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 JPratt Photo 3 by Alessandro Moggi

Jessica Pratt: "Bel canto significa, fundamentalmente, respeto por la voz"

Jessica Pratt, soprano australiana que estos días debutará como Norina en Don Pasquale, de Donizetti en ABAO de Bilbao, derrocha simpatía, humildad y verdadero amor por el bel canto. Pero no sólo eso, demuestra un conocimiento de la técnica y un riguroso cuidado en cada paso que da para guiar su carrera, lo que la coloca como una de las mejores cantantes belcantistas de la actualidad. Hablamos con ella de la voz, por supuesto el bel canto, su carrera, y su elogiable implicación con los animales sin hogar.

¿Qué tal van los ensayos de Don Pasquale, en ABAO?

Está siendo muy, muy divertido, una producción fantástica, muy bonita y dulce, con un gran reparto. Me lo estoy pasando realmente bien con mis compañeros, que además cantan estupendamente.

¿Cómo es su personaje, Norina y cómo afronta su debut?

Para mí, Norina es una mujer inteligente, que sabe lo que quiere, que puede resultar un poco ácida, pero también divertida y muy hábil a la hora de llevar a la gente por donde ella quiere para conseguir lo que se propone.

¿Y vocalmente? Entiendo que no es tan complicada de cantar como otros roles belcantistas.

Desde luego, cantar Norina no es cantar Lucia di Lammermoor o La Sonnambula de Bellini, son diferentes tipos de personajes, de voces, en situaciones además muy diferentes. La exposición vocal y la línea de canto que requiere Norina, ya digo,  no es la misma que la que necesita Lucia a lo largo de una función, pero tiene no obstante algunos momentos un tanto complicados sobre coloratura… bueno, ¡o al menos a mí me lo parecen! (risas)

¿Qué diría usted que es lo más difícil a la hora de cantar bel canto? Siempre se suele hablar de la coloratura, pero qué hay de las notas medias o el legato, por ejemplo?

Oh, no sé si sabría decirle… creo que probablemente el reto más grande en el bel canto puede ser mantener la línea de canto y la entonación, mantenerla sobre esas frases tan largas con una orquestación tan delicada, tan sensible, que dejan tu voz al mismo tiempo tan expuesta. Conseguir mantener mi línea de canto lo más pura posible, lo más bella posible y afinada, claro, es todo un desafío. La coloratura por supuesto es otro de los grandes retos, también algunas tesituras exigidas en ciertos personajes, que difieren mucho en Donizetti, dependiendo de la obra que se esté cantando. El año pasado por ejemplo, interpreté el rol protagonista en Rosmonda d’Inghilterra, que tiene ascensos al mi sobreagudo en su segunda aria. Eso es, desde luego, ¡todo un reto!

Hablamos de belleza, de retos… ¿Qué significa para usted el bel canto?

Bueno, entiendo que, al menos lo que yo intento cuando canto bel canto, es plasmar las emociones a través de una voz, de mi voz, de la forma más bella posible. Es lo que intento exponer cada vez que estudio un personaje. Crear una línea de canto repleta de belleza, sumada a una técnica lo más precisa posible, conociendo tu respiración, los resonadores… todo aquello que está o puede estar relacionado con la emisión de tu voz. Al fin y al cabo el bel canto es, fundamentalmente, respeto por la voz, intentando mantener la magia del legato de la forma más bella posible.

Además has de ser capaz de todo lo que demanda el género, si estamos ante un juego de coloratura di sforza o coloratura legata, y cada aspecto determinante de cada personaje. ¡Y por supuesto cada compositor es diferente! Bellini dibuja unas largas líneas melódicas, con gran juego del legato en las notas medias, lo que también es ciertamente complicado, pero increíblemente necesario para expresar el sentimiento, la melancolía de los personajes. Donizetti parece que juega más con las emociones y los recursos de la coloratura, subiendo, bajando, corriendo con ella. Son magníficos los dos, por supuesto.

Usted pertenece a una joven y excelsa nueva generación de sopranos belcantistas. ¿Encuentra alguna diferencia clave entre la forma en que se interpreta bel canto ahora y el modo en que se hacía en los sesenta o setenta?

Bueno, creo que la diferencia más clara es la que reside en, digamos, la parte actoral. Mientras que en los sesenta o setenta se hacía lo posible para mantener físicamente la línea de canto perfecta, ahora los personajes corren o saltan por el escenario para dotarles de vida, lo que de alguna manera interrumpe la respiración.

¡No me parece mal todo este movimiento! Pero, la cuestión fundamental es, yo creo, cuándo ha de hacerse. No puedes, no deberíamos llegar al momento clave jadeando y sin aliento. Si rompemos la línea de canto, el legato, todo habrá sido en vano, máxime en el belcanto, donde es esencial. Hacerlo durante los recitativos puede estar bien, pero en la cabaletta final, por ejemplo, rotundamente no. Y es algo fundamental tanto en Lucia di Lammermoor como en la Norina de Don Pasquale, roles que se enriquecen mucho de una buena concepción actoral, que crecen con ella, pero que necesitan su espacio para la voz.

Me gustaría dejar claro que en el belcanto, además, no hay lugar para ningún tipo de concepto verista. Una cosa es que la producción te lleve a correr o saltar en algún momento dado, y otra cosa es que un personaje de Bellini o Donizetti tenga que gritar por el escenario o hablar cuando deberías estar cantando.

