© Iván Martínez
Carmencita
Oviedo. 1/02/2026. Teatro Campoamor. George Bizet: Carmen. Francesca Sassu (Micaela, soprano), Marcela Rahal (Carmen, mezzosoprano), Leonardo Capalbo (Don José, tenor), Damián del Castillo (barítono-bajo, Escamillo), Jeroboám Tejera (bajo, Zúñiga) y otros. Coro Infantil Escuela de Música Divertimento. Coro Titular de la Ópera de Oviedo. Orquesta Oviedo Filarmonía. Dirección escénica: Emilio Sagi. Dirección musical: Rubén Díez.
Menos mal que el acto IV vino a levantar la función porque el resto había sido transcurrido de forma bastante anodina tanto en lo escénico como en lo vocal en esta ópera de renombre. Carmen es todo menos una obra fácil y en ocasiones se considera que dada su popularidad puede hacerse casi de cualquier manera pero las exigencias de la partitura son muchas y en lo escénico también son múltiples las referencias que se han levantado en torno al mito de la gitana libre. Por ello, y quizás sin concordar en exceso con el público, a mí la función me pareció plana, aburrida y falta de originalidad… hasta el cuarto y último acto, donde vimos luces.

Estas luces se refieren fundamentalmente al aspecto teatral. Acepto que el Teatro Campoamor tiene enormes limitaciones escénicas pero hacer una Carmen con un escenario único es quizás demasiado. Un coso taurino con su arena roja recogió ya la Sevilla del acto I, la taberna de Lilas Pastia del II, las montañas andaluzas del III y el mismo coso taurino del acto final mientras los miembros del coro entraban en cada uno de los actos cargados con mesas y sillas para salir al final de cada uno de ellos con los mismos elementos; se llenaba el escenario de estos utensilios sin llegar a entender el último objetivo, con la obvia excepción del acto II, siendo la escena como es en una taberna. Sin embargo esas mismas sillas y los coralistas simularon en el acto IV el coso taurino y en su interior se produjo esa desigual e injusta pelea entre Carmen y Don José, con el resultado que todos conocemos. Sin duda, la idea más original de la velada; el resto de la propuesta de Emilio Sagi es endeble y las proyecciones del telón de fondo apenas ayudan a mejorar el resultado.

En lo vocal también observe cierta evolución, sobre todo en el papel protagonista. La brasileña Marcela Rahal comenzó dubitativa con un L’amour est un oiseau rebelle vocalmente tímida y solo en el último acto pudimos observar el chorro de voz y la adecuada proyección de la misma. Actriz limitada supo terminar su función arriba pero sin despertar excesivas pasiones.
Su compañero de tragedia, el Don José encarnado por Leonardo Capalbo, me produjo cierta decepción. Voz hay pero Don José no es solo un desequilibrado preso de una histeria permanente y Capalbo nos muestra un soldado extremo, excesivo y casi patológico, con movimientos compulsivos que llegaron a saciar. Vocalmente los agudos están muy forzados y el legato brilla por su ausencia. Su Don José es un macho ibérico de manual pero su fraseo precipitado en el aria de la flor o en la escena final, su limitación para apianar sin falsete, sus limitaciones para dar –cuando toca- cierta dignidad al personaje lo convierten en un personaje monocolor y creo que Don José es algo más que un agresivo frustrado.

Mi decepción se produjo, así mismo, con Francesca Sassu, una Micaela de escaso vuelo, con problemas obvios de fraseo y que dejó pasar la escena del acto primero entre la indiferencia general. Algo mejor en el tercer acto, no arrasar cantando Micaela es un debe importante en o para cualquier soprano lírica. Damian del Castillo, barítono lírico, quizás no tenga la voz más contundente para Escamillo pero me pareció su interpretación la más redonda de la noche. Es dueño de una planta muy toreril y supo dar a su ingrato papel el tono de chulería y soberbia propios de quien se cree el centro del universo.

Entre los papeles menores destacó el Morales muy sobrado de Emmanuel Franco mientras que Jeroboám Tejera dio al Zuñiga el realce vocal necesario. Muy bien las dos gitanas, la soprano Inés Ballesteros, sonora en los concertantes, y la mezzo Anna Gomá, de voz oscura, muy atractiva. Javier Povedano dio a su Dancairo una sonoridad poco habitual mientras que el veterano Josep Fadó llevó con tino su Remendado. Muy bien la chavalería del Coro Infantil Escuela de Música Divertimento aunque en su escena inicial del vacile del desfile de la guardia se descuadraron por momentos; más acertados en la bella escena coral del acto final. El Coro Titular de la Ópera de Oviedo estuvo a muy bien nivel, mejorados con respecto a prestaciones de otros títulos esta misma temporada.
Rubén Díez tuvo bastante trabajo y es que Carmen es, además, una obra larga y en la que es necesario saber guardar el equilibrio entre tantos personajes, coro y orquesta. Ya queda dicho que el acto primero tuvo algunos momentos de descuadre y lo mismo ocurrió en el célebre quinteto del acto II -¿puedo decir que es la música que más me gusta de esta ópera?- en el que orquesta y solistas caminaban de forma sospechosamente desconjuntada. Sin embargo en la obertura y los distintos preludios Díez sacó la Orquesta Oviedo Filarmonía un sonido recio y de cierta brillantez.

Con Carmen ha finalizado la temporada 2025/2026 de la capital del Principado de Asturias. Ya se han anunciado los nuevos títulos aunque faltan los repartos. Quizás éste último ha sido el menos brillante de los cinco. Lo mejor, el inaugural Hansel und Gretel y el central Orlando furioso por lo que supone de acercamiento a repertorios y títulos infrecuentes. Solventes Romeo et Juliette y Rigoletto y simple aprobado para esta Carmen. Tampoco espero que se comparta esta opinión pero esta es, al menos, la valoración de quien firma estas líneas y ha disfrutado de la ciudad y el teatro. Hasta la temporada que viene.