© Anna Gatunok
Francisco Coll: "Nunca he pretendido seguir una corriente determinada"
Francisco Coll sigue siendo uno de los compositores con más proyección internacional. A menudo dirige sus propios estrenos, faceta que compagina exitosamente con la composición, y orquestas como la filarmónica de Luxemburgo, la de Los Ángeles, la Sinfónica de Lucerna, la London Sinfonietta, y un buen puñado de formaciones españolas han llevado su música a los escenarios. Su irrupción en los BBC Proms lo situaron en la gran escena musical y entre sus galardones figuran el Premio del Compositor de ICMA (2019), International Classical Music Awards y el BBC Music Magazine Awards ambos en 2022, y el reciente Premio Nacional de Música (2025). Importantes intérpretes de la talla de Javier Perianes, Mahan Esfahani, Quartet Casals, y muchos otros, han interpretado sus obras, manteniendo un estrecho lazo con intérpretes como la chelista Sol Gabetta, la violinista Patricia Kopatchinskaja o el director Gustavo Gimeno. El compositor valenciano vuelve a las páginas de Platea con motivo de su estreno operístico Enemigo del pueblo en el Palau de Les Arts y su próxima representación en el Teatro Real.
Valencia, con su tradición de bandas y su latido popular, fue también el lugar donde usted dio sus primeros pasos como trombonista en la orquesta de la universidad. Con el estreno de esta nueva ópera, ¿qué ha significado para usted reencontrarse con su ciudad natal?
El estreno de mi ópera Enemigo del pueblo en el Palau de Les Arts de Valencia ha sido una experiencia muy especial para mí, sobre todo por haber tenido la oportunidad de compartirlo con mi familia y amigos cercanos. Efectivamente, en Valencia, recibimos esa vasta herencia musical, y a partir de ahí es nuestra responsabilidad intentar enriquecerla, extenderla y proyectarla a nuestro modo.
Siempre ha recalcado que su referencia en el mundo de la composición es Thomas Adès, con quien estudió con él en Londres –su único alumno reconocido–. ¿Hasta qué punto ha sido importante su influencia y qué relación mantiene con él a día de hoy?
Aunque han sido pocos, son varios los compositores que me han marcado y han influenciado mi manera de entender la composición. Pienso en Ives, en Ligeti o en Lutosławski, pero también en Victoria, Janáček o Sibelius… lo que diferencia a Adès del resto es que está vivo, y he tenido la suerte de poder compartir tiempo y espacio con él. A día de hoy somos amigos, estamos en contacto, nos vemos de vez en cuando y sigo compartiendo mis inquietudes artísticas y musicales con él. Me siento muy afortunado, ya que se trata de alguien que admiro enormemente.
Ha comentado en varias ocasiones que su obra nunca ha buscado la experimentación como un fin en sí mismo. También ha sugerido que se muestra reticente a ciertas tendencias. Por ejemplo, la electrónica no es un recurso muy presente en su catálogo. ¿Qué opinión le merecen las “etiquetas” que clasifican a los compositores y cómo ve la composición contemporánea a día de hoy?
No me siento cómodo cuando me etiquetan. En cuanto alguien ha pretendido señalar una tendencia determinada en algunas de mis piezas, automáticamente he hecho lo contrario en la siguiente obra. Supongo que en parte es debido a que nunca he pretendido seguir una corriente determinada. No me seducen las tendencias que están de moda y pienso que estas pueden perjudicar la imaginación. En definitiva, tiene que ver un poco con mi personalidad creativa. Digamos que prefiero crearme mis propios problemas para, a continuación, poder resolverlos sin las ayudas de los “ismos” en boga. Pero como digo, se trata de algo personal.
Entiendo que otros compositores se sientan cómodos siendo parte de un grupo. En realidad, a mí todo me sirve si consigo ver su utilidad. Podría decir que en mi obra he utilizado recursos renacentistas, barrocos, surrealistas, conceptuales, espectralistas, flamenco imaginario, sin por ello pertenecer a ninguno de esos estilos.
Esta temporada es compositor en residencia por la Orquesta Sinfónica de Castilla y León. Próximamente Kirill Gerstein interpretará Dos valses hacia la civilización y su nuevo concierto para piano con la OSCyL. Siendo el piano una de sus inquietudes más activas y habiendo trabajado con pianistas de la talla de Perianes y Antonio Galera, ¿qué ha significado para usted este nuevo trabajo con Gerstein y esta colaboración con la OSCyL?
