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 Antón García Abril: “A la música se llega por la música”

En Platea Magazine hemos querido reservar este mes de diciembre a una figura indispensable de la música en nuestro país. Antón García Abril es mucho más que un compositor. Es un músico sabio, inteligente, brillante, que vive la música con auténtica pasión. Un hombre que se esfuerza por conocer el todo para hablar de lo concreto. Directo, claro y siempre generoso en sus respuestas, hablar de música con él se convierte al mismo tiempo en un placer y un aprendizaje contínuo. Por todo ello y por supuesto por sus creaciones, se ha convertido en el compositor del consenso, algo que muy pocos han alcanzado.

 

Me atrevería a decir que es usted el compositor del consenso. Muchas generaciones y muchos sectores de la música le alabamos y respetamos, ¿reconforta?

¡Desde luego, no me disgusta! Todo lo contrario, me encanta porque he intentado siempre respetar a cualquier creador con el lenguaje que él considere que es su propio yo. Esto es fundamental y creo que cada creador tiene su aportación y cada aportación es importante y digna en su momento. Otro tema bien distinto es que el tiempo también compone y se ocupa, yo diría que de manera implacable, en dejar todo en su sitio. Para valorar a un compositor, ya digo, tiene que pasar tiempo. La naturaleza propia de las obras contemporáneas no nos permite tener la lejanía necesaria para apreciarlo correctamente. Todo lo que hablemos hoy en día sobre la música de nueva creación pecará de demasiada inmediatez. En este sentido, me gusta el calificativo que usted sugiere: consenso. He intentado siempre estar cerca de todos e incluso defender a todos, por lo que significa y supone algo tan maravilloso como la creación, tan importante y tan poco productiva desde el punto de vista de la propia supervivencia del compositor. De hecho, para mí hoy en día cualquier compositor es un héroe, y más cuando las cosas no parecen ir por donde los compositores quisiéramos, puesto que cada uno tiene su propio lenguaje y su propia forma de comunicarse con el resto de seres humanos.

¿Para el compositor es fácil adaptarse? ¿Dónde está el equilibrio entre ser fiel a uno mismo y aportar aquello que la sociedad demanda o necesita?

Esto es muy variable. Yo diría que la mayoría de los grandes compositores de la historia… y digo mayoría y no todos, han sido unos retrógrados. Desde Bach hasta muchos del siglo XVIII, XIX e incluso XX, la mayoría han estado siempre llevando adelante un proyecto propio que en contadas ocasiones, véase el caso de Schoenberg y alguno más, aunque no muchos, han ido por delante en el sentido de que han hecho una invención de una fórmula o un sistema compositivo distinto a lo que se había hecho hasta entonces. Al mismo Bach, cuando ya se hacía la melodía acompañada y sus hijos eran mucho más modernos que él, le decían al padre aquello de: padre, que esto del contrapunto ya no se lleva… y él seguía con su contrapunto… ¡y ahí está!

Lo mismo podríamos decir de Brahms y tantos otros. Lo que quiero decir con esto es que debemos defender la personalidad de cada compositor. Después, lo de ajustarse a cada moda, yo, personalmente, no estoy a favor de ello. Las modas, en cualquier aspecto de la vida, pueden ser productos propios de un tiempo limitado que, al acabar este, se muestran tan antiguos, tan fuera de órbita y de su espacio que terminan por desaparecer.

“Hoy en día cualquier compositor es un héroe”

¿Quién resiste a las modas es el que perdura?

Y entonces ya no será moda. La moda impone formas de entender y de pensar. Como ya dije en mi discurso de ingreso en la Academia de Bellas Artes en una época en la que era muy complicado componer cualquier cosa fuera del serialismo, cuando se hablaba de las vanguardias más extremas: si estas últimas, entendidas como un seguimiento fiel a un procedimiento, no pasan a ser tradición, no son ni vanguardia. ¡Y lo mantengo, insisto! La vanguardia ha de convertirse en tradición para que sea vanguardia. De no ser así, es mera experiencia o experimentación.

¿Hasta dónde puede considerarse música? ¿Cuándo comienza a ser experimentación?

Bueno, bueno, ese es un tema complicado. La creación no tiene límites. Nadie puede limitar el Arte, es absurdo, ¡pero el creador sí que tiene sus propios límites!  Mis límites son muy claros (dentro de lo que yo entiendo por arte musical, claro): cuando la música ya no está en relación con las sensaciones de belleza tal y como yo las entiendo, estudiando toda la historia de la música, aparecen mis límites. Si salgo hacia el ruido, ahí no entro. Avanzar, para mí, significa avanzar en un lenguaje propio y de comunicación (recalca con énfasis la palabra) y continuidad en la creación musical. Cuando este avance se acerca a procedimientos que de alguna manera se convierte en un lenguaje incomprensible para quienes la reciben, no me interesa. Y ya no por incomprensible, sino porque puede ser incluso agresivo para el conocimiento, estética y percepción artístico de quien lo recibe… yo creo que ahí, sobre todo cuando el propio compositor percibe ese momento en el que no puede ir adelante, es la limitación. Cuando carece de su belleza tanto armónica - ¡en su propio desarrollo!-, tanto melódica -¡en su propio desarrollo!-,  y tanto rítmica -¡en su propio desarrollo!

