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Meistersinger Bayreuth18 EnricoNawrath

Wagner Theatrum Mundi

Bayreuth. 27/07/2019. Festival de Bayreuth. Wagner: Die Meistersinger von Nürnberg. Michael Volle, Klaus Florian Vogt, Camilla Nylund, Günther Groissböck, Johannes Martin Kränzle, Daniel Behle, Wiebke Lehmkuhl, Daniel Schmutzhard… Dir. de escena: Barrie Kosky. Dir. musical: Philippe Jordan.

El Festival de Bayreuth inauguró su 106ª edición el pasado 2017 con esta lúcida puesta en escena de Die Meistersinger von Nürnberg, firmada por primera vez en el centenario certámen por un judío en la puesta en escena. Barrie Kosky, quien es el actual director artístico de la Komische Oper de Berlin desde la temporada 2012/13 y cuyo contrato con el teatro berlinés tiene prorrogado hasta el 2022. Kosky no solo ha supuesto el primer judío en firmar una producción en el templo wagneriano de la verde colina sino que parece ser también ha sido el primer director de escena externo a la familia Wagner en firmar esta ópera en Bayreuth. 

Die Meistersinger fue empleado por Hitler como emblema de verdadero arte alemán, y que entre otras curiosidades es también la favorita de todo el corpus wagneriano de Christian Thielemann, el actual director musical general del Festival. Única ópera ‘cómica’ del opus wagneriano que se puede ver en el Festspielhaus, Meistersinger siempre supone un reto importante no solo para el director de escena sino también para la orquesta, el coro y sobretodo el protagonista principal: Hans Sachs, el papel más largo de todo el universo Wagner y por ende el mejor pagado al solista que lo interpreta en Bayreuth.

El título de esta critica esta prestado del artículo del libreto de la ópera que firma el propio Kosky y en el que explica porqué esta producción, qué hay de Wagner en ella, porqué y qué es Nürnberg, qué representa en ella el pueblo alemán y cómo la música, verdadera protagonista de la ópera, eclipsa cualquier otra lectura prejuiciosa que se se quiera hacer con esta Gesamtkunstwerk que además es la ópera número ocho de la producción de Richard Wagner. 

Hay que enmarcar esta producción entre los últimos grandes estrenos del Festival, remontándonos al recordado Parsifal firmado por Stefan Herheim estrenado en 2008. En ese Parsifal, Wahnfried, la casa de Wagner, se transformaba en testimonio arquitectónico protagonista desde donde  se veía transcurrir la historia de Alemania de fines del siglo XIX hasta el fin de la segunda guerra mundial, testimonio físico que el público veía como una gran metáfora histórica que apelaba a la desnazificación de Bayreuth. 

Con el reciente Tannhäuser estrenado este año 2019, donde los peregrinos son el propio público del Festival y el Festspielhaus es a la vez la meca o su equivalente al Castillo de Wartburg del libreto, parece que asistimos a una época donde las producciones en Bayreuth escogen como eje nuclear la reflexión que Wagner como personaje histórico inspira según su vida y obra. 

Aprovechando el libreto de la ópera, Kosky reflexiona sobre Wagner personaje, su entorno y su música para convertir este Meistersinger, junto el previo Parsifal de Herheim y el actual Tannhäuser firmado por Tobias Krätzer, en una pieza central de una trilogía metawagneriana no planificada, puesto que cada director de escena ha sido libre de escoger su lectura de cada título, pero donde se puede apreciar un evidente influencia entre ellos. Así pues Wagner como motor y obra que inspira estas nuevas producciones. 

Esta Trilogía metawagneriana, bautizada por el cronista, se transforma en el testigo principal del fin de la era Wolfgang Wagner (Parsifal de Herheim) y la consagración del actual mandato artístico de Katharina Wagner con el éxito indiscutible de crítica y público de las producciones de Barrie Kosky (Meistersinger) y Tobias Kratzer (Tannhäuser) bajo su mandato. Un relevo que desde el prisma del resultado teatral hace justicia al merecido status del Festspielhaus como laboratorio escénico puntero europeo y que desde la primera puesta en escena de la propia Katharina Wagner en Bayreuth, su producción de Meistersinger estrenada en 2007, pasando por el Lohengrin de Neuenfels (2010) o el Millenial Ring de Castorf (2013), suponen un aval de calidad para las voces críticas contra la actual dirección de Katharina, tataranieta de Liszt y biznieta de Wagner.

