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Kandaules Sevilla

Exquisitez musical

Sevilla. 20/06/2016. Teatro de la Maestranza. Zemlinsky. Der könig Kandalules. Intérpretes: Peter Svensson (Kandaules), Martin Gantner (Gyges), Nicola Beller Carbone (Nyssia), Matias Tosi (Philebos) Mikeldi Atxalandabaso (Sebas), Christhopher Robertson (Phedros) José Manuel Montero (Syphax) Damián del Castillo (Nicomedes) David Sánchez (Pharmaces) Vicente Ombuena (Simias) Italo Proferisce (Archelaos). Real Orquesta de Sevilla. Dirección de escena: Manfred Schweigkofler. Dirección musical: Pedro Halffter.
 
Somos muchos los aficionados a la ópera del s. XX y XXI los que tenemos que agradecer al Teatro de la Maestranza de Sevilla y a su director musical Pedro Halffter la apuesta decidida que, temporada tras temporada, han hecho por ese repertorio tan rico y variado, lleno de grandes obras, que recorre los últimos 120 años de la producción lírica mundial. Títulos como el Doctor Fausto de Busoni, La mujer silenciosa de Strauss, La tragedia florentina y El enano de Zemlinsky o el Doctor Atomic de Adams, entre otros, han marcado la diferencia entre el teatro hispalense y las temporadas de otros teatros nacionales que, con programaciones más amplias, poco o nada arriesgan más allá del repertorio más manido. Esta apuesta por lo contemporáneo (aunque cause sonrojo hablar de ópera contemporánea con obras compuestas hace más de 80 años) no sólo ha enriquecido el conocimiento musical de los abonados sevillanos sino que también ha atraído a público de toda España e incluso a aficionados de otros países ante lo atractivo y la calidad de los títulos programados.
 
Es indudable la responsabilidad que en estas propuestas ha tenido y tiene el maestro Pedro Halffter, que sigue teniendo el apoyo de una gran parte del público sevillano, como acreditan los calurosos aplausos que acompañan sus saludos al final de cada representación. No han sido una excepción los que recibió la noche del pasado lunes al final de la representación, que por primera vez en España, se hacía de Der König Kandaules de Alexander von Zemlinsky.  Ya expliqué en el artículo sobre la ópera que publicó esta misma revista hace unos días, las tremendas dificultades, sobre todo personales, que sufrió Zemlinsky en los años finales de su vida, los de la composición de ésta su última ópera. No pudo conseguir su estreno en su exilio neoyorquino como él deseaba, y ya no sería hasta 1996, en la Ópera de Hamburgo y completada la instrumentación por Antony Beaumont, cuando esta obra maestra se representara.
 
Der könig es una ópera en la que destaca, sobre todo, el aspecto musical. Su partitura es de tal riqueza armónica y tímbrica que nos permite apreciar la profunda maestría compositiva de Zemlinsky que, sea dicho de paso, no ocupa la posición que merece en la historia de la Música. Sus pentagramas recogen influencias de Brahms y Wagner, pero son también crisol de muchos de los movimientos musicales que recorren la primera mitad del s. XX, y especialmente relevantes son los ecos straussianos de algunos pasajes. Pero al final se impone el  reconocible sello personal del compositor, aquel que tanto influyó en otros compositores de su época como Korngold o Berg. Ese genio se identifica fácilmente a lo largo de la obra en la adecuación dramática de la música a la realidad teatral del libreto. Toda la brillantez de este impulso compositivo nos proporciona momentos musicales memorables, como el preludio del tercer acto.
 
Fue quizá ese preludio el punto donde mejor se pudo apreciar la calidad de la interpretación que nos estaba ofreciendo Pedro Halffter. Ha sido una de las ocasiones en las que más se ha visto entregado al maestro madrileño y a la vez con más calma, concentrado en sacar todos los matices que la partitura encierra. Fue su dirección de las que nos recuerdan viejas y nobles escuelas de interpretación. Aquellas en las que los detalles surgen sin estridencias y el ritmo mantenido deja fluir la música. Hubo una preocupación especial por el escenario, por las precisas entradas y la concertación homogénea, con la orquesta agazapada para que las voces llegaran sin dificultad a todo el teatro. Y todo esto también gracias a una de las mejores orquestas españolas que bajan a un foso operístico: La Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Su calidad se demostró, una vez más, a través de unas cuerdas bien empastadas, con unas maderas precisas y con unos metales homogéneos y sin desajustes. Un conjunto que contribuyó de manera fundamental en el éxito musical de la noche.
 
La historia de Kandaules, que hunde sus raíces en leyendas antiguas y que André Gide trae hasta el s. XX, es plenamente simbolista y necesita un buen soporte escénico para conseguir un brillante desarrollo y la adecuada transmisión de su carga poética. No se pueden tomar literalmente muchas de las propuestas dramáticas donde se justifican sin rubor el asesinato o la violencia de género. Kandaules más bien nos habla de temas eternos como el que nos enfrenta con nuestros propios miedos, con nuestras  limitaciones, nuestra lujuria o nuestro deseo de poseer lo que nos proporcione la ansiada felicidad que nosotros mismos luego destruimos.
 
No ayudó mucho la propuesta escénica de Manfred Schweigkofler (proveniente del Teatro Massimo de Palermo) que no resuelve ni da salida al simbolismo que emana la obra tendiendo más a la literalidad en el desarrollo dramático. Sólo se atisba la degradación y la podredumbre del supuestamente feliz Kandaules y de su corte, la brutalidad de Cyges y la frialdad sólo aparente de la reina Nyssia. Un poco más adecuado fue el movimiento escénico, aunque estuvo lastrado por una escenografía (que firma el mismo Schweigkofler y Angelo Canu) que crea dos niveles en el palacio y que no cambia a lo largo de toda la obra, siendo estéticamente anodina. Pero hay que destacar que la excelente iluminación de Claudio Schmid sí se adecúa al desarrollo dramático de la ópera. Muy poco afortunado, sin destacar incluso en los momentos más lujuriosos, el vestuario que firma Mateja Benedetti.
 
El elenco vocal fue bastante homogéneo, y sin llegar a lo extraordinario, se puede calificar de muy competente. La parte de Kandaules es muy exigente, sobre todo en el extremo agudo de la tesitura y es ahí donde Peter Svensson tuvo más problemas, sobre todo en el primer acto. En el resto de su extensa intervención se mostró seguro, con una voz perfectamente proyectada, con el adecuado tinte dramático y con una perfecta declamación y sin las estridencias que se pueden oír en otros tenores que cantan este papel. Acertado el Cyges de Martin Gantner, más brillante en el lado lírico de su papel, creando un personaje roto pero a la vez enamorado y noble. Tapado en puntuales ocasiones por la orquesta, brilló sobre todo en el espléndido dúo con la soprano del tercer acto, el momento de más calado dramático de toda la obra. La Nyssia de Nicola Beller Carbone cumplió sin dificultad alguna todo lo que vocal y físicamente le pide su rol. Destacó su perfecta afinación, la facilidad de su canto que sonó frío o lujurioso según se requería, siempre con un bello timbre perfectamente audible en todo el teatro. Adecuados, como norma general, los comprimarios que forman la corte de Kandaules aunque habría que destacar el Sebas de Mikeldi Atxalandabaso (inevitable pensar siempre que se escucha a este tenor lo desaprovechado que está con la calidad que guarda su canto) y la excelente intervención como Philebos de Matias Tosi que mostró un timbre de gran belleza, perfecta afinación y dominio de toda la tesitura.
 

 

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