Stravinsky, que parecía un músico avanzadísimo por ejemplo, lo sigue siendo, pero armónicamente, me atrevería a decir con todo el respeto y de rodillas que incluso puede resultar elemental. Pero ahí está su aportación rítmica o melódica en estructuras que nada tenían que ver con el melodismo de antaño y que sin embargo le han hecho perdurar como un músico absolutamente clásico.

“La vanguardia ha de convertirse entradición para que sea vanguardia”

¿Todo compositor necesita su periodo de revolución personal aunque luego se le recuerde por el global o lo posterior? Habla de Stravinsky… recuerdo a Boulez con aquello de “debemos quemar los teatros”…

Bueno, sí… una cosa es experimentación y otra es música. Usted me nombra a un músico importantísimo como Boulez, un gran teórico, un gran experimentador e investigador. Yo he visto análisis del propio Boulez en sus partituras y me ha producido, diría incluso que una enorme emoción. Ver con qué rigor, con qué orden, con qué método y con qué sabiduría analizaba. Después me he dicho: ¡quiero oír la obra! Y entonces las cosas cambian mucho. Una cosa es un análisis teórico, estructural, matemático de una obra, en lo que Boulez es un genio, y otra cosa es el valor real que tuvo a la hora de llevar adelante un proyecto personal de ruptura… que por cierto no ha roto nada. Y otra cosa es la propia obra de Boulez, que como gran director de orquesta y como gran impulsor de la estética no es toda ella, aun con todos mis respetos y admiración, comprensible, para nadie. Tiene un valor supremo como científico, un hombre que reflexiona, pero cuya obra no encaja en la música, seguramente porque la propia música no acepta, no puede adaptarse a ser la comunicación que él intentó.

Ahora mismo, ¿la música vive un momento concreto que podamos definir?

No, todo lo contrario. La música de hoy, a través de los Cursos de verano de Darmstadt, después de la Escuela de Viena, tuvo unas pautas de comportamiento que de alguna manera hicieron que la música se perdiese en sus propias investigaciones. Todo el que no hacía lo que se postulaba en aquellos sistemas serialistas, estructurales, era rechazado. Cualquier atisbo de melodismo, cualquier estructura que sonase a un acorde concebido anteriormente, era igualmente rechazado. ¿Qué dio todo esto como resultado? Pues un tiempo de vigencia, por imposición y casi dictatorial de los mencionados cursos de Darmstadt, hasta la evolución de hoy en día, en la que los jóvenes pueden utilizar un serialismo totalmente ya liberado. Los sistemas unificadores y uniformidades no me gustan.

“La creación no tiene límites, pero el creador sí que tiene sus propios límites”

¿Son contraproducentes?

Cada compositor ha de tener su propio sistema y ni el propio compositor conoce. Estamos siempre a ciegas o con una luz sabia entre el conocimiento, la técnica y el no ser consciente de lo que se está haciendo. Es un misterio el de la creación. En cualquier caso, se apoya en la gran técnica y cuando esta supera a la intuición, se produce una degradación de la propia obra. La música debe tener una relación muy clara, como la han tenido los grandes músicos de la historia, entre técnica e intuición. No digo inspiración para que los que son muy modernos no se hagan un lío, ¡pero naturalmente que existe! Y quien dude de esto es que no vive la realidad del compositor. Quien no tenga una intuición, aquella que no se sabe ni cómo, ni de dónde, ni por qué viene… y que con una gran técnica la transforme en obra de arte, no podrá crear. ¿Por ejemplo? podría decirle varios, pero el más característico: Beethoven. Todo técnica, pero al servicio de grandes intuiciones. Y sin la técnica, aquellas ocasiones se habrían quedado por el camino, un camino muy corto. El compositor llega hasta donde su técnica le permite llegar, y le ha ocurrido a todos los grandes. Cuando solamente hay técnica y no hay intuición, tampoco sirve para mucho. Se convierte en un contenido técnico sin ninguna comunicación y, por qué no decirlo, sin ninguna emoción, tanto espiritual como esa emoción intelectual que cualquier ciudadano recibe de una obra de arte. La intrínseca de la propia obra y por otro, la del saber descubrir cómo está aquello pensado.

Decía Nono que el público sólo aplaude lo que conoce… que se aplaude a sí mismo.

Si estamos hablando del público donde solamente se alimenta de lo que ya conoce… pues sí, pero para mí ese público no cuenta. ¡Rectifico! Claro que cuenta, no nos olvidemos de que a la música se llega por la música, pero ocurre que hay que evolucionar. Debemos evolucionar. El público que va a la ópera y se limita a escuchar diez óperas a lo largo de su vida, a mí personalmente no me interesa para nada. Ahora, que a partir de ese momento puede evolucionar en la búsqueda de otros caminos además de los que ya conoce y que le han llevado a esa música, entonces, por descontado, son bienvenidos. En ese público es en el que tengo fe, el que tiene interés en descubrir nuevos caminos sonoros… ¡aunque luego los rechace! Insisto: a la música se llega por la música y estamos, todos, obligados a dar un paso adelante, a evolucionar. ¡Nunca hay que decir “no” a aquello que no se conoce!