Bayreuth 2017 Meistersinger EnricoNawrath

 

Este Meistersinger de Kosky es de una lucidez extraordianaria. Richard Wagner es el protagonista absoluto de un producción donde el maestro se multiplica y recrea ante nuestros ojos como Hans Sachs, quien aparece caracterizado como el maestro en edad adulta, pero también como Walther (como Wagner más joven) y hasta como David, su aprendiz caracterizado como un todavía más joven Richard Wagner impulsivo y enamoradizo. Y más allá, pues Kosky convierte en reflejo familiar del entorno vital del maestro a los demás caracteres, así pues Eva es Cosima Liszt, el director judío Herman Levi se rebela como Beckmesser, Veit Pogner como Franz Liszt…y así se recrea todo un universo wagneriano en donde se reflexiona sobre le arte y la búsqueda de la obra de arte total y su significado en y para la sociedad.

Koksy, maestro de la comedia, propone un primer acto a lo sit-com televisivo. Vemos el salón principal de la casa de Wagner (Wahnfried), como se transforma en un espacio único donde Wagner (Hans), fantasea con su obra y la comenta con su famoso suegro, Liszt (Pogner). Del discurso musical aparecen los personajes de los Meistersinger y desde el piano del maestro, una metáfora de la creación musical del artista, salen también varios Wagner en pequeño y sus respectivos yo en diferentes etapas de juventud: Walther y David.

La jugada es de una lucidez abracadabrante, pues vemos el universo creativo de Wagner reflejado en su propia vida y a la vez entramado en el libreto de Meistersinger de una manera brillante y sorprendentemente fresca y original. En el segundo acto Wahnfried aparece como de mudanza y sigue la historia con un Hans Sachs-Wagner que nos muestra en su soliloquio sus reflexiones sobre el arte, mientras en paralelo vemos sus correrías amorosas con Eva-Cosima y su yo joven Walther, pero también las contradicciones de un Herman Levy-Beckmeser, que carga con el estigma del músico judío.

El final del segundo acto posee una de las imágenes más impactantes vistas estas últimas décadas en el Festspielhaus. Al acabar la locura del la noche de San Juan, se produce un baile caricaturesco y esperpéntico de Beckmeser que se corona con la aparición de una gran cabeza inflable de un judío. Esta cabeza inmensa aparece con todas las características físicas judías estigmatizadas por los nazis: nariz grande, cejas juntas, grano en la cara, faz aguileña y mirada turbia con una gran kipá coronando su enorme cabeza. Este monigote hinchado acaba mirando con catártico efecto al público del Festspielhaus para cerrar el acto con una escena que se transforma en un enorme exorcismo histórico, impactante e incluso intimidatorio. El primer director judío de la historia de Bayreuth ajusta cuentas con el pasado filonazi del Festival de una manera soberbia y teatral.

El último acto se transforma en una vuelta de tuerca final y sucede en una suerte de sala que evoca el juicio de Nurenberg post II Guerra Mundial. Parece que se juzga a Wagner, sus escritos teóricos, sus contradicciones y el uso que la historia nazi hizo de su música. Aquí las reflexiones de Hans Sachs, sus monólogos y escenas con todos los personajes: Walther, David, Eva, Beckmesser y el gran final con la aparición de los Meistersinger, aparecen como una gran radiografía del arte musical de Richrad Wagner. Un artista que reflexionó toda su vida sobre el uso y función de la ópera, un mensaje que se manipuló por el uso perverso que de su música hicieron los nazis, para finalizar la producción y este juicio sumarial con una gran redención final.

Después de ver la entrada de todos los Meistersinger, siempre con ropa histórica en contraste con el entorno contemporáneo de la sala de juicios de Nurenberg, Walther-Wagner joven y Hans Sachs/Richad Wagner adulto, muestran como la propia música de las ópera les sirve de salvación y perdón histórico. Kosky propone un final emocionante donde Richard Wagner, después de cantar como testimonio la gran aria final de Sachs, se gira para dirigir la orquesta y salvar su memoria con la música como testigo histórico de su arte. La música de Wagner y su universalidad salva el personaje histórico con sus defectos y contradicciones, la redención es total y la emoción final que despierta esta maravilla de producción es inolvidable. 

