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Theorin Liceu19A Bofill 

Noche sueca en el "teure Halle"

Barcelona. Gran Teatre del Liceu. Obras de Wagner, Schubert, Strauss, Nystroem, Rangström, etc.. Irène Theorin, soprano. Matti Hirvonen, piano.

Aprovechando su presencia en Barcelona para la producción de La Gioconda que se estrenará el 1 de abril, Iréne Theorin ofreció el pasado jueves un recital en el Liceu centrado en la canción escandinava, combinada con algo de ópera (menos de lo esperado, como se verá) y lied. Theorin mantiene un idilio con el público del Liceu desde su debut en 2012 gracias a sus espléndidas prestaciones en el repertorio wagneriano. Había, sin embargo, motivos para la duda. Puedo dar fe de que en la producción del Ocaso de los dioses de 2016, en la que Theorin hizo una exhibición inolvidable, la soprano sueca cantó todos los ensayos en la sala grande a plena voz. Dado que no se trataría de una cantante “hipocondríaca” resultaba inquietante la filtración de que en general se estaba reservando en los ensayos de La Gioconda.

El hecho tuvo sus consecuencias, y Theorin decidió no ejecutar el aria de Turandot que estaba programada para el final del recital por considerarlo demasiado “arriesgado” (en palabras textuales de la propia soprano al público durante el recital). No le faltaba razón, dada la tortuosa  escritura de “In questa reggia”. Pero más allá de este hecho Theorin exhibió una vocalidad espléndida que no pareció perjudicar la aproximación interpretativa a un repertorio sumamente variado si tenemos en cuenta que la velada se abrió con la ópera wagneriana para pasar inmediatamente al lied de Schubert.

Parece que Theorin no consideraba el “Dich, teure Halle” de Tannhäuser tan “arriesgado” com el aria de Turandot y es lógico que sea así teniendo en cuenta la seguridad con que afronta siempre el repertorio wagneriano y el hecho de que, en cualquier caso, afrontaba la pieza perfectamente fresca. Lo hizo con perfecta conciencia ritual, homenajeando desde el principio el “teure Halle” de la Rambla de un modo que su actuación escénica explicitaba claramente. Sin novedad en el frente: seguridad, lirismo, volumen y todo lo que hace falta para ser Iréne Theorin. 

Escondía mayores enigmas el siguiente bloque, dedicado a Schubert, incluyendo “Ständchen”, “Du bist die Ruh’”, “Die junge Nonne”, “Der Tod und das Mädchen” y Gretchen am Spinnrade”. Con el permiso de Hans Hotter y algun otro/a, Schubert no ha sido nunca coto de las voces pesadas. Exige ligereza, variedad dinàmica y todas esas virtudes que, por ejemplo, pudo exhibir Matthias Goerne hace poco en el Palau. El ejercicio de contención fue particularmente riguroso en las dos primeres piezas para dar paso a un enfoque más dramático de las siguientes. Todo ello se hizo siempre dentro de límites muy razonables y si el bloque dedicado a Schubert no sirvió para consagrarla como especialista, sí que fue una demostración rotunda de cuan gran cantante es y de sus capacidades técnicas. Le apoyaba al piano Matti Hirvonen y el verbo está selecionado a conciencia puesto que Hirvonen no asumió en ningún momento forma alguna de protagonismo y, si bien tuvo detalles de buen gusto, también fue tendencialmente blando en el conjunto de la velada.

Con Strauss cabía suponer que Theorin volvería a jugar en casa aún a pesar de que la escritura de canciones como “Ruhe, meine Seele” o “Zueignung” no tiene ninguna relación con Elektra. Así fue en el conjunto del bloque y la sensación de dominio y poderío se extendió al repertorio escandinavo de la segunda parte. Jan Sibelius (1865-1957) no necesita presentación y cubrió el bloque central de la segunda parte. Si bien Sibelius era finés de nacimiento su lengua materna era el sueco (cosa corriente en Finlandia y aún más en aquella época) por lo que puede ser considerado un autor suecoen lo que respecta al ámbito de la canción.

El hecho de que Sibelius sea un compositor bien conocido no quiere decir que sus canciones lo sean pero desde luego lo son mucho menos las de autores como Gösta Nystroem (1890-1966) y Ture Rangström (1884-1947), generalmente ignorados fuera de Suecia. Aunque ambos pertenecen a una generación posterior a Sibelius el tono de toda la segunda parte se movió en una atmosfera que podríamos calificar de postromántica. Con la debida precaución a la hora de descifrar la interpretación de repertorio tan mal conocido, incluida la dicción de un idioma que no suele pasearse por las salas de concierto internacionales, resultaba obvio que la señora Theorin estaba cómoda, sonaba espléndida y transmitía compromiso y dramatismo.

Tanto que a nadie se le hubiera ocurrido que su estado de salud no fuera óptimo. Sin embargo, ella misma dio sus explicaciones –perfectamente convincentes- sobre el por qué de la supresión de “In questa reggia” del programa. Explicaciones que pudimos escuchar casi por duplicado pues también apareció en escena la directora artística del Liceu, Christina Scheppelmann, quien obsequió a la cantante con un ramo de flores en agradecimiento por prestar su rostro para la imagen de la nueva temporada y pidió la comprensión del público en nombre del teatro.

El “Jeg elsker dig” (alias “Te quiero”) de Grieg y una canción sueca “a cappella” completaron una sesión que, si no fue tal vez memorable, sirvió para confirmar el torrente vocal de Theorin y la excelente trécnica con la que lo domestica.

 

 

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