© Miguel Osés | Fundación Baluarte
Calidad del producto local
Pamplona. 09/11/2025. Auditorio Baluarte. Henry Purcell: Dido and Aeneas. Lucía Gómez (Dido, mezzosoprano), Ferrán Albrich (Aeneas, barítono), María Pujades (Belinda, soprano), María Jesús Ugalde (espíritu, soprano), Haizea Lorenzo (mujer, soprano), María Izaga (hechicera, mezzosoprano), Jaurne Gaminde (primera bruja, soprano), Mario Hernández (sergunda bruja, contratenor), Aitor Garitano (marinero, tenor). Coro y Orquesta del Conductus Ensemble. Dirección musical: Andoni Sierra.
La presencia de la lírica en esta temporada de la Fundación Baluarte se va a limitar a este Dido and Aeneas en versión de concierto mas la próxima Tosca escenificada de enero/febrero. Nada más. Y nada menos, porque ambos títulos son dos referencias ineludibles en la historia de la ópera. No hay zarzuela –aunque sí la habrá en el Teatro Gayarre-, por lo que continuaremos con cierta sequía lírica en la capital navarra.
Para esta versión del título estrella de Henry Purcell se ha apostado por el producto local. Conductus Ensemble, grupo nacido en 2002, es bien conocido en estas tierras y garantía de calidad. Quizás no alcance las cimas de otros grupos europeos pero poco hay que envidiar. Al menos, después de disfrutar de una versión concertante de Dido and Aeneas de muy alto nivel y con la juventud como bandera.
La clave del disfrute fue el equilibrio existente durante los sesenta y cinco minutos del espectáculo: una orquesta –doce músicos- entregada, un grupo coral –veintiocho voces- de gran nivel, con un empaste y delicadeza envidiables y unos solistas con “poco” nombre –sobreentiéndase mi buena intención- pero gran acierto en su interpretación. Insisto en que en mi opinión la clave fueron unos grupos bien moldeados, ambos bajo la batuta de Andoni Sierra y con muchas voces conocidas entre los coralistas, entre ellos muchos que asumieron partes solistas en la ópera y unos solistas llenos de ilusión y calidad.

Por lo que al grupo orquestal se refiere apuntar la delicadeza de un bajo continuo efectivo compuesto por violoncelo, tiorba y clave y un conjunto de instrumentistas solistas que, una vez conjuntados, daban significado a la música, con necesidad de subrayar el trabajo de concertino y contrabajo. Quizás, como único pero, el puntual desequilibrio en detrimento de los instrumentos de viento, que palidecían ante el buen tono de la cuerda.
Por lo que al coro se refiere, digno de aplauso por un trabajo excelente. Muy agradables pianos y contrastes vocales, un empaste sólido y un equilibrio ajustado entre voces masculinas y femeninas. Y, siempre, la generosidad de muchos de sus participantes, hasta seis, que asumieron distintas partes solistas para inmediatamente, incorporarse al conjunto abandonando cualquier pretensión personal. Eso es servicio a y para la música.

Por lo que a los solistas se refiere quiero destacar a Lucía Gómez, donostiarra y sustituta de última hora de la inicialmente prevista Raquel Andueza. Ya tuve la fortuna de vivir su Dido en Donostia en 2022 y me reitero: voz densa, de cuerpo y volumen y con un estilo sobresaliente. Nada a la zaga le anduvo su alter ego, el barítono Ferran Albrich (Aeneas), quizás la voz más tupida del concierto y que supo dosificarla para no desequilibrar el conjunto. Algo más limitada en volumen la voz de María Pujades (Belinda) pero sustituyó con adecuación estilística su acotado volumen.
El resto de los pequeños papeles de esta breve ópera fueron interpretados por miembros del coro y aquí solo hay que descubrirse ante el trabajo realizado. Muy llamativa por poderío y enjundia la voz de María Izaga (hechicera), digna de mayores empresas; delicada y bella la de Haizea Lorenzo; muy intencionada la voz del tenor Aitor Garitano y sin bajar el nivel apenas un milímetro las de Jaurne Garminde, Mario Hernández y María Jesús Ugalde en el resto de personajes.
Ya queda dicho que la ópera se ofreció en versión de concierto, por ello es de subrayar el atento juego de luces aplicado a cada una de las escenas, tratando de facilitar el transcurrir de una historia que es perfecto ejemplo de concisión argumental. El auditorio Baluarte presentaba una entrada en torno al 60% del mismo, con toda la parte superior vacía, no sé si porque no se pusieron a la venta o por falta de demanda. La platea estaba ocupada en un 85% aproximadamente. Y es una lástima que con mucho y buen producto local y un resultado digno de aplauso no pudiéramos dar al recinto un aspecto más rotundo.

© Miguel Osés | Fundación Baluarte