Me siento realmente afortunado de poder colaborar con alguien con una capacidad tan extraordinaria como la de Kirill Gerstein. Pienso que, tal vez por mi manera de concebir la composición -la cual se desarrolla a través de la intuición y la fantasía- y por la complejidad de mi música, Kirill -que nunca parece tenerle miedo a nada- representa mi intérprete ideal. Hace menos de un año estrenó en Estados Unidos mis Dos valses hacia la civilización, y desde entonces los ha interpretado en medio mundo, incluyendo el Carnegie Hall de Nueva York, la Boulez Saal de Berlín o el Wigmore Hall de Londres. Yo he asistido a varios de sus recitales y cada vez me sorprende con algo nuevo, algo diferente que antes no había escuchado. Además, es muy ingenioso a la hora de idear programas en los cuales combina de manera elegante e inteligente a los clásicos con los compositores actuales, creando un vínculo muy especial y presentando a los clásicos como contemporáneos y a los contemporáneos como clásicos. Estoy deseando que se estrene mi Concierto para piano en Múnich y a continuación hacer el estreno español de la obra en Centro Cultural Miguel Delibes de Valladolid con la OSCyL.
De hecho, su música también ha sonado hace poco en Valladolid con Hímnica, en un programa que incluía el Idilio de Sigfrido, con Thierry Fischer a la batuta. ¿Qué puede decirnos de ese encuentro y qué supone Wagner para usted, ahora que se adentra de lleno en el terreno de la ópera?
Me hubiera encantado haber podido estar presente en la reciente interpretación de Hímnica en Valladolid, pero tras más de un mes fuera de casa debido a los ensayos de mi ópera, ahora estoy de nuevo en Suiza concentrado y dedicado a la composición de nuevas obras. Dicho esto, tengo muchas ganas de poder viajar a Valladolid para escuchar otras de las obras que han programado esta temporada como parte de mi residencia con ellos. La música de Wagner siempre ha sido un referente para mí. Incluso en aquella época en la que nunca imaginé que acabaría escribiendo óperas, su música resultó ser un gran aprendizaje y un importante estímulo para mis primeros pasos en el terreno de la composición. Es uno de esos pocos compositores que resultan inevitables para todo aquel que quiera adentrarse en el mundo de la composición musical, como lo son Kafka o Borges para los escritores y Goya o Picasso para los pintores.
En noviembre el Palau de Les Arts estrenó Enemigo del pueblo, ópera en dos actos con libreto de Àlex Rigola en coproducción con el Teatro Real. ¿Cómo ve este importante capítulo en Madrid?
Tengo muchas ganas de dirigir Enemigo del pueblo en Madrid y conocer al público del Teatro Real. Viví en Madrid durante el curso 2007/2008 y tengo unos recuerdos maravillosos de la vitalidad de la ciudad. La oferta cultural es increíble. Estoy deseando pasar unas semanas en Madrid a principios de año y reencontrarme, entre otras cosas, con algunas obras del Museo del Prado.
Café Kafka, ópera en un acto con libreto de Meredith Oakes, fue la obra que definitivamente marcó su irrupción en la escena londinense. Siendo Enemigo del pueblo una obra de envergadura y temática muy distintas, ¿cómo afrontó este nuevo proceso de composición?
La música que he escrito para Enemigo del pueblo es el resultado de todos estos últimos años componiendo música sinfónica, conciertos, cámara, coral... Tal vez las influencias musicales directas en Enemigo del pueblo son menos obvias en comparación con Café Kafka, que tenía una clara influencia de Ligeti, ya que se trata de un compositor que fue capaz de humanizar de algún modo la vanguardia, y esa humanización fue mi punto de partida como compositor de ópera. En cambio, se podría decir que para Enemigo del pueblo he recurrido a mi propia biblioteca, una biblioteca confeccionada a partir de las obras que he ido escribiendo en la última década. Aunque como ocurre en Café Kafka, la música que he escrito para Enemigo del pueblo obvia el desajuste del mundo, dado que se trata de un aspecto que considero importante, y por lo tanto no me interesa maquillarlo. Un desajuste musical que puede, tal vez en algunos oídos, resultar algo incómodo. Al mismo tiempo también intento que la música contenga cierta belleza. Supongo que se trata de una belleza peculiar, considerando que llegué a ella a través de los escombros que las vanguardias del siglo pasado dejaron a mi paso.
