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Annalisa Stroppa Silvia Lelli

Annalisa Stroppa: "Ahora mismo sólo siento gratitud y responsabilidad"

En apenas un lustro la mezzosoprano italiana Annalisa Stroppa se ha reivindicado como una solista de referencia en los primeros escenarios europeos. Ha actuado ya en la Ópera de París, en el Gran Teatro del Liceo, en la Ópera de Viena y su presencia es ya habitual en la Scala de Milán, donde encadenará tres compromisos durante la próxima temporada. Centrada por ahora en roles mozartianos y belcantistas, su trayectoria apunta sin prisa pero sin pausa hacia el repertorio francés y sus primeros encuentros con Verdi. Presta su voz y su gesto estos días al papel de Rosina en El barbero de Sevilla que ABAO presenta con dirección de escena de Emilio Sagi y dirección musical de José Miguel Pérez-Sierra.

Debuta en ABAO con este Barbero pero creo que ya había cantado antes en Bilbao, en el Arriaga.

Sí, en 2012 actué ya en Bilbao, en los inicios de mi carrera. Hice La canterina y Der Schauspieldirektor en el Teatro Arriaga. Ahora llega el debut en ABAO, donde me he encontrado un ambiente muy cordial y profesional. Ojalá haya ocasión de regresar aquí en los próximos años. Bilbao es además una ciudad maravillosa, cada vez me gusta más.

Se presenta aquí con el papel de Rosina en El barbero de Sevilla, que de alguna manera se ha convertido en su papel fetiche, su carta de presentación en varios teatros importantes.

Sí, Rosina es un rol al que me siento muy ligada. Es de hecho el papel que más veces he interpretado. Me alegra mucho presentarme en Bilbao con esta parte. En efecto es un rol que ha estado muy vinculado al desarrollo de mi trayectoria durante los últimos años. En Rosina se puede encontrar casi todo, emociones de lo más diverso. Es dulce y dócil con Lindoro, pero es también viperina con su tutor, cómplice con Figaro, se enfada cuando cree que Lindoro le ha traicionado… Expresar todo esto a través de la voz, mostrando tantos colores y emociones, es algo maravilloso. La música de Rossini lo contiene ya todo y nos permite hacer teatro de una manera refinada y al mismo tiempo muy natural. Cada vez que interpreto el papel de Rosina salgo muy feliz del teatro y creo que el público percibe algo semejante, es un papel muy especial.

Se recupera en esta ocasión la producción de Emilio Sagi procedente del Teatro Real de Madrid. ¿Cómo se ha sentido con esta propuesta durante los ensayos?

Conocía ya la producción por del DVD que se comercializó cuando se hizo en el Teatro Real con Juan Diego Flórez y otros colegas. Recuerdo que me gustó y la verdad es que no imaginaba entonces que tendría ocasión varios años después de interpretar esta producción yo misma en escena. Adoro el talento de Emilio Sagi. Su trabajo es muy inteligente y saca lo mejor de los artistas. Lo que más aprecio es que su trabajo está siempre al servicio de la música, atento a lo que está escrito en la partitura. Había ya trabajado con Sagi en otras producciones, la primera vez en I due Figaro de Mercadante y después en Il mondo della luna en Montecarlo; y nos encontraremos de nuevo con I Puritani en Madrid en unas semanas.

Esta producción de El barbero de Sevilla es bellísima. Es atemporal y juega con los colores: parte del blanco y negro y va poco a poco va trasladando al espectador la conquista de la libertad por parte de Rosina incorporando más colores. A través de las coreografías de Nuria Castejón añade también un toque de flamenco, tan especial en el caso de Sevilla, donde se desarrolla esta ópera. Además el trabajo con el Maestro Pérez-Sierra ha sido muy fácil desde el primer momento.

Coincide de nuevo en escena con uno de los cantantes españoles más admirados de su generación, el bajo bufo Carlos Chausson.

Sí, adoro a Carlos. Nos conocimos ya en el Liceo, precisamente con El barbero de Sevilla y fue un encuentro de esos en los que salta la chispa y aparece una sintonía inmediata. Es un grandísimo artista, en todos los sentidos, además de una bellísima persona. Y es por supuesto un colega espléndido, entusiasta y entregado. Es un honor coincidir con él de nuevo.

Una de las citas más esperadas de su reciente agenda fue el debut como Cenerentola en Israel. ¿Qué balance hace de esta cita?

Quedé muy contenta con el resultado. Debo decir que durante un tiempo no estuve segura de debutarlo ya que se trata de una escritura vocal muy particular. El papel está concebido casi para una contralto y cuando me la ofrecieron por vez primera apenas había debutado con Il barbiere; yo no tenía tanta familiaridad con Rossini como ahora. Finalmente me lo planteé, lo preparé con mucho tiempo y tras probarlo debo decir que ha sido un descubrimiento para mí, creo que cae como un guante a mis cuerdas vocales en este momento. Es un papel que me ha conquistado, ciertamente. Ojalá pueda retomarlo pronto.

Parece que haya una regla no escrita para las mezzo-sopranos italianas que va de Rossini a Verdi, como si se tuviese que esperar un tiempo para ir de una Rosina a una Éboli, digamos, pero obviando que hay mucho más repertorio ahí fuera.

