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LangLang

Delicadeza y extroversión

Peralada. 07/7/2016. Auditori del Parc del Castell. Chaikovski: Las estaciones. Op. 37a (1876). Chopin: Cuatro Scherzos: Scherzo núm.1 en Si menor, op. 20 (1833). Scherzo núm.2 en Si bemoll menor, op. 31 (1837). Scherzo núm.3 en Do sostenido menor, op. 39 (1839). Scherzo núm.4 en Mi mayor, op. 54 (1842). Lang Lang, piano.  

Felicidades al Festival Castell de Peralada, decano en ofrecer un gran cartel estival de música clásica y ópera, en la hermosa región del Empordà catalán. El Festival cumple este año su 30ª edición, que se abrió con el siempre eximio pianista chino Lang Lang. Inauguración de altura con el pianista del momento, una verdadera figura mediática. Es cierto que no todo el monte es orégano y que tener al gran intérprete con un programa casi calcado al que ya protagonizó en l’Auditori de Barcelona, tan solo unos meses antes, febrero de este 2016, con Bach incluido, aquí cercenado, no ofrecía mayor interés que poder ver al astro chino para el que se lo perdió en el sold out de la ciudad condal. 

Tampoco son Las Estaciones de Chaikovski, una de las obras más atractivas para un público que viene a una inauguración emblemática como la de esta edición, pero es el repertorio que Lang Lang ha grabado en su último Cd desde París y es el programa que ha venido tocando en gira todo este primer y segundo trimestre del 2016. Lástima porque se podría haber avanzado en primicia su nuevo Cd ya en promoción, New York Rapsody, una especie de carta de amor a la ciudad de los rascacielos que incluye temas tan icónicos como el Rhapsody in blue de Gershwin. O podría haber avanzado alguna de las obras de Granados o Falla, que ha declarado grabará también en breve con su primer repertorio de temática española que parece ser será uno de los programas que presentará en una gira de futuro próximo, sea como fuere, el recital que dio volvió a convencer, por si hiciera falta, por qué es hoy en día un pianista con una calidad fuera de toda duda y además un artista de evidente sensibilidad.

El repaso en forma de miniatura, no hay pieza que llegue de los seis minutos, de los meses del año que son Las estaciones chaikovskianas, se resolvió con dominio técnico, fluidez en el fraseo y momentos de gran plasticidad musical. El moderato inicial de En la chimenea, presentó un mes de enero calmo y con grados de introspección poco propios a una pieza inicial, tal es el dominio y sobretodo, la concentración que Lang Lang alcanza en sus ejecuciones. Hablar de la facilidad en el sonido, limpieza de movimientos, amanerados si uno quiere, pero siempre certeros, de gracilidad casi innata, se pudieron observar desde dos amplios monitores puestos a banda y banda del escenario, con una cámara que no perdió detalle de los brazos y manos del pianista desde un plano zenital. Es cierto que a nivel más enfático que expresivo, el Carnaval moscovita o Máslenitsa de febrero, pieza que contrasta fuertemente con el melancólico y tímido enero, sonó demasiado enérgico rompiendo algo un clima de cierta frialdad desde el público y que arrancó algunos aplausos al final del mismo, pero si un Carnaval no es vivo, ¿qué lo será?. Otro pequeño pero a la lectura pulcra e impecable de las estaciones por Lang Lang, es el poco sonido ruso que despierta su visión de la obra. Su mes de marzo, o Canción de la alondra, evita el tono folclórico, opción libre, pero con ello hace perder parte del encanto de un movimiento donde el legato marca un carácter más ensoñador que no narrativo. Pero Lang Lang sabe sacar oro de las minipiezas como en el vals del mes abril, donde La caída de la nieve se muestra en un hermoso diálogo desde las teclas, con pianísimos acariciantes y un claro dominio de la articulación. La capacidad melódica de Chaikovski se puede tornar imborrable como pasó con las hermosas Noches de mayo, o noches blancas, donde la poesía de la obra se funde con una delicada versión llena de fantasía y sensibilidad. Junto a una Barcarola (junio), de gran calado ruso, aquí sí, fueron de lo mejor de una lectura desenvuelta y llena de detallismo, donde los rubatos, el inteligente uso del pedal y sobretodo una expresividad marcada por una técnica impoluta, vertieron los pocos más de cuarenta minutos que duró la obra. El paseo sinestésico fue enérgico en el Canto de los segadores de julio, y la Sega de agosto, rompió en arpegios, escalas ascendentes y descendentes de una celeridad vertiginosa, donde el ritmo de la vida rural estival estuvo muy bien escanciada desde las teclas del joven pianista, como demostró en una Caza de septiembre implacable. Con los aires nostálgicos tan marca de la obra del compositor de La Dama de Picas, volvió el Lang Lang más intimista en un inicio del otoño, con un octubre pura fragilidad y expresión, ¿quién dijo que el chino es pura tecla de cara a la galería?, con momentos como este se demuestra la madurez y profundidad del intérprete y a fe que fue un Andante doloroso e monto cantabile de muchos quilates. Con una juguetona Troika de noviembre, donde era fácil imaginarse los caballos tirando del trineo y el Vals final de diciembre, Lang Lang certificó su maestría pianística con una lectura variada y minuciosa a la que no se puede más que aplaudir con energía y admiración.

