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Un repaso por el Barroco 

Tolosa. 30/12/2025. Teatro Leidor. Obras de J. P. Rameau, H. von Biber, A. Corelli y G. F. Haendel. Euskal Herriko Gazte Orquestra/Joven Orquesta de Euskal Herria. Dirección musical: Pedro Gandía.

Cada seis meses, en julio y en diciembre, la Euskal Herriko Gazte Orquestra/Joven Orquesta de Euskal Herria realiza lo que denominan encuentros, ya de verano ya de invierno, en la que decenas de jóvenes músicos preparan una breve gira por las capitales de la Comunidad Autonómica Vasca y algún que otro pueblo más en la que presentan obras de repertorio y donde afrontan de forma cuasi profesional el trabajo que, en el mejor de los casos, les deparará el futuro: hacer música para el deleite de un público que, pagando una entrada, desea saber de su arte para hacer música. Normalmente las obras elegidas en este tipo de encuentros son las propias del repertorio clásico y/o romántico y compositores como Beethoven, Chaikowsky, Mahler o Shostakovich suelen ser muy habituales. 

En esta ocasión, sin embargo, se ha optado por una vía distinta, la del barroco, lo que conlleva sustanciales transformaciones con respecto a lo habitual. Normalmente el número de jóvenes implicados ronda los ochenta como máximo para hacer frente a obras como la Titán mahleriana o a la 5ª sinfonía del soviético Dimitri Shostakovich. En esta ocasión, empero, apenas han sido apenas treinta los jóvenes participantes y algunas secciones han estado ausentes del encuentro, a saber, gran parte del viento madera, la mayor parte del viento metal y toda la percusión. Por cierto, y dadas las circunstancias no me ha dejado de llamar la atención, que entre estos treinta intérpretes la existencia de una proporción 60-40 con preponderancia masculina.

El programa propuesta realizaba un recorrido por cuatro figuras relevantes de la época que abarcaban, así mismo, cuatro zonas culturales distintas: el más antiguo, Heinrich von Biber (1644-1704) representaba el barroco alemán; Arcangelo Corelli (1653-1713), a la Italia aún sin construir; Jean Philippe Rameau (1683-1764) al relevante barroco francés, cortesano de la monarquía absolutista y Georg Friedrich Haendel (1685-1759), siquiera por adopción, al arte propio de las Islas Británicas. Así pues, música durante 75 minutos para repasar lo fundamental de la Europa musical del siglo XVII y comienzos del siguiente.

La plantilla estuvo completa en primera y última obras, las de mayor enjundia; la primera la Suite de Les Boreades, la última ópera de Rameau y en la que la cuerda estuvo a buen nivel, sonora y empastada a pesar de las dificultades técnicas de la misma. El concierto se cerró con una selección de la Water Music, suite en fa mayor, HWV 348, de Haendel y en las que además se incrustaron y con un nivel realmente digno de aplauso cinco solistas de viento, a saber, dos oboes, dos trompas y fagot. Sorprendieron tanto por la dificultad intrínseca de los instrumentos como por las enormes prestaciones la labor de estos cinco solistas, muy compenetrados y acertados en su trabajo y que recibieron un merecido aplauso del público.

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En el centro del programa la Batalla a 10, de Heinrich von Biber, presentada por el director y que fue, a consecuencia de su carácter programático, la obra que mayor capacidad de unión con el público tuvo, sin duda alguna, incluyendo la “ejecución” del solista de clave por parte de los malvados contrabajos. La obra narra la fiesta, posterior borrachera y ulterior lamento de los heridos de un grupo de mosqueteros que tiene un día “complicado”. Los jóvenes se aplicaron e implicaron y con una elemental escenificación pudimos vivir la obra con singular teatralidad.

Poco después el Concerto grosso op. 6, nº8 en sol menor, Fatto per la notte di natale, de Arcangelo Corelli, única obra relacionada directamente con las fechas que nos ocupan. Los componentes de la Euskal Herriko Gazte Orquestra/Joven Orquesta de Euskal Herria estuvieron muy implicados y aunque en algunos momentos se observaban ciertas asperezas en las partes de agilidad no puede negarse buen gusto y un esfuerzo evidente por satisfacer al público. En todos los casos estuvo a la batuta y empuñando al mismo tiempo el primer violín Pedro Gandía, con el que ha trabajado la juventud durante semanas el concierto mismo y, supongo, el estilo propio de la estética barroca.

El tolosarra Teatro Leidor presentaba un 80 % de ocupación y, por desgracia, bien por la falta de costumbre de asistir a este tipo de eventos, bien porque los hados estuvieron en nuestra contra, el número de teléfonos que oímos fue de record; eso sí, nos congratulamos de que no tuviera que intervenir el 112 dada la intensidad de las toses, que anunciaban lo peor dada su volumen. En apenas seis meses podremos vivir un nuevo encuentro y ojalá podamos confirmar que la cantera vasca musical funciona con mucha efectividad.