"EL TEMA PRINCIPAL DE ENEMIGO DEL PUEBLO ES LA LUCHA DEL INDIVIDUO CONTRA LA MASA. ESTO NO ES NECESARIAMENTE UN TEMA POLÍTICO. ES UN ARQUETIPO QUE ME INTERESA MUCHO A NIVEL MUSICAL"
¿De qué manera conecta con el público esta nueva ópera?
A pesar de que para algunos el texto de Ibsen sea un teatro fundamentalmente político, para mí -y desde esa perspectiva afronté la composición de Enemigo del pueblo- el tema principal de la ópera es la lucha del individuo contra la masa. Esto no es necesariamente un tema político. Es un arquetipo que me interesa mucho a nivel musical, y en el que profundicé a través de, por ejemplo, mis conciertos para violín o piano. Pero a la vez es un tema que trasciende lo puramente artístico, y se convierte en un aspecto que se puede relacionar con la psicología (pienso en Jung), la sociología o la filosofía. De hecho, confieso que mientras escribía la música para el segundo acto de mi ópera, concretamente la escena en la que el coro (pueblo) señala al barítono (doctor) como enemigo, tuve todo el tiempo en mi escritorio un ejemplar de El desprecio de las masas del filósofo alemán Peter Sloterdijk. Este ensayo, que trata de una manera directa -y a la vez con un lenguaje poético-, las luchas culturales de nuestra sociedad moderna, fue un gran estímulo para escribir la parte del coro.
Su doble faceta de compositor y director le sitúa en un punto artístico privilegiado. Hay compositores reacios a dirigir sus obras, el cual, no es su caso. ¿Cómo maneja usted esa dualidad en general y cómo vivió la experiencia de dirigir su ópera?
Supongo que depende del perfil y las capacidades de cada uno. Son muchos los compositores que también dirigían; Mahler, Bernstein, Wagner, Berlioz, Stravinski, Shostakóvich, Britten, Boulez, Berio, Benjamin, Adès,… y es que existe una fascinante intersección donde ambos roles, los del director y el compositor, convergen, dando lugar a individuos conocidos como compositores-directores, que poseen la capacidad de concebir obras musicales pero también la de moldearlas desde el podio.
En mi caso, pienso que he encontrado un buen balance entre las dos actividades, siempre, aunque lo entiendo como actividades complementarias, dando prioridad a la composición. Dirigir el estreno de mi ópera ha sido una gran experiencia. Era la primera vez que dirigía desde el foso, y la verdad es que lo he disfrutado mucho. El elenco de solistas que tenía era fantástico, y además ha habido una fuerte conexión con la Orquesta y el Coro de la Comunitat Valenciana. El nivel de compromiso desde todos los frentes era enorme, y cuando eso ocurre, los resultados suelen ser buenos.
La mayor parte de su obra se ha estrenado o bien engendrado fuera de España ¿Siente que, con este estreno –junto con Lilith, presentada en Gijón la pasada temporada por la OSPA–, el próximo concierto para piano y la creciente presencia de su música en auditorios españoles, se está fortaleciendo su vínculo con la escena nacional? En otras palabras, para un compositor que reside fuera, ¿vive esta etapa como un regreso?
No le llamaría regreso, ya que en realidad nunca llegué a marcharme del todo. Lo que quiero decir es que a pesar de vivir fuera de España desde hace casi veinte años, he mantenido un contacto regular con mi país. Es cierto que la gran parte de mi actividad como compositor la desarrollo fuera de España, pero esto es algo que siempre lo he vivido como algo normal, y no ha llegado a ponerme nervioso, tal vez porque no depende del todo de mí y de mi trabajo. Nunca he tenido especial interés en forzar nada; si algo tiene que suceder, antes o después sucederá. Lo cierto es que a día de hoy, el número de propuestas que me llegan de instituciones musicales españolas crece año tras año.
En estos últimos años con su creciente presencia fuera y dentro de España, ¿ha cambiado su percepción sobre la manera en que el público español acoge la música contemporánea comparándolo con otros países?
El caso es que no creo que exista el público español como tal, sino una gran variedad de públicos españoles. Tampoco existe una música contemporánea. Es una pregunta demasiado abierta y, por lo tanto, una contestación adecuada requeriría de un espacio del cual no disponemos aquí. A mí personalmente me alegra cuando me entero de que el público del Liceu de Barcelona recibió con entusiasmo las óperas de George Benjamin, o que la música de Thomas Adès puso en pie al público del Auditorio Nacional de Madrid. Lo mismo pasa con la música de Hans Abrahamsen, Kaija Saariaho o Arvo Pärt cuando se presenta en nuestras salas de conciertos… por lo tanto, podemos sacar como conclusión que cuando la música es buena, el público muestra interés y la recibe con agrado.
