Aida Sabadell21 a A.Bofill

Voces y tradición

Sabadell, 02/05/21. Teatre de la Farándula. Verdi, Aida. Maite Alberola (Aida), Alejandro Roy (Radamés), Laura Vila (Amneris), Carles Daza (Amonasro), Jeroboám Tejera (Ramfis), Alejandro Baliñas (Rey), Eugènia Montenegro (Sacerdotisa), Nacho Guzmán (Mensajero). Cor de l’Òpera de Sabadell. Orquestra Simfònica del Vallès. Carles Ortiz, dirección de escena. Daniel Gil de Tejada, dirección musical.

Aida fue, durante mucho tiempo, el paradigma de la obra maestra operística, la joya de la corona del espectáculo más grande del mundo. Eran tiempos de poco video, menos DVD y nada de Internet. Y del mismo modo que Cecil B. DeMille ofrecía esa grandeur que los tiempos requerían en el campo del cine histórico a base de mucha gente en el plano y un poco de brocha gorda, el enfoque grandilocuente de un drama egipcio de pasiones bastante básicas era el no va más del teatro musical. Con el tiempo, a pesar de contener algunas de las escenas más inspiradas de la obra de Verdi, a esta ópera se le han ido viendo las costuras, y a diferencia de La traviata o Don Carlos, no parece que a nadie se le haya ocurrido que tal vez hay que reenfocar la cuestión y buscar otros matices en este drama brillante pero irregular.

No hubo novedades al respecto en Sabadell. Aida se arrodilla y Amneris la señala imperiosamente al grito de “Trema, vil schiava” y así sucesivamente se desarrollaron todos los detalles y lugares comunes de un drama que uno, cuando va a verlo, parece que ya lo haya visto. Eso da mucha paz, sobre todo a aquellos cuya doctrina escénica consiste básicamente en que nunca suceda nada. Sin embargo, para los más dados a la distancia irónica el riesgo de acabar pareciendo La corte del faraón está siempre ahí.

Hubo aciertos, tal vez condicionados por las circunstancias, como la sobriedad de la triunfal marcha de las trompetas. También un trabajo poco detallista con los actores y algún problema condicionado por las circunstancias en ciertos cambios de escenografía excesivamente lentos, pero esencialmente la propuesta de Carles Ortiz consistió en ceder a los cantantes y a la orquesta toda la responsabilidad. Y no le fallaron.

El trabajo de Daniel Gil de Tejada para los Amics de l’Òpera de Sabadell se ha desarrollado durante muchos años y más de treinta títulos a lo largo de los cuales ha hecho gala de rigor, sobriedad y buen gusto. Él y la orquesta se han hecho el uno al otro y parece que la relación ha sido gratificante para ambas partes. También en esta Aida. Sin embargo, se echó de menos tal vez un poco del rodaje que la tradicional gira posterior tal vez aportará. Tras la obertura se produjo inmediatamente cierto desajuste entre el foso y Ramfis, lo cual no ayuda. Pero más allá de ciertos accidentes (“grazie agli dei”, en la escena del triunfo) que son casi inevitables en una obra como esta, al lado de la elegancia que es marca de la casa se echó en falta cierta intensidad en las dos escenas culminantes: el diálogo entre Aida y Amonasro a orillas del Nilo (“oh, patria, quanto mi costi!”) y la gran escena de Amneris (“voi la terra ed I numi oltraggiate”).

En cualquier caso la dirección aportó desde el foso unas condiciones óptimas para que se desarrollara el talento de un reparto excelente en términos generales. Aida es una obra para grandes cantantes y todos ellos afrontaron el reto con talento y actitud. Maite Alberola estuvo a un gran nivel en los dos primeros actos. Sin embargo, la muy exigente aria del tercer acto la puso en dificultades con el registro agudo, lo cual es un efecto paradójico pero típico cuando una voz lírica afronta una parte tan dramática. Se repuso en su duo con Amonasro pero todavía tuvo que luchar un poco contra el final del acto. En el último acto retomó el alto nivel mostrado al inicio y en conjunto redondeó una actuación valiente. 

Aida Sabadell21 b A.Bofill

Voces como la de Alejandro Roy le dejan a uno estupefacto cuando las oye en la sala y remiten a tiempos heroicos y tenores de leyenda. Oscura, sonora, brillante en toda la tesitura, un instrumento de oro. Si bien no se trata del más refinado de los belcantistas, Roy sabe qué hacer con ella, resistió ya al principio a los duros embates de su aria y concluyó con “la fatal pietra” demostrando que cuando matiza la belleza del sonido es algo absolutamente fuera de serie.

No es corriente ver fuera de los teatros de la élite una pareja protagonista que haga justicia a Aida. Pero no terminó ahí la cosa. Laura Vila disfrutó e hizo disfrutar con esa Cruella de Vil del bajo Nilo que es Amneris y pareció sentirse muy segura con la parte. También Carles Daza que, al igual que Maite Alberola, se enfrentaba a una parte muy dramática para sus medios. Ello no le impidió hacer una exhibición de fraseo en cuanto la partitura le daba oportunidad, la voz superó cómodamente los zarpazos de la orquesta y consiguió grandes momentos de expresión y bel canto.

Por si fuera poco Jeroboám Tejera exhibió buenas maneras y un sonido bellísimo en la parte de Ramfis, y aunque algunos pasajes resultan demasiado exigentes para su registro grave completó una muy buena actuación. Eugènia Montenegro y Nacho Guzmán redondearon con solvencia un reparto que nos obliga a encomiar una vez más la solidez y la coherencia de este teatro y su política artística que, a pesar de los rigores de la austeridad, sigue ofreciendo espectáculos de nivel como esta Aida en una sala que tiene además la virtud de ser amable con unas voces que no decepcionaron en absoluto. Larga vida a todo ello. 

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