“Quien dude de la inspiración, no vive la realidad del compositor”

Hablando del público, usted ha llegado al gran público gracias al cine y la televisión.

Mire, estábamos en el siglo XX, donde el único elemento nuevo realmente importante en el arte, en sus más variadas dimensiones, es el cine. La orquesta apenas tuvo variaciones más allá de las aportaciones de la percusión tras Ravel. El teatro varió su lenguaje, pero no mucho. La escritura, su contenido, tampoco. Ha habido grandísimos compositores que han escrito por tanto para el cine. También en España. Ahí tiene a Joaquín Turina, Jesús Guridi, Ernesto y Cristóbal Halffter, Carmelo Bernaola, Luis de Pablo… yo mismo. ¿Quién puede decir que eso es un género menor? Seguramente aquellas personas que no son capaces de acometer el trabajo que requiere el cine y su relación con la música. La facilidad e intuición de cambio permanente, conocimiento de la historia de la música para adaptarse a cada escenario y situación de las imágenes, de la tecnología y la técnica… El músico de cine, en definitiva, ha de ser un músico muy importante. Si me han criticado por ello… mire… sus motivos tendrán.

Reconozco que el cine, incluso más que la televisión, me proporcionaron una enorme fama por las series que hice: El hombre y la tierra, Fortunata y Jacinta, Ramón y Cajal, Cervantes, Anillos de oro… con las que han crecido muchas personas. La televisión me ha ayudado mucho en el desarrollo de la técnica compositiva, porque tenía que escuchar lo que escribía inmediatamente después, con la tinta aún fresca y corregir o modificar sobre ello, lo que es un aprendizaje interesantísimo.

Tengo la sensación de que además lo ha disfrutado mucho…

¡Por descontado! Mire, la música en el cine ha cambiado, como han cambiado otras artes y como ha cambiado la sociedad. Hoy en día se basa en encontrar unas pocas notas, un pequeño tema, algo efectista. Ya no es la música argumental (recalca la palabra) de antes, donde la música daba los mismos pasos que el argumento y conjugaba con las imágenes, formando una sola entidad. Todo eso ha desaparecido e incluso la música de algunas películas se basa en una sola canción, que en ocasiones produce más dinero que la propia película.

En definitiva, estoy muy orgulloso de mi música para el cine y televisión, como lo estoy de cada paso que he dado a lo largo de toda mi carrera. ¿Por qué? Por el simple hecho de que cada uno de ellos me ha servido para aprender y ampliar mis horizontes.

 "¡Nunca hay que decir “no” a aquello que no se conoce!"

Me hablaba al principio de esta entrevista de la defensa que ha hecho de compañeros compositores. No sé si ha tenido oportunidad de leer la noticia de la Sociedad Irlandesa para la Música Contemporánea, donde afirman que las nuevas composiciones de su país están bajando de calidad porque los compositores actuales ya no tienen valor para criticarse entre sí… y proponen mediadores para solventarlo.

Nunca los compositores se han dicho la verdad. Cada compositor tiene su verdad y no la cambia por ninguna otra. (Silencio absoluto).

Ha mencionado anteriormente también a compositores de su generación como Luis de Pablo, quien participó en la celebración de los “25 años de paz franquista” o Cristóbal Halffter, quien compuso aquella “Misa para el frente de juventudes”. Hoy día, con todo el asunto de la independencia de Cataluña, muchos afirman que los artistas, los músicos no deben posicionarse y otros aseguran lo contrario. ¿El compositor está influenciado por la política?

Para mí es una falsedad total. Cuando hay una dictadura, como ocurrió en la sociedad soviética, todo el mundo sabemos que los músicos tuvieron que tomar parte y compusieron a las órdenes de lo que la propia dictadura marcaba. En un país democrático, la política no tiene ninguna influencia en el artista. No hay cabida para ello. Otra cosa es el pensamiento personal de cada uno, que todos tenemos uno, pero ¿qué la música tiene influencia o se ve influenciada por la política? Ninguna, ¡en absoluto! La música tiene un valor de comunicación fuerte, grande, entre los seres humanos, estén a un lado u otro del río… ¡o en mitad del río! No tiene nada que ver.

¿Qué es el silencio?

Es una necesidad. Lo necesito para componer puesto que la música parte del silencio. No es ninguna metáfora lo que digo, es una realidad. Es algo fundamental en mi vida. Siempre he dicho, cuando vivía Aurea, mi mujer, que ha sido y sigue siendo tan importante en mi vida, que amaba el silencio, pero acompañado. El silencio como elemento constructivo de la música adquiere un valor sonoro, dando una nueva dimensión expresiva al sonido.

Foto: Julio Ga.

 

 

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