Sin duda. El repertorio para mezzosoprano es amplísimo y maravilloso. El repertorio francés está lleno de tesoros: Marguerite en La damnation de Faust, Mignon, Charlotte en Werther… Pero sí, para una mezzosoprano italiana a veces parece que no hubiera nada más fuera de Rossini, Mozart o Verdi. También porque ese es el repertorio que impera a menudo en los teatros italianos.

Por otro lado, sí que es cierto que Rossini requiere cultivar una ligereza y flexibilidad en la voz que con el tiempo puede no ser compatible con las exigencias más dramáticas que hay en otros repertorios, por lo que es difícil mantener al mismo tiempo todo ello en una misma agenda. Lo importante es encontrar el modo de plantear esa transición con calma y de un modo natural para la voz, sin prisa alguna.

En este sentido, su primer Verdi llega ahora en junio, con la Fenena de Nabucco en Mahón, en Menorca.

Sí, es de hecho el único papel de Verdi que me planteo interpretar por ahora. Es una parte breve, muy central y muy lírica, con un acompañamiento orquestal muy delicado. Vocalmente es una parte cómoda para introducirse en Verdi sin tener la sensación de estar buscando el modo de imponerse a una orquesta más pesada.

España se convierte en su casa durante los próximos meses, con este Barbero de ABAO, el Nabucco que citábamos y después I Puritani en Madrid.

Sí, yo adoro España y me siento aquí como en mi casa. Mi patria es Italia pero cuando canto en los teatros españoles me siento verdaderamente como en familia. Sin duda las similitudes de nuestra cultura y nuestro temperamento tienen mucho que ver en esto. De alguna manera me siento adoptada por España en este momento (risas).

Quizá mucha gente no recuerde que ya cantó en el Teatro Real, de la mano de Muti.

Sí, fue mi debut allí hace cuatro años con I due Figaro de Mercadante con el Maestro Muti y la regia de Sagi, como decíamos antes. Me hace ilusión regresar ahora de nuevo con I Puritani, con un reparto extraordinario y confío en que se den pronto nuevas ocasiones para actuar allí.

Una de las incorporaciones a su repertorio de las que se siente más orgullosa, y por motivos obvios, es el Hänsel de Hänsel und Gretel de Humperdinck. Imagino que fue una tarea muy laboriosa.

Sí, fue un trabajo exigente pero me dio muchas satisfacciones. Obviamente, no teniendo una especial familiaridad con el alemán tuve que dedicar muchas horas a preparar y estudiar el papel, pero creo que precisamente por eso me dio tanta alegría poderlo sacar adelante. Se trata de una música maravillosa. Hicimos la ópera en una dirección de escena clásica, tradicional, que te hacía sentir parte de la fábula, dentro de un cuento, como en un sueño. Trabajamos con un director alemán, Pinchas Steinberg, que apreció mucho mi trabajo y eso me confirmó que merecía la pena el esfuerzo. Ahora espero poderlo hacer de nuevo, ya que tengo el papel en repertorio.

Durante los últimos dos o tres años se ha presentado en los principales teatros europeos, de París a Milán pasando por Barcelona o Viena. Ese ascenso vertiginoso, ¿no le da algo de miedo?

(Pensativa) Miedo no, aunque sí una gran responsabilidad. Cuando haces lo que siempre has soñado y querido hacer, entonces sólo sientes gratitud y responsabilidad. Lo más valioso es apreciar cada ocasión que uno tiene de subir a un escenario. Los que nos dedicamos a esta profesión tenemos una gran fortuna y un gran deber, el de respetar al público y a las obras que interpretamos. Miedo no, pues, sólo satisfacción, responsabilidad y la constatación de que este oficio exige mucho trabajo, porque la agenda de un cantante de ópera transforma por completo la vida esa persona.

Las óperas de Mozart están un tanto ausentes de su agenda, quizá también porque se programan menos de lo que debieran, al margen de la trilogía Da Ponte.

Sí, y me desagrada que sea así porque adoro los roles mozartianos, son un bálsamo para la voz y creo que a mi instrumento le van muy bien ahora mismo. Hace apenas unas semanas debuté no obstante en la Ópera de Viena con la Dorabella de Cosí fan tutte. Adoro cantar partes como Dorabella, Cherubino, Idamante, Sesto… espero que lleguen propuestas para cantar más Mozart porque me gusta mucho y creo que ayuda a la voz a estar donde debe estar. Haré por cierto Dorabella de nuevo en Rouen en septiembre

¿Qué citas destacaría de su agenda por venir?

Además de esas funciones de Così fan tutte, estaré después en la Scala por espacio de tres meses: primero como Suzuki en Madama Butterfly con Chailly, luego Meg en Falstaff con Mehta y finalmente la Fenena de Nabucco. Me ilusiona mucho hacer también Carmen en el Festival de Bregenz en 2017. Es un papel que había ya hecho antes, aunque sólo un par de veces; de hecho fue una de las primeras cosas que hice en mi carrera y lo retomé después en Limoges hace un par de años.

 

 

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