"CADA VEZ QUE ESCRIBO UNA NUEVA OBRA, PINTO UN LIENZO RELACIONADO DE MANERA DIRECTA CON LA OBRA EN CUESTIÓN. PARA MÍ PINTAR Y COMPONER SON LA MISMA COSA"
Recientemente ha sonado música suya en Nueva York, interpretada por el pianista Antonio Galera, con quien ya había trabajado anteriormente ¿Qué puede decirnos sobre un encargo tan especial y el estreno de Tenebrae y Disparates, dedicadas a Zurbarán y Goya?
Tenebrae y Disparates son parte de un ciclo de once piezas que empecé a escribir hace unos años. Es una especie de recorrido por la pintura española, desde el Greco a Barceló, pasando, entre otros, por Velázquez, Picasso, Miró y Tàpies. La primera obra que escribí fue Madre, como homenaje a Sorolla. Después les siguieron Ball de Carn y Gradiva (que homenajean a Barceló y a Dalí respectivamente). En el último año he acabado el ciclo completo, que tendrá una duración total de más de media hora, y el cual estrenará Kirill Gerstein. Intenté que cada una de las piezas dijera algo del pintor homenajeado. El único pintor vivo del ciclo es Miquel Barceló, quien estuvo presente en el estreno de Ball de carn la temporada pasada en el Liceu de Barcelona. Al terminar la interpretación, Miquel -como si de un retrato se tratara- me dijo que se había reconocido.
En relación a la pintura, queda claro que esta no es un mero pasatiempo para usted. ¿Qué lugar ocupa realmente en su vida y de qué manera se relaciona con su música y su manera de componer?
Me alegra y le agradezco que no lo perciba como un mero pasatiempo para mí, ya que efectivamente se trata de algo mucho más importante a nivel personal. Es más, diría que la pintura tiene una influencia directa en mi manera de componer, ya que es parte indisociable de mi proceso creativo. Cada vez que escribo una nueva obra, pinto un lienzo relacionado de manera directa con la obra en cuestión. Para mí pintar y componer son la misma cosa. Nunca he conseguido ver la diferencia. Además, pintar es el mejor método que he encontrado para desbloquearme. Incluso ambas disciplinas comparten terminología, y de ese modo hablamos de la armonía, la proporción, los colores, el movimiento, el ritmo, la forma… sin saber realmente si nos referimos a la pintura o a la música. Además, suelo pensar como un pintor a la hora de componer. Mi música está construida a base de capas superpuestas, como el óleo sobre lienzo.
Y para acabar, siendo Suiza su país de residencia, ¿le resulta fácil encontrar la inspiración para componer? ¿Qué aficiones tiene cuando se aleja del pentagrama?
La verdad es que alejarme del pentagrama puede resultar algo difícil, y en parte se debe a que no tengo la necesidad de alejarme. Digamos que estoy bien ahí, enredado entre sus cinco líneas (risas). Componer me hace feliz, y por eso lo hago. No compongo para que me aplaudan, o me otorguen premios. Tampoco por el reconocimiento. De hecho, la gente que me conoce de cerca sabe que no me gusta llamar la atención y siempre procuro quedarme discretamente al margen de cualquier situación para pasar desapercibido.
Volviendo a la primera pregunta, aunque durante el día paso solamente unas pocas horas sentado en mi escritorio componiendo, sí es cierto que estoy de algún modo todo el día componiendo, ya que se trata de algo mental. Lo que quiero decir es que uno nunca sabe cuándo le va a llegar un estímulo lo suficientemente intenso como para provocar una idea musical. Puede suceder durante mis paseos diarios por el bosque, leyendo un poema, pero también en el supermercado o en un estado hipnagógico. Mi tarea es estar atento y receptivo para ser inseminado en cualquier momento por una idea musical, que por lo general, este tipo de alucinaciones, aparecen en un lapso de tiempo equivalente al de un pestañeo.
Dicho esto, y volviendo a las aficiones que pueda tener, me considero un lector apasionado. Ahora estoy sumergido en la peculiar e intensa literatura de Mircea Cărtărescu. Y por supuesto, soy un padre presente, y paso muchas horas junto a mis hijos. Por lo general jugamos a juegos de mesa, y salimos en bicicleta por los prados del cantón de Lucerna. También les leo poemas de Lorca y de Borges o visitamos museos de arte en Zúrich o Basilea.
Fotos: © Anna Gatunok