’autunno, donde se presentan tres obras, relacionados con la ópera, en el Teatro Alighieri de la ciudad. Para todo ello se cuenta con dos directores artísticos, Angelo Nicastro y Anna Leonardi, y un equipo que se esfuerza para que todo este complicado entramado funcione. En esta edición he elegido cuatro propuestas en las que se mezclan la afición y la curiosidad. Un plus añadido que tienen algunos conciertos del Festival son los lugares donde tienen lugar. Rávena alberga ocho monumentos declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Contemplar un espectáculo de música vocal en la basílica de San Vitale o, como en este año, en Sant’Apollinare in Classe, con los maravillosos mosaicos bizantinos que conservan, es una experiencia que no se olvida.

Un día de Navidad
Rávena, 11/06/26. Ravenna Festival. Basílica de Sant’Apollinare in Classe. Obras de Bach, Hassler y Vopelius. Le Poème Harmonique. Vicente Dumetre, director.
Le Poème Harmonique es un conjunto francés, dirigido por Vincent Dumestre desde que lo fundara en 1998, dedicado a la interpretación de la música de los siglos XVI y XVII. Se presentaba en el Festival con una propuesta muy interesante: la reconstrucción del programa litúrgico con el que Johan Sebastian Bach presentó por primera vez su famoso Magnificat BWV 243a el 25 de diciembre de 1723 en la iglesia de Santo Tomás de Leipzig, y que incluía también la cantata BWV 63, de tema navideño, Christen, ätzet diesen Tag, "Cristianos, grabad este día". El Magnificat sufrió posteriormente varios cambios y supresiones para desvincularlo de las celebraciones navideñas y poderse interpretar todo el año. Esta versión se estrenaría en julio de 1733 y es la más conocida en la actualidad. El planteamiento del concierto fue una representación sin pausas y sin aplausos en la que un acertado juego de luces y un movimiento fluido del coro y los solistas permitió una manera muy particular y especialmente emocionante de oír esta maravillosa música, en la que se incluían dos pequeñas obras de dos antecesores de Bach: Hans Leo Hassler y Gottfried Vopelius. Dumestre dirigió de una manera concisa, sin acelerar innecesariamente los tempi, dejando que la música fluyera por la maravillosa Basílica de Sant’Apollinare in Classe y pudiéramos apreciar la belleza de las obras, la conexión precisa y absorbente entre voz e instrumento musical que caracteriza el trabajo de Bach. Los solistas tanto vocales como instrumentales tuvieron grandes intervenciones, aunque destacaría las de Adrien Mabire con el cornetto, Gabriel Pidoux con el oboe y el gran trabajo al órgano positivo de Lucie Chabard y de la primer violín Rozarta Luka. Fue un concierto de esos que siempre se recuerdan.

Geometría
Rávena, 12/06/26. Ravenna Festival. Palazzo Mauro de André. Espectáculo de danza: Murmuration, level 2. Trex_Beatmaket (música). Horatio (producción). Sadeck Berrabah (correografía).
Murmuration level 2 es un espectáculo creado por Sadeck Berrabah y que ha recorrido muchas partes del mundo. El planteamiento inicial de Berrabah es la geometría, las distintas formas que se pueden crear, sobre todo con el movimiento de los brazos como eje fundamental de la coreografía. El efecto visual es desde el principio impactante, y es de admirar la coordinación precisa de los más de treinta bailarines que participan creando realmente cuadros geométricos que van cambiando como las hipnóticas bandadas de estorninos, una de las acepciones de la palabra inglesa murmuration que da nombre al espectáculo. Bajo la también casi minimalista, por lo repetitiva, música del compositor francés Trex_Beatmaket de claro origen tecno, la evolución de la coreografía pasa por distintas etapas: desde las figuras creadas por grupos pequeños de bailarines (quizá lo más atractivo del espectáculo) hasta la aparición del trabajo y baile con las piernas y el resto de cuerpo. Hay momentos que recuerdan al hinduismo, otros a la natación sincronizada y otros que nos llevan a una desenfrenada discoteca del Berlín oriental, o a la danza urbana más genuina. Hay un gran trabajo de coordinación pero se echa de menos un mensaje más rotundo, una intención más profunda, más allá del alarde técnico, por muy admirable que este sea. El público, muy receptivo, siguió con interés y entusiasmo la propuesta y participó alegremente en una clase de sencilla coreografía que casi al final dieron dos de los bailarines.

La voz, base de la liturgia
Rávena, 13/06/26. Ravenna Festival. Basílica de Sant’Apollinare in Classe. Obras de Pärt y Canto Gregoriano. Vox Clamantis. Jaan-Eik Tulve (dirección).
Esta edición del Festival está dedicada a San Francisco de Asís ya que se celebran los ochocientos años de su muerte. Hay varios detalles de la programación que hacen referencia a esta dedicatoria. En el espectáculo Murmuration se habla de los pájaros y se relaciona con el amor de San Francisco a los animales. En el concierto del conjunto estonio Vox Clamantis se hace también palpable esta relación con la espiritualidad a través de la obra de Arvo Pärt. La obra del famoso compositor, también nacido en Estonia, puede considerarse marcada por la universalidad pero también por una impronta nacionalista, de rebeldía hacia las imposiciones del régimen soviético y, en su versión religiosa, por no circunscribirse a una creencia en concreto sino a lo espiritual como base que trasciende fronteras y religiones. De hecho el título del concierto, And I Heard a Voice, es el del disco que el año pasado lanzó Vox Clamantis con motivo del noventa cumpleaños de Pärt, con el que mantiene más de veinticinco años de colaboración.
En el programa que escuchamos en la Basilica di Sant’Apollinare in Classe se escucharon obras que demuestran las influencias que recibe el compositor, que van del canto gregoriano a la creación contemporánea; de su pasión por la liturgia católica (ahí están las Siete antífonas sobre el Magnificat), la ortodoxa (con la obra Prayer to the Holy Trinity, dedicada a la monja Varvara, madre superiora del primer convento ortodoxo fundado en Estonia), pero sobre todo por su devoción luterana. La obra que da título al concierto (y al disco que comentábamos) es un homenaje al arzobispo evangélico luterano Konrad Veem, luchador nacionalista y amigo de Pärt, La composición se basa en versículos del Libro del Apocalipsis tomados de la traducción de la Biblia al estonio realizada por Harald Põld. Curiosamente Y oí una voz (2017) fue un encargo de la Universidad de Salamanca y del Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM) con motivo del 800 aniversario de la Universidad de Salamanca.
La interpretación de los doce componentes de Vox Clamantis, que dirige con excelencia desde su fundación Jaan-Eik Tulve, revela la íntima relación que hay entre el grupo y el compositor. El juego de voces y volúmenes nos eleva (y más en el marco de la hermosa basílica bizantina) a un mundo donde el espíritu es la clave de la existencia, la razón de ser de la música y, por ende, del hombre. Cada componente del coro es un solista, cada uno de ellos demostró una profesionalidad y una entrega absoluta y el concierto fue un auténtico éxito. Los aplausos surgieron poco a poco al final del programa, como si a muchos de los oyentes les costara volver de quién sabe dónde.

Fotos: © Zani Casadio