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Como una ola de fuerza y luz

04/03/16 Madrid. Auditorio Nacional. Temporada 15-16 de Orquesta y Coro Nacionales de España. Obras de Beethoven y Tchaikovsky. Mitsuko Uchida, piano. Orquesta Nacional de España. David Afkham, director.

Tras Maria Joao Pires en el Cuarto y Radu Lupu en el Quinto (David Afkham sabe de quien rodearse), llegó el turno el pasado fin de semana para disfrutar del Tercer Concierto para piano de Beethoven con unas manos alejadas de concepciones más “tradicionalistas” como son las de Mitsuko Uchida. Si Lupu fue, decía, el pianista venido del desierto de visión cenobita y filosófica imagen Rembrandtiana, en la propuesta de la nipona hayamos un ascetismo diferente. Lejos del descarnado fraseo del ermitaño, escuchamos aquí la reflexión personal de lo meditado a través de los sentidos. El fraseo, el rubato beethoviano de Uchida no acepta moldes y no podríamos ni llamarlo siquiera beethoviano según los viejos cánones al medir frase por frase, al sentir acentuación por acentuación. Su medida es la mesura que aplaca las pasiones internas, aún en lo acelerado de algunas de sus resoluciones y el deliberado balanceo hacia la oscuridad de lo grave. Escúchese simplemente como comienza la coda del primer movimiento, con toda la preponderancia y pedal otorgado a la mano izquierda. He aquí la reflexión, “mi gravedad reside aquí” parece querer decir, que nos llevará hacia la luz, que no es sino esa pausa íntima entre pianissimi, ese pequeño punto de suspensión fascinante que se permite compases más adelante, ya en la parte derecha del teclado, con un piano dialogando consigo mismo.

El largo del segundo movimiento podría haber resultado mágico con todo el aire y espacio concedido por Uchida al teclado y la mesura de una cuerda excelentemente balanceada por Afkham; lástima de unas maderas no en su mejor día y un público que daba vergüenza en su falta de educación. En el rondó final, fugaces juegos de fusas con ritardando tiempo después de lo indicado por Beethoven hicieron presagiar un final de vértigo que finalmente no fue para tanto, en una medida que, aunque pueda parecer lo contrario, ya digo, tiene por dimensión la mesura del ser humano.

Parafraseando a Luigi Nono, aunque en coordenadas bien distintas, la Sexta de Tchaikovsky nos sorprendió en manos de David Afkham “Como una ola de fuerza y luz”. Y no es fácil dotar de impronta personal y sin perder calidad a una partitura tan escuchada en Madrid (salimos a dos o tres versiones por temporada sólo en el Auditorio Nacional), pero la joven batuta alemana lo consiguió a través de una lectura de tempi resolutivos y en la búsqueda de la mayor expresividad, donde a través del pulso constantemente mantenido, dinámicas siempre hacia lo preciso y el equilibrio plástico de los planos sonoros creó una lectura encendida, vehemente, de temperamento, que consiguió sus mejores momentos en los dos últimos movimientos. Una lectura de formas y modos impecables que provocaron el aplauso unánime de un público entregado, entre el que se encontraba ya Uchida. Si hubiese sido una orquesta invitada, habría habido propina; algo que la Nacional debería empezar a plantearse. Este público quiere a Afkham; razones no le faltan.

 

 

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