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Tristán a la francesa

Hamburgo. 10/01/2016. Staatsoper. Debussy: Pelléas et Mélisande. Phillip Addis (Pelléas), Karen Vourc´h (Mélisande), Marc Barrad (Golaud), Wolfgang Schöne (Arkel), Renate Spingler (Geneviève), Stanislav Sergeev (Médico), Jonas Hübner (Yniold). Dirección de escena: Willy Decker. Dirección musical: Kent Nagano.

Desde el pasado año 2015 Kent Nagano (1951, Berkeley, California) es el director musical de la Staatsoper de Hamburgo, sucediendo a Simone Young, y en el que es su primer cargo tras agotar la titularidad que ostentó en la Bayerische Staatsoper de Múnich desde 2006 y hasta 2013. Pudiera parecer que su presencia en Hamburgo tras el gran podio de Múnich y con la Ópera de Lyon como precedente es un paso atrás. Y quizá en cierto modo lo sea; pero no es menos cierto que con ello asume Nagano sobre sus hombros un reto evidente para la institución de Hamburgo, que no es otro que el de la internacionalización, elevando el nivel de sus versiones musicales y contando con la presencia cada vez más frecuente de solistas de primer nivel, algo poco frecuente en este teatro que vive sobre todo de las fuerzas de su ensemble estable.

Nagano es uno de esos maestros que se han ido haciendo un hueco en la historia de la música sin estruendos, cultivando un repertorio amplio, con parcelas que le son especialmente afines. Sin duda ese es el caso de la música francesa de finales del XIX y principios del XX. De modo que asistir a su versión musical de Pelléas et Mélisande tenía un gran interés. Es curioso que no hiciera esta obra en Múnich, donde en cambio el pasado verano se estrenó una fallida nueva producción con la firma de Christiane Pole y con Constantinos Carydis a la batuta. Sea como fuere, en el Pelléas que nos ocupa la primera impresión sobresaliente vino precisamente desde el foso, con un sonido pulcro, exacto, terso y volcado en un fraseo que era lo más parecido a una marea que sube y baja meciendo a quien la escucha. Esa liquidez del fraseo de Nagano convirtió la representación casi en un encuentro con la naturaleza, como si la música de Debussy hubiese asumido la forma de un elemento natural, amalgama de agua y aire, fluyendo sin cesar en un juego dinámico que no dejaba de sorprender.

Así las cosas, lo más sobresaliente de todo fue la sensación de que Nagano estaba determinado a incardinar la partitura en las coordenadas que van de Wagner a Messiaen, con Debussy como hilo conductor. De ahí que esta versión musical hiciera justicia verdaderamente a esa idea de Pelléas et Mélisande como una suerte de Tristán francés. Contemplativo, meditado e incluso meditabundo, de horizontes parsifalianos, de resonancias metafísicas aunque nunca plúmbeo, así sonó este sobresaliente Pelléas.

En escena, una vez más, la producción que Willy Decker estrenase allí mismo como apertura de la temporada de 1999. Un trabajo con solera, que por lo general no ha perdido vigencia. Partiendo de la escenografía única de Wolfgang Gussmann, un espacio circular en torno a una fuente que se reiventa a cada escena, Decker acentúa sobre todo el carácter de cada personaje con pequeños gestos, alusiones y sugerencias, como una gran manzana que sugiere la tentación a la que sucumben Pelléas y Mélisande. La fina iluminación de Hans Toelstede y el atinado vestuario del propio Gussmann rematan este trabajo que posee en su conjunto una indudable belleza plástica y una poesía singular, que demuestra un uso inteligente del espacio como elemento comunicativo.

Del discreto equipo vocal cabe rescatar el buen hacer de Marc Barrad como Golaud y de Philipp Addis como Pelléas. El primero acusa cierta fatiga conforme avanza la representación, pero mostró un dominio consumado del singular declamado de esta partitura, con una dicción impecable y con un compromiso escénico digno de elogio. No posee unos medios exuberantes, pero sí suficientes para resolver la parte con bastante más que dignidad. Philipp Addis es un joven barítono canadiense de medios líricos, implicación entusiasta y exacta adecuación al estilo. Ya había interpretado esta parte en Londres (Proms, 2012, con Gardiner) París (Opéra Comique, 2014) y en Dresde (2015). 

El Arkel de Wolfgang Schöne se sostuvo más por su línea de canto que por sus mermados medios. Aunque voluntariosa, a la Melisánde de Karen Vourch´h le faltó adecuación estilística, amén de unos medios con más color y una técnica más depurada, quedando en suma lejos de convencer con su parte. Sonora y prometedora la voz del joven Stanislav Sergeev en la breve parte del médico que atiende a Mélisande. E irreprochable la voz blanca de Jonas Hübner como Yniold, bien desenvuelto asimismo en escena.

 

 

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