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De Broadway a París

Barcelona. 28/03/26. L’Auditori. Festival Ciutat de Clàssica. Obras de Schuller, Bernstein, Adams y Gershwin. Orquestra Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya. James Ehnes, violín. Ludovic Morlot, dirección.

La última convocatoria de la OBC este marzo ha contado con el regreso del violinista James Ehnes a la sala grande de L’Auditori, en un peculiar programa de inspiración norteamericana con Ludovic Morlot de nuevo en el podio. Sorprendió la disparidad de plantillas a las que el maestro hizo frente, desde la orquesta de cuerdas hasta la banda de metales, culminando naturalmente con la orquesta –al completísimo– con la célebre Un americano en París de Gershwin, en una planteamiento interesante en cuanto a variedad de estéticas, que incluyó dos interpretaciones inéditas en el auditorio barcelonés: Sinfonía para metales y percusión, escrito por Gunther Schuller (1925-2015), no demasiado popular por estos lares; y I Still Dance de John Adams. El menú lo contempló la Serenata para violín, cuerdas, arpa y percusión de Bernstein, autor de obligada presencia en esta radiografía musical estadounidense que se citó para viernes sábado y domingo.   

Llamó la atención, pues, la puesta en escena inicial: un inusual escuadrón de latón en forma de media luna, con la línea de trompas tras los trombones –algo de agradecer para las primeras en ausencia de mamparas acústicas–. Morlot apostó por la estabilidad más que por la confrontación habitual entre agudos y bajos, situando tubas y bombardino en el centro de la formación. El director, sin batuta, recorrió los entresijos de una partitura donde los clústeres y las amalgamas armónicas vertebran un discurso teñido de esa estética “dura” tan propia del lenguaje sinfónico estadounidense de mediados de siglo. Aunque costaría recordarle al frente de un destacamento similar –más próximo a un ensemble de cámara que a la banda– el francés transitó bien por dicha audición, en la que destacó el tercer movimiento y su coral de trompetas, con los intérpretes siempre atentos a los juegos de sordina.

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En el terreno bernsteiniano –Serenata basada en el Banquete de Platón– el americano pronto deleitó la sala con las gracias de su Stradivarius. Hubo en su sonido una mezcla particularmente elocuente de brillo y ductilidad, como si el instrumento, lejos de imponerse, se dejara moldear ya en cada inflexión del primer solo violín, que culminó con un quirúrgico y suave asalto a las esferas de la tesitura. Morlot manejó bien el Allegro marcato y el solista perfiló el timbre matizando hacia el sul ponticello, aunque siempre ciñéndose a las indicaciones de Bernstein. Destacó su paso por el discurso de Aristófanes, el segundo movimiento, y mostró su precisión en las articulaciones del travieso discurso del segundo bloque, muy concentrado siempre en la afinación durante las dobles cuerdas. Morlot e invitado afrontaron el tercer tiempo y la orquesta respondió con nervio a la intrépida miniatura, antes del contrastante cuarto tiempo, donde el solista pudo desplegar su lirismo. Los protagonistas recorrieron el discurso de Sócrates, que sin duda postuló a lo mejor del concierto, aunque el paganinístico final quedó algo opacado por la orquesta. Dos propinas de Bach –especialmente memorable la primera por la solvencia de la “falsa” polifonía y la claridad de las voces, el Allegro assai de la Sonata nº 2 para violín solo–, aderezaron el triunfal regreso del violinista.

Morlot también manejó bien la enorme plantilla de la partitura de Adams, que contó con instrumentos inusuales como el djembe o el bajo eléctrico, y la OBC pudo recrear el dinámico dramatismo de un autor frecuentemente adscrito a la corriente minimalista americana. Como buen francés –aunque natural de Lyon– sobrellevó convenientemente el tour parisino de Gershwin, que se desarrolló sin sorpresas, aunque eso sí, reforzando algunas secciones –como la de trompas con una quinta– para navegar por el Sena sobre seguro. La trompetista Mireia Farrés cumplió en los momentos clave, y sus compañeros en la sección viento-metal también rindieron en sus determinantes intervenciones. A nivel orquestal, a pesar de algún levísimo desajuste en las percusiones graves, la OBC firmó una recomendable interpretación y volvió a dar la talla en un programa que también contó con estudiantes de la ESMUC, cerrando el primer tramo del año recibiendo la Semana Santa en buenas condiciones.

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