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Afkham David 

Para enmarcar

Madrid. 22/01/17. Auditorio Nacional. Temporada 16-17 de la Orquesta y Coro Nacionales de España. Strauss: Elektra. Lise Lindstrom (Elektra). Anna Larsson (Clytemnestra). Manuela Uhl (Chrysothemis). Andrew Foster-Williams (Orest). Robert Künzl (Aegist). Orquesta y Coro Nacionales de España. Rafael R. Villalobos, dirección de escena. David Afkham, dirección musical.

Escuchando mi partitura por primera vez, entendí toda su complejidad, comprendiendo que esa polifonía tan complicada sólo se volvería plástica y lúcida después de años, cuando la orquesta prácticamente la memorizase”.

    Son estas palabras del propio Richard Strauss sobre los días en que estrenó su Elektra, en la Dresde de 1909. Una ópera, ya desde su concepción, nada sencilla de interpretar, a la que el compositor pedía años para ser bien interpretada por una orquesta. Quería el alemán alejarse de alguna manera del concepto wagneriano, tanto en el tratamiento de la orquesta por parte del director como de la línea vocal en los cantantes. Necesitaba más intensidad en el foso y mayor elasticidad en la velocidad y volumen sobre el escenario. “Mi estilo vocal tiene el ritmo de una obra escénica… sólo los mejores directores sabrán encontrar el equilibrio entre cantante y batuta… La lucha entre la palabra y la música ha sido el problema de mi vida”.

Quien haya leído a Strauss, pero sobre todo quien le haya escuchado en las funciones de Elektra que ha preparado la Orquesta y Coro Nacionales de España el pasado fin de semana, comprenderá que, siguiendo el axioma, David Afkham ha de ser, por fuerza straussiana, un buen director.

 Elektra es una de esas obras que no hay forma de que remonten. Si empieza mal, acabará mal. Si empieza bien, seguramente acabe mejor. Un motivo en re menor lo condiciona todo: Agamemnon. Y con él cualquier director queda vendido, ya desde el primer segundo. La de Afkham es una visión ponderada que tiende a subir los decibelios allí donde el mismísimo Strauss habría aplaudido sin dudar. Hay un balance entre secciones – brillante ejecución de los metales-, también dentro de la cuerda. No se aprecia además alguna hacia ese lirismo que palpita en el interior de Elektra y que ha querido mostrarnos batutas más laxas. No hay concesiones en Afkham hacia ninguno de los dos extremos; es esta una Elektra concisa en parte orquestal, que mide, también como Strauss requiere, su mano a mano con los cantantes.

Entre estos encontramos a la protagonista de la soprano Lise Lindstrom, una cantante realmente inteligente, conocedora de sus medios líricos, en el límite de sus posibilidades por tesitura y de timbre bello a la escucha. Construye una Elektra creíble y muy disfrutable, sin delirios ni arrojos, pero con firmeza y convicción en lo que canta. Le acompañan la inconmensurable Anna Larsson como Clytemnestra, convincente en lo vocal y extraordinaria en lo actoral, una mujer que emana ópera; y la Chrysothemis de Manuela Uhl, acertada en su parte, de terso timbre y dúctil, de proyección más que suficiente para la orquestación straussiana.

Redondeó el reparto el Orest de Andrew Foster-Williams, a quién pude escuchar hace unos días en los Gurrelieder de Schoenberg y donde, como aquí, convenció gracias a un centro rico en armónicos y una emisión homogénea. Correcto el Aegist de Robert Künzl y buen reparto el escogido para las doncellas, con solventes nombres de cantantes españolas como los de Elena Copons, Anna Alàs o Laura Vila, así como Paloma Friedhoff, Rebeca Cardiel o Patricia González Arroyo entre las sirvientas. La noche tuvo también su parte de acción gracias a la labor de Rafael R. Villalobos en la dirección escénica de esta versión concierto que tuvo muchos quilates en lo dramático, incluso para los escasos medios con los que cuenta por desgracia el Auditorio Nacional. Se plasmó la locura de Elektra a través de la figura de Agamemnon en el bailarín Pedro Berdäyes (Premio Nacional de Danza en el año 2000), se dio vida a las doncellas, tétricas y atormentadas, y se aprovechó cada recoveco de la sala sinfónica para mover a los cantantes principales

Un verdadero éxito, el éxito inteligente de una programación audaz que pisa sobre fórmulas seguras que nadie hasta ahora se había atrevido, o había sabido pisar. Se llevaba la mano al corazón David Afkham ante un público en pie que le braveaba. Sería muy bueno que renovara su contrato con la OCNE ahora que se acerca el momento.

 

 

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