De hecho, ¡la última vez que la vi cantó usted con la cabeza debajo de un coche! (Risas) Fue el año pasado en su debut como Marie, en La Fille du régiment, en Las Palmas. Permítame decirle que parece vivir un momento dulce en su carrera, ¿no cree?

Sí, estoy muy a gusto en estos momentos con cómo se está desarrollando. Me siento afortunada por poder cantar un repertorio que se ajusta a mi voz y siento que gracias a ello mi voz se encuentra en forma. En los últimos años estoy encadenando producciones de forma continuada a lo largo de las temporadas. Haré unas diez, lo que a su vez me ayuda a poder mantenerla y guiarla por el camino escogido. ¡No sé si será muy bueno para mí! (Risas) ¡Pero sí para mi voz! El caso es he intentado escoger siempre un repertorio lo más adecuado para mi voz, sin salirme apenas de él, lo que me ha permitido conocerme mejor, mejorar mi técnica y disfrutar y aprender día a día.

Es evidente que se siente cómoda en el bel canto, pero, hoy por hoy, ¿le gustaría abordar por ejemplo más ópera francesa, un verdi más pesado, incursiones barrocas…?

¡Absolutamente! Ojalá tenga oportunidad de cantar más ópera francesa. Para mí, el mismo reto es poder incorporar nuevos papeles como mantener aquellos que ya cantaba cuando tenía 20 años. Significa que he cuidado bien mi voz, que he escogido bien. Y por supuesto me encantaría abordar papeles más pesados del belcanto en los que ya pienso: Lucrezia Borgia o Roberto Devereux. No ahora, pero sí en los próximos cinco o diez años.

Desde luego, óperas clave en carreras de grandes sopranos y realmente exigentes…

Sí, más centrales, con un peso del drama mayor en sus caracteres. Ya no es una cuestión de que su línea de canto se desarrolle en notas medias sino de expresión, de ser capaz de mostrar enfado, fiereza, angustia… una paleta de emociones de mayor calibre. Para todos estos sentimientos que empujan, que te llevan a lo más alto de la emoción, es necesario, yo creo, haber rodado mucho por los escenarios. Mi voz está madurando de forma natural. Ahora me siento mucho más cómoda en personajes más centrales que hace cinco, diez años, por lo que me da la confianza necesaria para saber que dentro de unos años pueda, tal vez, cantarlos. No obstante no tengo prisa porque me gustaría poder cantar todos estos personajes más agudos que ahora estoy cantando, el mayor tiempo posible.

En cualquier caso, ¿quién diría que tiene más prisa porque un cantante debute nuevos roles? ¿Público, managers, gestores… los propios cantantes?

¡No lo sé, la verdad, no lo tengo claro! (Risas). El caso es que a mí me ha dado tiempo a debutar más de 30 personajes en los últimos 10 años. Habrá quien pueda decir que es una locura, pero para mí el momento de descubrir un nuevo personaje, una nueva ópera, es realmente fascinante, me maravilla. Durante una época, habré debutado entre cinco o siete roles por temporada, lo que es algo que suele suceder al comienzo de muchas carreras. Ahora, abordo algunas óperas con más frecuencia, como pueden ser Lucia di Lammermoor, La Sonnambula, I Puritani y Rigoletto.

Prácticamente todas estas obras que indica las ha cantado en España, pero curiosamente no en Madrid, donde sí estuvo ensayando Puritani para cantarla después en Finlandia, ¿Para cuándo su debut en el Teatro Real?

De momento, lamentablemente, va a tener que esperar. Hemos estado hablando, pero por agenda diversos proyectos no han podido ser. Y es una pena porque de verdad que me encanta Madrid, me encanta su gente y me encanta el público de España.

¿Cómo nos ve?

Bueno, el público español es en cierta medida muy parecido al italiano. Son públicos que entienden de esto y que adoran la ópera, la sienten de verdad. Por eso al mismo tiempo son tremendamente exigentes, lo que es duro, pero también es bueno para nosotros, los cantantes. Mientras preparaba en Madrid los Puritani que comenta, pude ver cómo las funciones se llenaban de espectadores función tras función de bel canto. Eso es algo maravilloso que no sucede en todos los sitios.

Por cierto, tengo entendido que es usted una activista encendida en la defensa de los animales, que dedica parte de su tiempo a los perros y gatos sin hogar…

Sí, creo que el drama de los animales sin hogar es algo de lo que no terminamos de ser conscientes y es evidente que hay un problema grave en países como Italia, donde resido, o también en España. Hace un tiempo se escribió un libro para niños precioso, “Palcoscenico per due”, que trataba sobre uno de los perros que adopté, Fede, de la asociación con la que suelo colaborar: Progetto Quasi. Al pobrecito le habían tratado muy mal, le habían maltratado durante toda su vida. Le faltaba un ojo, tenía la mandíbula rota… tenía trece años cuando lo adopté y al principio tenía miedo de prácticamente todo, pero después de unos meses aprendió que estaba seguro y que era querido, por lo que iba conmigo a todos los sitios, no podía dejarle sólo… ¡incluso se venía a la ópera conmigo! Se hizo muy conocido en los teatros de Italia. El libro acerca la realidad de los animales abandonados, así como el de la música, el de la ópera, a los niños.

Foto: Alessandro Moggi

 

 

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