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Falstaff Coruna Arteta Terfel

Voces de excepción 

A Coruña. 10/09/2016. Palacio de la Ópera. Verdi: Falstaff. Bryn Terfel (Falstaff), Ainhoa Arteta (Alice Ford), Juan Jesús Rodríguez (Ford), Marianne Cornetti (Mrs. Quickly), Cecilia Molinario (Meg Page), Ruth Iniesta (Nanneta), Francisco Corujo (Fenton), Mikeldi Atxandalabaso (Bardolfo), David Sánchez (Pistola), Francisco Pardo (Dr. Caius). Dir. De escena: Gustavo Tambascio. Dir. Musical: Alberto Zedda. Orquesta Sinfónica de Galicia.

Dando por finalizado el descanso estival, el Falstaff programado por la Asociación de Amigos de la Ópera de A Coruña ha sido el responsable de inaugurar la temporada lírica española. Gracias a ello, artistas como Bryn Terfel, Ainhoa Arteta o Ruth Iniesta se subieron el pasado sábado a las tablas del Palacio de la Ópera de la ciudad gallega, bastando sus nombres -unidos al del maestro Alberto Zedda- para prometernos una representación de calidad y capaz de justificar el viaje desde cualquier otro punto de la península.

En Falstaff nos encontramos con el Verdi más maduro, necesitado de mostrar tanto a los demás como a sí mismo su capacidad para la comedia y perfecto ejemplo de la conservación de unas facultades artísticas que supo mantener intactas durante toda su vida. Así pues, reflejando el carácter y las emociones humanas como nunca nadie lo había hecho después de Mozart, el compositor de Busseto nos imparte en esta obra todo un catecismo, en clave humorística, sobre el honor y la arrogancia. La acción original transcurre en la Inglaterra de Enrique IV pero Gustavo Tambascio, director de escena de esta representación, ha encontrado los paralelismos suficientes para trasladarla más de 500 años en el tiempo, hasta el periodo de postguerra mundial. O al menos eso decía el programa informativo, puesto que nada a parte del vestuario -alejado del estilo del siglo XV- y de los escasísimos elementos que sirvieron de decorado nos hacía pensar en un cambio temporal. Sin duda debe ser complejo elaborar una escenografía cuando el presupuesto no permite contar con ningún elemento escénico, como sucedió durante la mayor parte del tercer acto, o cuando todo lo que reposa sobre el escenario se limita a unos pocos muebles. Asimismo, la pobre diferenciación conseguida entre los distintos actos desdibujó en cierta medida la historia original, haciendo imposible distinguir la Taberna de la Jarretera –donde se hospeda el orondo Sir John- del jardín de la casa de los Ford o de uno de sus salones. Tampoco se sacó partido a la económica (y frecuente hoy en día) técnica del video mapping, que permite la proyección de todo tipo de imágenes generadas por ordenador y que Tambascio limitó a unas tristes nubes blancas sobre un cielo azul, que sirvieron de telón de fondo permanente al tiempo que recordaban a la introducción de la famosa serie “Los Simpson”. Se trató, en definitiva, de una puesta en escena ciertamente modesta que, si bien se mostró incapaz de aportar algún valor añadido a la genial obra verdiana, supo respetar razonablemente su libreto original, logrando ceder el protagonismo a un elenco de cantantes que así lo merecía.

A la cabeza de ese elenco se situó, como cabría esperar, el gran barítono galés Bryn Terfel, que interpretaba aquí uno de sus roles fetiche. No cabe duda de que Terfel tiene el personaje de Falstaff totalmente interiorizado, siendo capaz de moldearlo escénicamente a placer. De este modo su gran presencia escénica nos hace olvidar muy rápidamente los aislados síntomas de fatiga vocal que presentó en algunos momentos y que son, quizás, prueba de un ligero descenso en su forma tras la agenda veraniega. Síntomas que, por otra parte, se hacen insignificantes frente al resto de virtudes que presenta, tales como un incisivo fraseo o un caudal sonoro por lo general sobradamente voluminoso, que dotan a su interpretación de una calidad innegable.

Habida cuenta de la crisis vocal que afrontó Ainhoa Arteta hace no demasiados años, resultó francamente gratificante escuchar su intervención en el papel de Alice Ford, donde lució una voz pletórica, resultado de una larga evolución que parece haber culminado ahora en una feliz madurez donde su notable sonoridad, cercana a la de una soprano spinto, se entremezcla con una flexibilidad envidiable para cualquier soprano lírica. Todo lo anterior, unido a sus innegables capacidades de actriz, permitieron a la guipuzcoana firmar una Alice capaz de robarle a Falstaff no sólo el corazón, sino también parte del protagonismo.

También resultó destacable la labor de Ruth Iniesta como Nanetta, un personaje que se amolda perfectamente a las cualidades artísticas de la zaragozana, tanto por su juventud como por su vocalidad, y del que sólo lamentamos su escasa participación en la obra, que nos impidió disfrutar del talento de Iniesta durante todo el tiempo que nos habría gustado. Junto a la Nanetta de Iniesta cantó Francisco Corujo, quien tenía en la interpretación de este Fenton una gran oportunidad para demostrar su calidad. Lo cierto es que el canario supo abordar su parte con corrección, luciendo un centro de bello timbre, aunque algo empañado por un tercio agudo que no termina de convencer. El elenco protagónico se cerró con la acertada labor de Juan Jesús Rodríguez como Ford, parte que el barítono abordó con solvencia vocal y gran convicción escénica, sabiendo aportar ese punto humorístico que, por momentos, tanto demanda su personaje.

Completando el reparto fue toda una suerte contar con el Bardolfo de Mikeldi Atxandalabaso, valor seguro en cada papel que interpreta y garantía de calidad tanto escénica como vocal. El resto de personajes estuvieron sobradamente cubiertos gracias al buen hacer de Marianne Corneti, que firmó una Mrs. Quickly de muchos quilates; Cecilia Molinari, como una correcta Meg Page y David Sánchez y Francisco Pardo como unos acertados Pistola y Dr. Caius respectivamente.

Desde el foso, la juventud de Alberto Zedda resulta casi milagrosa; y es que, a sus ochenta y ocho años, el director italiano supo imprimir a la obra el dinamismo y la vitalidad de quien apenas ha cumplido los treinta. Su entendimiento con la Sinfónica de Galicia es evidente y todo ello se tradujo en un sonido preciso y flexible que, si bien resultó algo falto de presencia en las cuerdas, fue capaz de adaptarse a cada uno de los momentos musicales creados por Verdi en esa suerte de testamento que es Falstaff. Atendiendo a su calidad global es sin duda una lástima que sólo se haya podido programar una única función de esta obra, pero aún lo es más que -por falta de apoyo- la programación lírica anual de un lugar que se hace llamar Palacio de la Ópera se limite únicamente a dos funciones (ésta junto a un Barbero de Sevilla programado para el próximo 17 de Septiembre). Aunque a fin de cuentas ya el propio Verdi nos advertía sobre las contradicciones humanas con esa genial fuga que cierra el tercer acto de Falstaff: “Tutto nel mondo è burla”.

 

 

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