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ABAO Lucia19 E.Moreno.Esquibel 1

 

Donizetti con sabor andaluz

Bilbao. 25-26/10/2019. Palacio Euskalduna. Temporada de ABAO. Donizetti: Lucia di Lammermoor. Jessica Pratt/Leonor Bonilla (Lucia). Ismael Jordi/Juan Antonio Sanabria (Edgardo). Juan Jesús Rodríguez/Manel Esteve (Enrico). Marko Mimica (Raimondo). Juan José de León (Arturo). Maite Maruri (Alisa). Gerardo López (Normanno). Orquesta Sinfónica de Euskadi. Coro de Ópera de Bilbao. Riccardo Frizza, dirección musical. Lorenzo Mariani, dirección de escena. 

La temporada lírica de ABAO se abría este año con cinco representaciones de Lucia di Lammermoor de Donizetti, cuatro de ellas a encabezadas por la soprano Jessica Pratt y la restante, la de Opera Berri, protagonizada por la soprano sevillana Leonor Bonilla. Se disponía en escena una producción firmada por Lorenzo Mariani, procedente del Teatro Comunale de Bologna. Pude verla allí precisamente en su estreno en junio de 2017 y mis impresiones sobre ella apenas han cambiado. En realidad, con pocas modificaciones podría servir para escenificar La traviata si uno se lo propusiera. Esto es, Mariani no aporta nada verdaderamente valioso en torno a Lucia, en términos dramáticos. La función resulta así bastante plana y toda la tensión y la emotividad recaen en manos de los artistas, quienes con su talento hacen avanzar más o menos la acción. En todo caso, y sabedor de las dificultades que tiene ABAO para recabar producciones que encajen en las comprometidas condiciones de tiempo y espacio que predispone el Euskalduna, no puede decirse que haya sido una mala opción para resolver estas funciones, cuya apuesta más evidente recaía en el apartado vocal.

La soprano australiana Jessica Pratt celebraba con estas funciones bilbaínas su Lucia número 100. Poca broma con la efeméride. Hay que quitarse el sombrero ante quien acumula ya en su garganta cien funciones con esta partitura de Donizetti. Y si embargo, permítanme el juego de palabras, Pratt no me llegó a enloquecer. No digo que hubiera frialdad en su canto, pero la suya sí me pareció una Lucia calculada y meditada en extremo, donde la firmeza técnica terminaba por sobreponerse a la expresividad dramática. Tampoco creo que Pratt tuviera una de sus mejores noches el pasado viernes; al menos la voz tardó en sonar caldeada, tras un primer acto donde tendía a sonar más retrasada y con más vibrato de lo habitual. Su gran derroche de recursos vocales vino, como era de esperar, con la escena de la locura, donde expuso toda su pirotecnia, cantando esta página además un tono por encima de lo habitual, esto es, en la tonalidad original de fa mayor, acompañada por la armónica de cristal, en una exhibición quizá innecesaria, en tanto en cuanto parecía incomodar un tanto su predisposición general para la función. Sea como fuere, Pratt no ha llegado a cantar cien Lucias por casualidad; su dominio del estilo y su conocimiento de la partitura fueron evidentes en todo momento, al margen de su mayor o menor brillo vocal.

ABAO Lucia19 E.Moreno.Esquibel 3

 

Sin desmerecer al resto del elenco, el Edgardo del jerezano Ismael Jordi fue lo mejor de la velada. Elegante y estiloso, con un canto que habrá quien considerede chapado a la antigua, pero que ilumina hoy esta partitura con franca entrega, con grandes dosis de poesía y con un control palpable de sus medios. Y es que Jordi atesora ya a sus espaldas más de setenta funciones con el rol de Edgardo, que en esta ocasión era aun si cabe más exigente y largo, ya que se abrían todos los cortes, incluída la doble vuelta para tenor y barítono en el dúo de la torre. De modo que doble mérito esta vez el de Ismael Jordi, quien no solo logró dar una réplica firme e intachable a la Lucia de Pratt, sino que brindó el mejor momento de la noche con la escena final de la ópera, cantando primorosamente el "Tombe degli avi miei... Tu che a dio...". Jordi atraviesa, seguramente, el mejor momento de su carrera, en una dulce madurez vocal.

Con unos medios exultantes, el barítono onubense Juan Jesús Rodríguez presentó un Enrico de muchos quilates, encaramándose al agudo con descaro y con una voz que corría fácil y amplísima en la sala. Cantó con empuje y con vigor, redondeando un terceto protagonista ciertamente irreprochable. Marko Mimica fue un Raimondo excepcional, de emisión tersa y dúctil, nada vociferante y superior en todo momento a esa extraña caracterización de su papel como un intelectual, cuando su discurso es de hecho el de un sacerdote. Menos convenció en cambio el Arturo de Juan José de León, bien audible, pero de emisión desigual. Muy solventes, por último, tanto Maite Maruri (Alisa) como Gerardo López (Normanno) en sus breves pero relevantes intervenciones.

Lucia castBerri ABAO 19

 

Encabezando el reparto de Opera Beri, la Lucia de Leonor Bonilla hace honor al bel canto, en toda la extensión del término: voz timbrada, de emisión pulida y bella, al servicio de un canto grácil y elegante, sin histrionismos, acompasando siempre sonido y texto de una manera natural y sencilla. Ante una intérprete así, no hacen falta más aderezos para comunicar lo que Donizetti pretendía con su partitura. Excelente el estado vocal que exhibió la sevillana, con unos medios ideales para Adina, Norina, Marie... o Gilda, que cantará próximamente en Tenerife. Muy meritorio fue también el debut como Edgardo del tenor canario Juan Antonio Sanabria. Si bien sus medios son, a priori, demasiado ligeros para este papel, es innegable que cantó la parte con un gusto irreprochable, bien secundado por Riccardo Frizza desde el foso, quien contribuyó a que fuera audible en todo momento en la desangelada sala del Euskalduna. Entrega, seguridad y garra son las credenciales que expuso Manel Esteve con su Enrico, siendo no en vano el dúo entre éste y Bonilla, en el segundo acto, el momento más intenso de toda la representación.

Riccardo Frizza demostró en el foso su contrastado conocimiento de la obra de Donizetti -no en vano es el actual director del Festival Donizetti de Bergamo-. Atento a las voces en escena, primoroso y detallista en las introducciones orquestales, supo insuflar a la representación la dosis justa de dramatismo, sin desmerecer el lirismo y el predominio de las inspiradas melodías. Frizza logró una solvente y compacta respusta de la Sinfónica de Euskadi, una orquesta que no sonó flexible, pero sí al menos segura y bien dispuesta. Lo mismo cabe decir del Coro de Ópera de Bilbao, que sonó firme y bastante entonado en todas sus intervenciones.

Uno de mis mejores recuerdos en las temporadas líricas de ABAO se remonta precisamente a este título, en concreto a las representaciones de Lucia di Lammermoor que tuvieron lugar en 2011 en el Euskalduna, entonces con las voces de Diana Damrau, Michael Fabiano y Ludovic Tézier. De estas funciones de 2019 me llevaré tres recuerdos nítidos: el respeto y admiración por Jessica Pratt, alcanzando su Lucia número 100; la solvencia, entrega y estilo de un plantel de cantantes españoles (Leonor Bonilla, Ismael Jordi, Juan Jesús Rodríguez, Manel Esteve); y la solvencia probada en el foso de Riccardo Frizza, ejemplar con este repertorio.

 

 

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