© Gemma Escribano | Teatro de la Zarzuela
Álvaro Albiach: "Falla es uno de los autores que más nos piden dirigir fuera de España"
El maestro valenciano Álvaro Albiach regresa al foso del Teatro de la Zarzuela, al frente de la Orquesta de la Comunidad de Madrid, liderando las representaciones de La edad de plata, un díptico que reúne Goyescas con El retablo de Maese Pedro. Conversamos con él para conocer con más detalle este proyecto y sus más recientes compromisos.
Regresa ahora al Teatro de la Zarzuela y lo hace con un díptico que ya tuvo ocasión de dirigir en Oviedo. Bajo el título de ‘La edad de plata’ se presentan aquí Goyescas de Enrique Granados y El retablo de Maese Pedro, de Manuel de Falla. ¿Qué nos puede contar sobre ambas obras, cómo dialogan?
El diálogo entre ambas obras es complicado. Ambas obras representan dos mundos ampliamente distintos, por más que las partituras se lleven pocos años en su gestación. Pero sus estéticas son muy diversas.
En el caso de Granados estamos ante una estética muy pianística, con resonancias del último Romanticismo. Es una música, no en vano, que nace de la suite para piano; y en este sentido la transposición del lenguaje pianístico al lenguaje orquesta y vocal es algo complejo. No es fácil traspasar a la orquesta toda la figuración, todos los arabescos y filigranas que Granados escribe para el piano. Y esto se nota de manera particularmente notoria en la parte vocal, aún más diría en la parte coral, que es tremendamente compleja. Goyescas es una obra exigente, requiere de mucho trabajo para poder engarzar todas las piezas.
En contraste con esto, Falla es otro mundo. Su estética musical es más bien neoclásica aquí, recurriendo a músicas españolas de los siglos XVI y XVII. Con el Retablo Falla se se quería acercar al mundo musical de Cervantes. Y estamos ante una obra que no es una ópera como tal sino una especie de cantata escénica; estamos ante el relato de un episodio de El Quijote, concebido además en origen para representarse con marionetas. Y es una obra escrita para un conjunto pequeño, para apenas quince instrumentistas; nosotros lo hacemos con un poco más de cuerda. Pero el lenguaje es básicamente neoclásico, con ritmos que remiten claramente al Barroco. Esto representa un gran contraste, una gran disparidad, con el universo estético de Goyescas.
De Falla también hacemos Psyché, que representa a su vez otro mundo completamente distinto. En este caso se trata de una obra de cámara, para cinco instrumentistas y voz. En este caso estamos ante una estética claramente impresionista, que no tiene nada que ver con El retablo.
Y estas obras tan dispares, cómo se conectan en esta propuesta escénica de Francisco López?
En La edad de plata Paco López presenta, tal y como él lo describe, una ucronía, esto es, una situación que podría haber pasado, al margen de que sea o no un hecho histórico. La acción se sitúa en París, en el centro de Europa, después de la Primera Guerra Mundial. La idea es presentar un encuentro entre intelectuales españoles de la época, capitaneados por el pintor Ignacio Zuloaga, que tenía una relación estrecha tanto con Granados como con Falla. En el marco de ese encuentro, en esa fiesta privada, se representan ambas obras, Goyescas y El retablo. Eso es lo que da unidad dramática al díptico, al margen de que los mundos musicales de ambas obras sean completamente distintos.
© Gemma Escribano | Teatro de la Zarzuela
Siempre he tenido la sensación de que tanto Goyescas como El retablo, al margen de la admiración que nos pueda suscitar su música, son obras fallidas en su aspiración teatral. Y si no fallidas, sí al menos obras que no terminan de redondear su desarrollo dramático. Desde su experiencia con este díptico, habiéndolo hecho ya en Oviedo, ¿cuál es su percepción?
Sí, en buena medida estoy de acuerdo. Especialmente en el caso de El retablo, que ya desde su origen no fue concebido como una obra escénica con todas las de la ley. Esto preventa también problemas a la hora del balance de sonido entre foso y escena, al ser una obra concebida más bien para mostrarse en forma de concierto. En el caso de Goyescas, como ya decía, al nacer de la suite para piano, el texto nace después y se fue ajustando a la música y eso se deja notar; no es desde luego una obra que fluya y no es tampoco un texto con un gran atractivo dramático, en este sentido es una historia bastante básica.
Se da la conciencia de que este es el año del 150 aniversario del nacimiento de Falla. Imagino que habrá tenido ocasión de dirigir bastantes de sus obras a lo largo de los años.
Sí, así es, de hecho Falla es uno de los autores que más nos piden dirigir fuera de España a los directores nacidos aquí. En mi caso, en julio de 2025 tuve ocasión de hacer completo El amor brujo, en Granada. Normalmente no se hace esta primera versión y la verdad es que fue muy interesante poderla desarrollar, con todos los textos, las partes habladas, etc.
Y sí, a lo largo de mi trayectoria he dirigido mucho falla: El sombrero de tres picos, Las noches en los jardines de España, el Concierto para clave… También tuve ocasión de hacer El sombrero completo con el Ballet Nacional, que tampoco es muy habitual poderlo hacer en su integridad.
Es curioso, en este sentido, ver lo dispar que resulta El retablo contemplando el conjunto de la obra de Falla. Así como El sombrero y El amor brujo son muy similares, participan de una misma estética, en cambio El retablo es como algo aislado de todo lo demás. Por lo que he podido leer, Falla se tomó muy en serio este proyecto, se documentó muy a fondo y de hecho en la partitura hay referencias a músicas de Cabezón, de Gaspar Sanz, etc.
Creo que a día de hoy hay al menos dos orquestas con las que mantiene un vínculo especialmente estrecho: la Orquesta de Extremadura, de la que fue director titular durante varios años, y la Orquesta de Valencia, de la que fue principal director invitado.
Así es. Son estas dos orquestas con las que tengo un vínculo más estrecho. En Extremadura continúo siendo su principal director invitado y en Valencia, aunque mi nombramiento como tal terminó en 2024, voy teniendo una presencia periódica, la última vez el pasado octubre con la Octava de Shostakovich y ya estamos mirando fechas de futuro. Sin tener nada establecido, los últimos años estoy trabajando también con asiduidad con Granada, con bastantes colaboraciones en el Festival de Guitarra. Hace unos meses he vuelto también por Sevilla y tengo proyectos también de futuro en Asturias, tanto con la Sinfónica del Principado como con la ópera.