La Real Filharmonía de Galicia celebra su 30 aniversario

La Real Filharmonía de Galicia se creó en el año 1996 en Santiago de Compostela y tiene su sede permanente en el Auditorio de Galicia, en la ciudad de Santiago de Compostela. Está formada por cincuenta músicos de 17 nacionalidades diferentes. Baldur Brönnimann es, desde 2023, su director titular y artístico, y Sebastian Zinca su director asistente desde 2024. Con la orquesta colaboran los más destacados directores, cantantes e instrumentistas de todo el mundo.

La RFG está comprometida en acercar la música clásica a todo el territorio gallego, a los públicos más jóvenes y destaca, además, su compromiso con el patrimonio musical gallego. Gestionada por el Consorcio de Santiago, la RFG está financiada por la Administración General del Estado, la Xunta de Galicia y el Ayuntamiento de Santiago.

En ocasión del 30 aniversario de la Real Filharmonía de Galicia conversamos con su director titular desde enero de 2023, el suizo Baldur Brönnimann, y con su directora técnica, Sabela García.

La temporada 25/26 de la Real Filharmonía de Galicia se presenta bajo el título de Historias. ¿Cuál es el hilo conductor que se esconde bajo este título general de la temporada?

Baldur Brönnimann: Con este título para la temporada hemos querido poner de manifiesto el juego entre la historia con mayúsculas y las historias con minúsculas. La Historia puede parecer algo abstracto pero en realidad está escrita por las vivencias y acontecimientos concretos. Queríamos hacer una temporada que por un lado celebra lo que pasó y por otro lado celebra lo que va a pasar, como es el caso de nuestro aniversario.

En este sentido, por un lado tenemos algunas obras y proyectos que se refieren de algún modo a la propia historia de la orquesta y luego tenemos también un proyecto como Cometas, con todo un conjunto de encargos repartidos a lo largo de la temporada y que es desde luego una mirada al futuro.

Cuando llegué y empezamos a trabajar hicimos una análisis de lo que hacen las orquestas a día de hoy nos dimos cuenta de que hay una repetición tremenda; se hace casi lo mismo en muchos sitios y esto indica que se trabaja muy poco pensando en el público y demasiado pensando internamente, si mirar afuera. Con esta temporada, especialmente, queremos tender un puente a esas personas que todavía piensan que una orquesta sinfónica no es para ellos.

Sabela García: Sí, un aspecto fundamental de nuestro trabajo es la comunicación. Si queremos llegar a nuevos públicos hay que cambiar desde luego la forma de comunicar la música para conectar con ellos. En estas temporadas nos hemos implicado en diseñar una narrativa para que la temporada llegue a públicos menos habituales.

No queremos que una temporada sea un sinfín de nombres, autores y obras que no dicen nada… es importante contar una historia a través de la temporada. El año pasado fue Inconformistas, hace dos años Migración… creemos que es muy importante tener este hilo temático, con temas uni versales que pueden apelar a un público más general.

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Para alguien que no conozca la orquesta, para alguien que nos lea desde Cádiz o desde Girona, ¿qué tiene de particular este proyecto sinfónico, cuáles son los rasgos que conforman la personalidad de esta orquesta, tan ligada además al territorio?

B. B.: Una de las huellas más claras y seguramente el proyecto más sostenible de esta orquesta es su propia escuela. En el sur de Europa hay muy pocos sitios con una academia orquestal como la que tenemos aquí. A lo largo de los años esto ha dejado toda una serie de músicos, tanto gallegos como de fuera, que han pasado por aquí y que han hecho después su trayectoria en otros sitios. En esta tem porada hemos querido invitar a algunos de esos talentos gallegos que han hecho carrera fuera, como Esteban Batallán, el trompeta de la Chicago Symphony, Raquel Areal, incorporada hace poco como violinista en la Filarmónica de Berlín, o Silvia Rozas, flautista en Hannover.

El proyecto de esta escuela creo que dice mucho sobre el carácter de esta orquesta, al menos tal y como yo la veo. Es una orquesta muy arraigada en la comunidad; aquí en Galicia, antes de los años noventa, no había apenas actividad sinfónica. Por eso no hay una tradición interpretativa, por eso muchas obras son estrenos cuando las hacemos, porque no hubo orquestas en Galicia durante mucho tiempo.

S. G.: También es importante poner en valor el trabajo que fueron haciendo los diferentes directores titulares de la orquesta. Han sido tres, hasta la llegada de Baldur. Los primeros años con Helmuth Rilling, ccuando se forma la orquesta, se apostó por un repertorio más histórico.

Después llegó Ros-Marbà, con una consolidación mayor del proyecto y con un giro hacia el repertorio clásico. Y ya con Paul Daniel se hizo un mayor hincapié en el repertorio del siglo XIX y también una cierta apertura a la música contemporánea, en un intento por modernizar la entidad.

Ahora con Baldur creo que estamos intentando hacer valer todo ese legado. Las instituciones públicas tienen la obligación, el deber, de repensar su proyecto para seguir siendo relevantes en la sociedad. Las orquestas tienen que andar con los tiempos y ser sensibles a lo que pasa a su alrededor. En este sentido, con Baldur, queremos hacer la orquesta más abierta, más sensible, más sostenible y en definitiva más conectada con el presente.

