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Jurmala beach JelenaSpasova

 

Riga Jurmala Festival

Un nuevo festival de música clásica a orillas del Báltico

Naturaleza, patrimonio y música se dan la mano en este festival con dos sedes, la histórica capital de Riga y la icónica localidad de veraneo de Jurmala

La historia de Letonia está estrechamente ligada a la música. De hecho, el país alcanzó su independencia a través del canto, en un ejemplo de movilización pacífica y de indudable resonancia cultural. La Revolución Cantada tuvo lugar allí entre 1987 y 1991, restaurando la independencia de los estados bálticos en Estonia, Letonia y Lituana, previamente anexionados por la Unión Soviética en el transcurso de la Segunda Guerra Mundial. La vecindad con Rusia es un factor determinante, tanto por su influjo político y económico, como por su indudable huella cultural. De hecho, el Riga Jurmala Festival no se entendería del todo sin tomar en consideración los numerosos patrocinadores y espectadores llegados desde el otro lado de la frontera. Y es que Jurmala ha sido, desde décadas atrás, un destino preferente de veraneo para la burguesía rusa más acomodada, que ha encontrado allí un lugar de reposo y esparcimiento. Como bien me contaba Martin T:son Engstroem, el artífice de poner en pie este festival en su dimensión artística, incluso la Unión Soviética, tiempo atrás, empleó Jurmala como lugar de veraneo para contentar a sus músicos, a los que apenas podía pagar con un salario digno. En cambio, les ofrecía unas vacaciones pagadas con sus familias, precisamente en este enclave donde ahora se levanta un nuevo y fascinante festival.

De alguna manera tampoco podría decirse, al cien por cien, que se trate de un festival enteramente nuevo. Y es que unos años antes ya se pusieron en marcha varios ciclos de conciertos, más o menos estacionales, que tenían el mismo aliento, buscando poner en valor la proyección de esta región precisamente como un enclave donde cultura, naturaleza y patrimonio pueden darse la mano en verano, en torno a la música. Fue sin embargo hace apenas año y medio cuando el citado Martin Engstroem, el fundador y director del Festival de Verbier, fue requerido por el patronato que se había constituido para explorar la viabilidad de un nuevo festival en la región.

Engstroem lleva toda una vida dedicado a este oficio, habiendo trabajado primero junto a artistas de talla mundial como Dietrich Fischer-Dieskau, Wolfgang Sawallilsch, Leonard Bernstein, Karl Böhm, Jessye Norman o Renato Bruson. Tras su paso por Deutsche Grammophon y mientras sigue al frente del Festival de Verbier, Engstroem se encuentra ahora también al frente de un nuevo proyecto en Georgia, en la localidad de Tsinandali, y no pudo decir que no a la propuesta que recibió desde Letonia, a pesar de su apretada agenda. Además, tenía un lazo personal muy singular con la región: como me confesó en nuestra charla, Engstroem pasó en Jurmala su luna de miel en 1978 y no podía negarse a volver allí con un proyecto tan especial.

Ciertamente el enclave es privilegiado. Lejos de los rigurosos calores de los países mediterráneos, el Riga Jurmala Festival disfruta a orillas del Báltico de unas temperaturas más cálidas, en un entorno rodeado de naturaleza: inmensos bosques de pinos, en los que la mirada se pierde, y kilométricas playas de una finísima arena, desde donde contemplar el atardecer es una experiencia obligada. Letonia, con una población ciertamente reducida, de apenas 1,7 millones de habitantes, es sin embargo un país con una extraordinaria cantera de músicos: Arvids Jansons, Mariss Jansons, Misha Maisky, Gidon Kremer, Andris Nelsons, Elina Garanca, Marina Rebeka… Con esas credenciales, antes o después debían tener también un encuentro musical de referencia y ese es precisamente el hueco que ocupa ahora el Riga Jurmala Festival.

Riga Jurmala ConcertHall PaulsZvirbulis

 

Martin Engstroem quiso contar desde el principio a su lado con la figura de Miguel Esteban, un curtido coordinador cultural que le había acompañado ya antes en otros proyectos y sin cuya esforzada coordinación no habría podido levantarse este festival en tan poco tiempo. Y es que el Riga Jurmala Festival se ha lanzado al público en un tiempo récord, apenas poco más de un año después de las primeras reuniones en las que se pusieron los cimientos que lo iban a definir. Miguel Esteban resumía en pocas palabras el reto: “Queríamos lo mejor, un nivel de excelencia artística tal que nadie pudiera tener dudas a la hora de plantearse venir al Riga Jurmala Festival”. 

