© Dieter Nagl | Wiener Philharmoniker
Un director para el siglo XXI
Un perfil sobre Yannick Nézet-Séguin, el director del próximo Concierto de Año Nuevo
A pesar de ser una cita cuajada de reminiscencias de tiempos pasados, lo cierto es que el Concierto de Año Nuevo en Viena sigue siendo uno de los eventos más mediáticos de la temporada, trascendiendo con mucho las coordenadas de la vida musical propiamente dicha. Al margen de su dimensión como acontecimiento social, el concierto es un buen termometro para saber hasta qué punto la música clásica camina o no acompasada con los cambios que han ido marcando la vida de nuestras sociedades en los últimos años.
Desde este punto de vista la elección del canadiense Yannick Nézet-Séguin para dirigir el concierto de este año no parece casual. Nacido en 1975, en Montreal, desde el año 2018 Nézet-Seguin ostenta la dirección musical de la Ópera Metropolitana de Nueva York, cargo que compagina con su titularidad al frente de la Orquesta de Filadelfia, un conjunto que viene liderando desde el año 2012, con un contrato en vigor hasta la temporada 25/26. Además, desde 2019 Nézet-Séguin ostenta la dirección musical vitalicia de la Orchestre Métropolitain, una formación con sede en Montreal a la que llegó en el año 2000.
Con anteroridad, el maestro canadiense había ostentado cargos como batuta titular al frente de la Orquesta Filarmónica de Rotterdam (2008–2018). Entre 2007 y 2014 fue también el principal director invitado de la London Symphony Orchestra. Nézet-Séguin mantiene también un estrecho vínculo con la Chamber Orchestra of Europe, con la que grabó de hecho la integral sinfónica de Brahms en 2024, para Deutsche Grammophon.
Nézet-Séguin debutó con la Orquesta Filarmónica de Viena en enero de 2010 e hizo lo propio la Orquesta Filarmónica de Berlín en octubre de 2010. Con ambas orquestas, de manera más estrecha si cabe con los vieneses, mantiene un excelente vínculo como prueba su elección para el presente Concierto de Año Nuevo.
El director canadiense, abiertamente homosexual -su marido es el violista Pierre Tourville-, ha demostrado un firme compromiso con valores como la igualdad o la diversidad, apostando por ejemplo por restituir el legado musical de la compositora afroamericana Florence Price, cuyas sinfonías ha grabado con la Orquesta de Filadelfia y de quien este año podrá escucharse una obra en el Musikverein, el próximo 1 de enero.
Entre sus referentes y mentores Yannick Nézet-Seguin siempre ha citado al gran Carlo Maria Giulini, al que tuvo ocasión de seguir al inicio de su carrera y de quien heredó una particular querencia por el sinfonismo de Bruckner. Asimismo figuras como Seiji Ozawa y Charles Dutoit ejercieron una influencia importante durante los primeros años de su trayectoria como director de orquesta.
Cuando entrevisté a Yannick Nézet-Séguin en 2018, al hilo de su vista al Festival de Santander con la Filarmónica de Rotterdam, me dio la impresión de ser lo más parecido posible a un director del siglo XXI, en un sentido casi arquetípico. Su nombramiento al frente del Met era entonces reciente y el maestro canadiense tenía ya ideas muy claras sobre lo que las nuevas tecnologías y la ópera de nueva creación podían suponer de cara a revitalizar la audiencia del coliseo neoyorquino, golpeado entonces por el affaire Levine.
Sin duda la presencia de Yannick Nézet-Séguin en el presente Concierto de Año Nuevo es un signo de los nuevos tiempos. La música clásica, tantas veces acusada de ser un reducto casposo y tradicionalista, está llamada a renovarse o morir. El director canadiense representa como pocos a una generación de batutas, rondando ahora los cincuenta años de edad, que han hecho suya una ueva manera de entender el liderazgo y la comunicación desde el podio. Pienso en nombres como los de Kirill Petrenko, Andris Nelsons o Daniel Harding, pero también en maestro españoles como Gustavo Gimeno o Pablo Heras-Casado. Todos ellos representan una nueva forma de entender la profesión del director de orquesta, lejos de arquetipos tiránicos y apostando por una mirada cada vez más comprometida con sus sociedades e instituciones musicales.
Dicho esto, parece que los filarmónicos vieneses caminan por el buen sendero. La pregunta ahora es, ¿para cuándo una mujer al frente del Concierto de Año Nuevo? Ya va siendo hora...