Meistersinger 2017 3. Akt Sachs

La entrega actoral y trabajo individual de cada personaje es orfebrería fina. Kosky no solo delinea cada rol y lo muestra con su altor-ego metafórico de manera brillante sino que consigue un rendimiento de todos los cantantes actores de quitarse el sombrero. Humano, contradictorio, deleznable y profundo se muestra a Hans Sachs, un Wagner lleno de circunstancias que Michael Volle borda con majestad. Preocupación por el texto, fraseo y articulación, búsqueda de colores en los monólogos dando una entrañable caracterización entre filosófica y cotidiana. Volle que ya ha perdido frescura y brillo en su instrumento, mantiene el dominio del extenso rol con autoridad y solvencia, llegando a su escena final con gallardía y carisma. Un Hans Sachs imposible de desvincular de la lectura de Kosky, un trabajo a la altura de un bajo-barítono que ya demostró en la anterior puesta en escena de Meistersiger, firmada por Katharina Wagner, y donde interpretó a un inolvidable Beckmesser, que Volle pasará a la historia de los cantantes de Bayreuth como la de un consumado maestro del canto y la interpretación. 

Hablar del Walther de Klaus Florian Vogt, quien repite rol pues también fue el Walther de la producción previa de Katharina en Bayreuth, es hablar del tenor más querido por el público del Festspielhaus de los últimos dos decenios. Vogt sigue demostrando la calidez de un timbre ora con colores blanquecinos, ora brillante en un agudo que llena la sala con sorprendente facilidad, siempre bien proyectado, seguro y homogéneo. Su Walther desprende la mozartiana candidez de un personaje naif y soñador a la que el timbre inconfundible de Vogt viste con una seguridad y solvencia irrefutables. Quizás sea el mejor papel de Vogt de todos los que ha interpretado en Bayreuth, recordemos: Lohengrin y Parsifal, a la espera de su debut como Siegmund el año que viene en el nuevo Ring y con Lise Davidsen como Sieglinde. 

Segura, delicada en el fraseo y cándida en sus intervenciones solistas la Eva de Camilla Nylund, una cantante siempre correcta a pesar de una falta de carisma tímbrico que la haga destacar por encima de su profesional adecuación al rol. Cumplió en el siempre comprometido quinteto con un agudo ajustado al límite. Perfecto alter-ego al humano Sachs el Beckmesser retraído y carismático de Johannes Martin Kranzle. El barítono alemán hace de su rol un trabajo de caracterización inolvidable, con una preocupación extrema por el texto, que lo colorea, da matices y desgrana con autoridad y suficiencia. Su Beckmesser se recordará también en los anales de Bayreuth, otro actor-cantante a la altura de Volle, una interpretación que va mucho más allá de una calidad vocal adecuada. Kränzle quiere a su personaje y hace que el público se rinda por completo a su recreación.

De timbre claro, atractivo color y canto espontáneo, el David del tenor Daniel Behle se revela como un valor añadido a un reparto ajustado a las mil maravillas. Behle canta fácil, dice con soltura y transmite belleza musical con la naturalidad de un liederista que construye un David de agradabilísima escucha. De medios más que notorios, que escapan a lo anecdótico casi de su personaje, se hizo notar por lo mórbido de su instrumento la Magdalene de Wiebke Lehmkuhl, una mezzo que siempre llama la atención a la espera de protagonizar roles de mayor peso y enjundia. 

Gran actor, de canto siempre trabajado, pulido y comunicativo el Pogner de Günther Groissböck. El bajo-barítono austríaco, próximo Wotan la temporada que viene en el nuevo Ring, mostró sus cualidades y profesionalidad. Si bien el timbre es rugoso, con un leve vibrato y justo en el registro superior, su intachable fraseo y adecuados medios, pero sobretodo una más que notable vis cómica hacen de su Liszt-Pogner otro must de esta producción donde los cantantes-actores dan lo mejor de si en un trabajo grupal de nivel excelente. Perfectos y bien equilibrados por color y timbres los Meistersinger con mención al Kothner de Daniel SchumtzhardEl coro mostró su calidad y excelencia gracias a unas secciones donde el equilibrio, brillantez y densidad de cada una de las voces, da como resultado el justamente famoso milagro coral de Bayreuth. Eberhard Friedrich sigue como maestro titular de uno de los mejores coros operísticos del mundo.

El trabajo y lectura musical de Philippe Jordan es minucioso, con un destacado trabajo de balances, dinámicas y ligereza musical en aras de un discurso sonoro digno de una comedia wagneriana. También es verdad que a veces falta profundidad y texturas en los monólogos de Sachs y se echan en falta más intenciones y colores en el final del segundo acto. A pesar del buen trabajo general en el tercer acto, adecuada grandilocuencia del final de la ópera, sin caer en lo vacuo, queda una ligera sensación de superficialidad. Un trabajo premiado por el público con calidez pero algo falto de personalidad y sello musical. 

Una de las mejores producciones que se han estrenado en Bayreuth en los últimos veinte años.

 

 

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