B. B.: A mí siempre me han contratado en orquestas donde se quiere un cierto proceso de transformación. Me gusta pensar en por qué existen las orquestas y cuál es realmente su papel en el mundo de hoy. Aquí hemos impulsado muchos encargos de música contemporánea porque creo firmemente que la relevancia de una orquesta pasa por el diálogo con la música de su propio tiempo. Es curioso que hoy en día las orquestas tocan mucho más Shostakovich que Haydn, Bach o Rameau, al final se trata de modas pero siempre supone una gran pérdida.

Nosotros aquí tenemos una orquesta con un tamaño perfecto para cierto repertorio y también tenemos muchos escenarios en Galicia donde ese repertorio encaja muy bien. La OSG en Coruña no toca tanto repertorio antiguo y creo que es bueno que ambas orquestas seamos un buen comple mento, la una y la otra, dentro del mundo sinfónico gallego.

S. G. También nos parece fundamental utilizar los recursos que tenemos de manera responsable y sostenible. La violinista y directora Amandine Beyer reside en Vigo y desde hace dos años es nuestra artista en residencia. Nos parecía muy importante aprovechar esta ocasión para trabajar en la orquesta con alguien familiarizado con los criterios histori cistas; esto ayuda siempre a desarrollar otra escucha entre los propios músicos, una actitud más camerística.

B. B.: No nos gusta el vibrato institucional (risas). La parte psicológica que implica formar parte de una orquesta es un asunto complicado y al que a veces no prestamos suficiente atención. Un músico que lleva años aquí tocando, por ejemplo, tiene que sentir que significa algo, que su expresión como artista es valiosa. La organización de una orquesta es rígida por naturaleza pero hay que crear espacios donde todos puedan brillar y contribuir. Y esto a veces pasa por hacer un determinado repertorio u otro.

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En términos de implantación en el territorio, más allá de los conciertos en Santiago, ¿qué actividad desarrolla la orquesta?

S. G.: Sí, no seríamos sostenibles si no trabajásemos en esa vertebración musical del territorio. Y esto es además es algo que no podríamos hacer nosotros solos sino que es posible gracias a la ampliación de otros actores, como las sociedades filarmónicas, los teatros y diversos pequeños actores culturales, a nivel local. Normalmente cada semana hacemos un concierto en Santiago y luego lo repetimos por toda Galicia.

Otra pata importante en este sentido es la temporada de verano, en la que colaboramos con festivales, más o menos pequeños, impulsados a menudo de manera altruista por músicos talentosos y gracias a esto podemos llegar a poblaciones más pequeñas. Este verano hemos tocado en localidades como Merza o Mondoñedo, en este caso en el marco del Festival Bal y Gay, en el Festival de Arpa de Noia o en el Festival de Clarinete de Lalín.

B. B.: También hacemos mucha interacción con el tejido musical que ya existe, como las sociedades filarmónicas o los coros de aficionados. Es algo que queremos ampliar también a las bandas. Las entidades culturales en general tienen pendiente tender la mano, ir a buscar a la gente y darle herramientas, en lugar de simplemente programar un concierto y esperar a que la gente venga. Hay que interactuar, estimular e incentivar el mundo musical a nivel local si queremos llegar a más públicos.

Otra iniciativa interesante de la temporada es el ciclo (EN)FOCO, en el que se presentan conciertos con otro formato más divulgativo, al margen del concierto clásico al uso.

S. G.: Sí, este formato de concierto lo pusimos en marcha hace ahora dos años y todavía está en rodaje, lo hemos ido adaptando. Este año hemos decidido apostar no solo por un formato diverso sino también por un repertorio diferente, de ahí la idea de presentar música de cine en el primero de los conciertos, con una banda sonora en directo; haremos también una obra de Philip Glass; y un tercer concierto con música africana. También promovemos un coloquio posterior al concierto para poder comentar la experiencia de primera mano con el público asistente.

B. B.: Es gracioso a veces ver qué consideramos como arriesgado en la música clásica. La orquestas y los directores llevamos años y años intentando que venga a ver nuestros conciertos personas que seguramente no tienen ningún interés en venir a vernos. La cuestión es que seguramente nadie te dirá que la música de Brahms no le gusta, lo que no le gusta es la rutina del concierto, desconocer las reglas implícitas, si puede aplaudir o no, todo el ceremonial… Hemos creado unos conciertos que son realmente para iniciados, poniendo un montón de barreras para que se acerque a escucharlos alguien que no está familiarizado con ello.

Bernstein, Boulez… tanta gente ha hecho tantas cosas por cambiar el formato de los conciertos y seguimos tocando con frac, una obertura al inicio, un concierto después, descanso y una sinfonía. Y lo mismo una y otra vez, durante décadas. Es muy respetable seguir haciendo eso, hay gente que lo demanda, pero los hábitos de escucha están cambiando y hay que atender a ello.