Reivindicando Candide
Essen, Aalto-Theater. 10/05/2026. Götz Alsmann (Narrador), Paul Curievici (Candide), Natalia Labourdette (Cunegonde), Yeeun Yeo (Paquette), Tobias Greehalgh (Maximilian), Aljosha Lennert (Gobernador), Almerija Delic (Old Lady), Karel Martin Ludvik (Dr. Pangloss). Per-Otto Johansson, dirección musical.
Candide fue uno de los proyectos más queridos por Leonard Bernstein y su fracaso en Broadway supuso una de sus mayores decepciones. Prueba de ello es que el gran compositor y director norteamericano volviese una y otra vez a la partitura a lo largo de su vida y realizase diversas revisiones, tanto de la música como, sobre todo, del libreto. No cabe duda, visto en perspectiva, de que la propuesta era arriesgada. Una comedia guiada por un narrador, basada en un cuento filosófico de Voltaire que arremete contra los postulados de Leibniz y Spinoza, soportada por una partitura que transita sin complejos por todo tipo de estilos musicales. Desde la opereta vienesa al musical anglosajón pasando por referencias operísticas, parodias del serialismo, ritmos latinos, coros luteranos y veladas auto citas. Solo un genio como Bernstein sería capaz de integrar todos estos elementos de manera tan orgánica y brillante. Aunque el batacazo, en el momento de su estreno, fue de los que hacen época, el éxito la temporada siguiente de West Side Story acabó consolidando al compositor como el Golden Boy de la música americana.

Es probable que el tremendo impacto que causó, y sigue causando, West Side Story acabase de ensombrecer los innegables méritos de Candide que, en los últimos años, parece ir encontrando espacio en los escenarios y el reconocimiento que la obra merece. No es sorprendente ya que, pese a algún altibajo en la parte final, donde Bernstein fuerza una trascendencia innecesaria que perjudica el ritmo de la pieza, contiene una música brillante de cabo a rabo y finísimo sentido del humor. Prueba de ello fue el entusiasmo mostrado al final de esta función por el público que, puesto en pie y palmas a ritmo, vitoreó a cada uno de los intérpretes de esta versión semi escenificada. Buena parte del éxito se debió al notable rendimiento de la orquesta Die Essener Philharmoniker, muy sólida en cada una de las secciones. Per-Otto Johansson la dirigió con garbo, pese a una Obertura un tanto prudente en cuanto a tempi y alguna precipitación en las fermatas. El Coro de la Aalto Oper, pese a ser demasiado escaso para una obra de este calibre, defendió bien una partitura que le exige mucho en cuanto a cohesión y expresividad, especialmente en sus intervenciones cortas que remiten, por momentos, a las pasiones bachianas.

El gran equilibrio de todo el cast y su buen desempeño tanto vocal como escénico fue clave en el buen funcionamiento de esta muy teatral versión de concierto y de su éxito final. Las mayores ovaciones, sin embargo, fueron para la despampanante Cunegonde de la española Natalia Labourdette, tanto tras su espectacular aria como al final de la función. Bernstein parece enamorarse del personaje y le regala momentos como la célebre aria “Glitter and be gay” que, en cierto modo, viene a ser una parodia del conflicto interno de Violetta Valery en el primer acto de La traviata. Labourdette aprovechó todas las posibilidades teatrales y cómicas de la pieza con una gran seguridad vocal en coloratura y agudos, pero además supo mostrar el lado más tierno del personaje en la parte final.

El Candide de Paul Curievici rayó también a gran altura. La voz y el estilo del tenor parecen ideales para esta música que se mueve entre la ópera y el musical. Curievici cantó en todo momento con gran sensibilidad, pese a algunas tensiones en su bella romanza “Nothing more than this”, pero sobre todo supo retratar con acierto la inocencia inicial y su pérdida final, centro temático y filosófico de la obra. Del resto de la compañía, que rindió a buen nivel, cabe destacar a Tobias Greehalgh, que asumió los papeles de Maximilian y el capitán, la Old Lady de Almerija Delic y a Karel Martin Ludvik como Dr. Pangloss sin olvidar la magnífica labor como narrador de Götz Alsmann. Todos ellos contribuyeron a hacer brillar una obra que el tiempo acabará de situar donde realmente merece.
Fotos: © Björn Hickmann