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Anillo Budapest19 Foster PosztósJános

Excelencia en lo musical, inteligencia en lo dramático 

Budapest. 20, 21, 22 y 23/06/2019. Béla Bártok Hall. Wagner. El anillo del nibelungo.  Johan Reuter/Tomasz Konieczny (Wotan), Stefan Vinke (Siegfried), Catherine Foster/Allison Oakes (Brünnhilde), Stuart Skelton (Siegmund) Camilla Nylund (Sieglinde), Péter Kálmán (Alberich), Gerhard Siegel (Mime), Christian Franz (Loge) Albert Pesendorfer (Hunding/Hagen), Anna Larsson (Waltraute). Orquesta Sinfónica de la Radio Húngara. Dirección de escena: Christian Martin Fuchs y Christian Baier. Dirección musical: Ádám Fischer.

No es fácil resumir en unas líneas toda la intensidad que acumula esta propuesta de los Budapest Wagner Days para representar, en cuatro días consecutivos, el Anillo del Nibelungo de Wagner. Fue en 2009 la primera vez que se hizo este “maratón” dentro de este festival que promueve y dirige musicalmente Ádám Fischer (hermano mayor del más mediático Iván Fischer director de la conocida Orquesta del Festival de Budapest). Sin duda es una apuesta muy arriesgada, tanto por comprimir ese monumento musical que es el Anillo en cuatro jornadas consecutivas (lo que obliga a algún cambio de reparto) como por hacerlo semiescenificado en el magnífico auditorio Béla Bártok del Palacio de las Artes (Müpa) de Budapest. El espacio, ideal para conciertos, también tiene un foso que permite representaciones operísticas aunque no dispone de caja escénica sino que se utilizan distintos elementos hábilmente dispuestos para un desarrollo dramático que no iguala a los de un teatro convencional pero también concentra más la atención del espectador en el drama wagneriano. Es una opción muy válida, que resuelve problemas estructurales primando, eso sí, lo musical a lo escénico. Aún así la inteligencia de los registas y la indudable calidad como actores de muchos de los cantantes hace que el pulso dramático de la Tetralogía (aunque diferente según la ópera), se mantenga. La propuesta, no muy conocida, atrae a un público local entusiasta y también a aficionados que individualmente o en grupos guiados por touroperadores con buen olfato musical, disfrutando todos de un espectáculo de sorprendente (por los escasos medios en comparación con festivales de más relumbrón) gran calidad.

Como decía, sintetizar en cuatro fechas seguidas el prólogo y las tres jornadas del Anillo es una apuesta arriesgada y  peligrosa. Las exigencias musicales son altísimas y la calidad general de la propuesta se puede resentir. Pero Ádám Fischer es un director con una solvencia especial y su indudable sabiduría musical sostiene de una manera magistral el entramado musical de la obra. Es él el verdadero héroe de esta Tetralogía donde su pulso nunca decae, nos ofrece una visión de la obra de Wagner de una claridad y transparencia infinitas, llena de detalles, de momentos (magistrales los silencios que muchos otros directores omiten). Resulta igualmente brillante en los pasajes de más relumbrón (bajada al Nibelheim, la travesía por el Rin, la marcha fúnebre de Siegfried –de erizar el vello–) como en los más líricos o introspectivos (preludio del Oro, diálogo de Siegmund y Brünhilde en el segundo acto de Walkiria, el sueño de Hagen). Personalmente ha sido (junto al trabajo de Catherine Foster como Brünhilde) lo más destacado de estas representaciones, llegando su trabajo a la excelencia y que lo coloca a la altura (si es que no la supera) de los mejores directores que he oído interpretando estos pentagramas. Simplemente fabuloso. Pero un gran director no puede triunfar si no tiene a sus órdenes a un conjunto de categoría. La Orquesta Sinfónica de la Radio Húngara es una formación arquetípica de la larga tradición musical centroeuropea. Su cualidad más destacada es su solidez, su auténtica conjunción con la batuta y la excelencia en su rendimiento individual, destacando una estupenda sección de cuerdas y una valiente y arriesgada de vientos (la única que tuvo algún desliz –no es fácil su desempeño–, sobre todo en el Ocaso). En el recoleto y estupendo acústicamente hablando Béla Bártok Hall su sonido tuvo una brillantez inusitada y llenó toda la sala de ese especial color de la música wagneriana.