El equipo directivo del festival se completa con la figura imprescindible de Zane Čulkstena, su CEO. Su entusiasmo y dedicación, de los que doy buena fe, hacen de ella una pieza imprescindible en el engranaje del Riga Jurmala Festival. Nacida en Letonia, completó su formación en la Universidad de Columbia y ha estado vinculada a diferentes proyectos artísticos, como el Kim? Contemporary Art Centre que puso en marcha en Riga. Zane Čulkstena me contó que en la presente edición aproximadamente el 85% del público procedía de la región, si bien trabajan desde ya para incrementar el número de visitantes procedentes del extranjero, hasta poder situar su asistencia en un 50%. Junto con el incremento de la financiación, que a día de hoy es sustancialmente privada, ese sería el principal reto que el festival dibuja en su horizonte más próximo.

La propuesta del Riga Jurmala Festival es singular y por ello mismo ha sido un éxito, con más de 15.000 espectadores en su primera edición, cosechando además una excelente acogida entre el público local. Lejos de repetir fórmulas ya exploradas, como en un automatismo, este festival propone fines de semana cerrados, con una intensa programación en el transcurso de tres días, girando en torno a la visita de grandes formaciones sinfónicas, que actúan durante dos jornadas consecutivas, ya sea en Riga o en Jurmala. El menú se completa con un sugerente plantel de conciertos y recitales, tanto solistas instrumentales como cantantes de ópera y lied

Noseda LSO Jurmala EvijaTrifanova

 

Pude visitar el último fin de semana de esta primera edición del Riga Jurmala Festival, con el desembarco allí de la London Symphony Orchestra, a manos de su principal director invitado, el maestro italiano Gianandrea Noseda. Ofrecieron dos programas marcadamente rusos, con obras de Tchaikovsky (Sinfonía no. 5), Prokofiev (Concierto para piano y orquesta no. 2), Shostakovich (Sinfonía no. 6) y Rimsky-Korsakov (suite de La ciudad invisible de Kitezh), junto a partituras de Britten (Cuatro interludios marinos, Peter Grimes) y Bruch (Concierto para violín y orquesta), junto a solistas de primerísimo nivel, como el pianista surcoreano Seong-Jin Cho o el violinista ruso Vadim Repin

Y en torno a esto, actuaciones verdaderamente extraordinarias, una sucesión de pequeñas joyas: un brillante recital de piano del joven Lucas Debargue; un recital de piano y voz con la extraordinaria y sensible soprano china Ying Fang; y un recital dedicado a Bach del joven violonchelista francés Edgar Moreau. Junto con los conciertos sinfónicos, en apenas tres días, un total de cinco actuaciones de un nivel intachable, perfectamente homologable al de otros festivales ya consolidados y de larga historia.

Las semanas anteriores visitaron el festival otras formaciones de indudable renombre, como la Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera, con Susanna Mälkki al frente; la Orquesta Filarmónica de Israel con Zubin Mehta, en su gira de despedida; y la Orquesta Nacional de Rusia con Mikhail Pletnev. 

Los nombres citados hablan por sí solos. Ha nacido un festival ejemplar, en un enclave único y con una personalidad singular. Su  potencial es enorme. Es obvio que el Riga Jurmala Festival ha llegado para quedarse.

 

Recomendaciones en Riga y Jurmala, por Zane Čulkstena:

· Riga

Barents Restaurant. Lujo sin pretensiones, en un espacio de reciente apertura. Volcada hacia los productos de temporada, su cocina propone sabores sencillos pero refinados.

Modernists Bar. Este singular bar dedicado al champán combina el amor por el gran diseño con un profundo conocimiento de esta bebida. Su impulsor, el arquitecto Mārtiņš Pīlēns, es un auténtico fanático del champán.

Osiris Restaurant. Lugar de referencia en la ciudad, durante casi tres décadas ha sido un enclave de reunión y encuentro para intelectuales, artistas y poéticos. Su interior y su menú permanecen intactos desde los años 90.

Magnum Bar. Otra referencia en Riga para los amantes del champán, con una de las cartas más extensas del mundo en referencia a esta célebre bebida.

Pagalms. Ubicado en uno de los parques más antiguos de Riga, propone una encantadora convergencia entre cultura, historia y gastronomía, en un emplazamiento envidiable.

· Jurmala

36. Line Restaurant. Ubicado justo al lado del mar, sus enormes ventanales contribuyen a que la experiencia gastronómica que proponen sea aun más inolvidable si cabe.

Light House Jurmala. Con acceso directo a la extensa playa de Jurmala, sus terrazas y salones son un lugar perfecto para compartir unas copas o tomar un aperitivo, contemplando el atardecer desde un emplazamiento de ensueño.

Restorans Barons. Un lugar íntimo con guiños a la gastronomía francesa que apuesta por poner en valor el producto local a precios imbatibles.

 

 

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