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YujaWang Auditori MayZircus 

Espectáculo

Yuja Wang plantea su carrera con una clara inclinación hacia el show bussiness. La pianista china, a la que nadie discute el talento y un nivel técnico descomunal, busca atraer a sus conciertos a un público que se mueve más por impactos de marketing que por intereses estrictamente musicales. En sí, eso no es necesariamente negativo e incluso puede considerarse positivo si abre las puertas de los auditorios a nuevos públicos, pero lo empieza a ser cuando el producto no está suficientemente cuidado, tiende a la superficialidad o al culto a la figura de la pianista.

Yuja se presentó en el Auditori de Barcelona con su entourage promocional y visual habitual, acompañada por la excelente Chamber Orchestra of Europe presentándose como directora y solista. Lo primero fue, claramente, una boutade. Yuja Wang apenas marcó, de modo aproximativo, un par de entradas con gesto vago e inconcreto. En la primera obra que interpretó, el Concierto para piano nº 1, de Ludwig van Beethoven, esto provocó más dudas que seguridad en un conjunto instrumental que se había mostrado mucho más solvente en la obra que abrió el concierto, la Obertura La bella Melusina, de Félix Mendelssohn.

Si bien la obra de Mendelssohn, al igual que la suite de Sueño de una noche de verano que abrió la segunda parte, requieren claramente de la figura del director (Mendelssohn fue, precisamente, uno de los primeros grandes directores de la historia), el culto a la diva, o en este caso a sus caprichos, privó a la orquesta de unos resultados más satisfactorios. La orquesta lució color, temperamento y calidad en todas las secciones, pero conseguir el equilibrio deseado tanto a nivel sonoro, discursivo y de coordinación sin director, aunque el concertino sea tan competente como Lorenza Borrani, es arduo difícil y ambas obras se resintieron de ello.

Obstáculos que surgieron, aún más acentuadamente, en el Concierto de Beethoven y muy especialmente en un primer movimiento falto de tensión y de sonido, a pesar de un piano completamente descubierto. Beethoven, como Mozart, pone al descubierto todas las virtudes y limitaciones de un pianista. En ambos autores el exhibicionismo es irremediablemente castigado, así como las limitaciones en el juego de tensiones puestas en evidencia. Todo ello afloró en esta discreta versión del primer movimiento. La cosa mejoró en el segundo debido a que el aparato y el discurso orquestal tienen menos presencia y Wang pudo lucir la sutileza en el toque y el fraseo seductor que le conocemos y que la ha hecho famosa junto a su alucinante virtuosismo.

Y este virtuosismo es el que apareció en la segunda parte con el Andante spianato y Gran polonesa brillante, de Chopin, obra mucho más acorde a las cualidades de la pianista, quien la culminó de modo espectacular. Y sobre todo en los inacabables bises con los que la pianista obsequió a su parroquia, ya rendida de antemano. Fue como una tercera parte del concierto y, sin duda, la más satisfactoria pues, en ella, Wang expuso sus cualidades sin filtros ni pretextos. Espectáculo en su máxima potencia con versiones y variaciones sobre Carmen, de Bizet, Schubert, Rachmaninov y hasta standards de musical americano.

Un último comentario sobre el público de Barcelona. En una semana, la Ciudad Condal se ha permitido el lujo de poder disfrutar de Barenboim, Wang y la Filarmónica de Viena con Dudamel al frente, conciertos a los que he tenido la fortuna de poder asistir y que, sin duda, sitúan a la ciudad en el circuito de los grandes nombres de la clásica. En todos ellos la actitud del público ha sido problemática y ha supuesto un obstáculo para el buen desarrollo de la velada. Suficientemente comentado fue el conflicto con Barenboim, pero en el concierto de los Wiener los aplausos entre movimientos y toses inacabables estuvieron al orden del día. En el caso de Yuja, quien como comentábamos al principio, parece atraer a un público poco habitual, la cosa fue mejor en cuanto a concentración y silencio, pero se aplaudieron con entusiasmo todos y cada uno de los movimientos del concierto de Beethoven. Es un fenómeno sorprendente que se ha acentuado mucho recientemente. Y uno no puede dejar de preguntarse los motivos que han llevado a esta situación. Sinceramente, no tengo respuesta. 

 

 

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