 

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Largo, como es lógico en una obra tan monumental formada por cuatro óperas, es el plantel de cantantes que intervienen en papeles destacados. En estos sólo hubo dos cambios debidos a, como se dijo, que la Tetralogía se sirve en cuatro días y la exigencia vocal de los roles hace imprescindible estos cambios. Sin lugar a dudas, la gran triunfadora del conjunto de la obra fue la británica Catherine Foster, una Brünnhilde insuperable en La valkiria y El ocaso de los dioses. Su actuación fue absolutamente arrebatadora tanto en lo musical como en lo dramático. Foster posee el material ideal para este papel y lo explota con inteligencia. Solvente en toda la tesitura es especialmente brillante su agudo, punzante, diamantino, pleno y con un metal de calidad. Su potencia salta sin dificultad cualquier orquesta pero a la vez, sus matizaciones, sus casi susurros en algún momento más íntimo y personal del difícil papel de la valquiria son igualmente audibles y estremecedores. Sublime estuvo en sus diálogos con Siegmund o Wotan en Valkiria y, por encima de todo, en su inmolación del Ocaso. Las circunstancias de la producción hacen que el trabajo actoral sea fundamental en estas representaciones. Su diosa guerrera es sensible pero también aguerrida y batalladora, muy bien expresada sin ayuda ni de vestuario ni atrezzo. En resumen, la calificación de su trabajo va más allá de lo objetivo para pasar al mundo de las emociones, donde te lleva su canto superlativo. Mucho menos brillante, aunque voluntariosa, Alisson Oakes en la Brünnhilde de Sigfrido.

Ya a más distancia pero siempre dentro de una excelente calidad destacaría el trabajo de Péter Kálmán como Alberich, sobre todo en el Oro (donde su papel tiene más relevancia). Pocas veces he vido en un escenario un Nibelungo con tanto carácter y calidad. No sólo nos transmite todas las emociones de su complicado papel con los gestos sino, sobre todo, con la voz, que maneja con una versatilidad sorprendente y cautivadora recreando un rol absolutamente absorbente. El Mime del veterano y experimentado Gherald Siegel fue otro de los puntales de estas funciones destacando sus enfrentamientos con el Alberich de Kálmán en el Oro y Sigfrido. Sin ser una gran voz, el trabajo de Johan Reuter en las dos óperas en que asumió el papel de Wotan (Oro y Walkiria) puede calificarse de excelente. Humaniza a Wotan, dándole una dimensión musical más serena y a la vez regia que otros cantantes. Brillantísimo en los famosos adioses, fue muy aplaudido en los saludos finales. Con voz más contundente, con un timbre más adecuado al papel pero con una emisión no tan noble, más entubada, se presentó Tomasz Konieczny en El caminante (nombre de Wotan en Sigfrido). Más flojo al principio, estuvo más convincente en su monólogo antes del encuentro con el alocado Siegfried. Éste, otro de los puntales de la obra, estuvo encarnado por Stefan Vinke, un cantante que se conoce al dedillo el papel pero que sigue sin ser un welsungo convincente. Pasa demasiado frecuentemente de la brillantez de un perfecto agudo a una dicción poco clara y a desajustes vocales evidentes. Nadie duda de su perfecta proyección pero su voz no tiene un timbre agradable, aunque sí que estuvo más acertado en las frases postreras de su papel, justo antes de morir, donde sacó la veteranía de años cantando este fundamental rol. Siendo dos cantantes de primer nivel y pudiéndose calificar en general de correcta su interpretación, no brillaron como se esperaba el Siegmund de Stuart Skelton y la Sieglinde de Camilla Nylund. Aún así, impulsados por una batuta especialmente brillante en ese pasaje no dejaron de arrebatar en esa maravilla musical que es el final del primer acto de Walkiria, desde la llegada de la primavera. Ahí si que supieron insuflar esa emoción que faltó en otros momentos. También destacables el Hagen de Albert Pesendorfer, otro de los grandes triunfadores de El ocaso, y que fue de menos a más a lo largo de la ópera, y el Loge de Christian Franz. Más floja Anna Larsson como Waltraute. En general todo el plantel que intervino en la Tetralogía dio el nivel necesario para presentarnos un Anillo de apreciable calidad vocal.

En cuanto a los recursos escénicos fueron clásicos (video, bailarines, algún detalle en el vestuario femenino) pero muy bien utilizados. Sería prolijo pormenorizarlos  en tan poco espacio (aunque no puedo pasar por alto dos momentos excelentes: la resolución de la celebérrima Cabalgata de las valquirias, y el de llegada de Hunding a su casa con dos bailarines que, con máscaras, imitan de forma genial los movimientos de dos mastines). Pero hay que destacar el ingenio, la inteligencia y la optimización del espacio demostrados por el fallecido Christian Martin Fuchs y Christian Baier (responsables de esta semiescenificación) en todas las óperas, siendo Sigfrido la más destacada de todas.

 

 

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