Si con Las estaciones, el programa se inmiscuía en un universo multicolor y atmosférico de un Chaikovski, maestro del piano tardo-romántico ruso, con los Cuatro Scherzi de Chopin de la segunda parte, la espectacularidad y grandiosidad del piano de Chopin iba a ofrecer lo que para muchos fue el verdadero recital a la altura de una sonada inauguración como la vivida. De nuevo apareció el Lang Lang de omnipotente contundencia sonora, y de nuevo, parecieron algo demasiado extrovertidos, ciertos acordes de espectacular sonoridad, algo salvaje incluso, pero también es cierto que la capacidad de filigrana en las dinámicas y control del sonido son enseguida mostradas por el pianista quien mece al oyente y lo perturba en esa especie de jauría acústica que son los scherzi de Chopin. Lang Lang sabe recrearse, destilar los estados anímicos hedónicos y apolíneos que la escritura de las obras poseen en esencia. Así pues en el tormentoso Scherzo número 2, el piano parece engrandecer el eco romántico con un intérprete que no presenta los temas con insinuaciones sino que los lanza con fuerza y contundencia a un público que los recibe con una mezcla de asombro y fascinación. La sensación de catarsis del final del segundo Scherzo, coronado con una ovación, siguió al inicio del número 3 con un espíritu más impresionista y evocador, pero demostrando siempre la facilidad del control digital dentro de una estructura donde los apremios y la fogosidad de la composición son una continua prueba de fuego para cualquier intérprete. Aquí explota el Lang Lang más extrovertido y empático, el que conecta enseguida con la audiencia, transportando su energía como solista y el que sabe crear una vía directa con un público que cae rendido a su magnético arte al piano. El maestro del contraste volvió a aparecer con el Scherzo número cuatro, en Mi mayor, op. 54, donde el dulcificado carácter cantabile y amoroso tema central se fue transformando en ese final de febril ejecución que acabó por levantar a un auditorio que premió la ocurrencia de traer al pianista chino de nuestros días, a un Festival al aire libre que suplió la ligera amplificación con nota y con mérito. Tres bises como fueron el Intermedio de Manuel Ponce, la marcha afrocubana,Y la Negra Bailaba, de Ernesto Lecuona, otorgando un exótico contraste continental a Chaikovski y a Chopin, para acabar con el Rondo Alla Turca: Allegretto, tercer movimiento de la sonata para piano número 11 de Mozart, donde el virtuosismo de los dedos fue a la par de una espectacularidad estelar y explosiva. Si la inauguración de esta 30ª edición, parece ser hubiese sido más adecuada con la Gala Lírica del 15 de julio, hay que reconocer que el virtuoso chino cumplió con creces su cometido de estrella inaugural. Con el estreno de la nueva producción propia de Turandot (6 y 8 de agosto), el espíritu de China, en la obra maestra final de Puccini, volverá a Peralada y seguro no dejará a nadie indiferente. ¡Por muchos años más de Festival!

 

 

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