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Beczala Palau 

Plenitud vocal

Barcelona. 07/03/2017. Palau de la Música Catalana. Piotr Beczala, tenor. Helmut Deutsch, piano. Obras de Schumann, Leoncavallo, Gounod, Massenet, Puccini.

Si estos días, en Barcelona, pudimos apreciar los últimos fulgores de una gran voz y una gran carrera, con la visita de Plácido Domingo al Gran Teatre del Liceu, ahora, con el recital de Piotr Beczala en el Palau de la Música, tras su aclamado Werther, hemos podido disfrutar del esplendor de un intérprete en el punto álgido de una carrera llevada con suma inteligencia y talento. Indiscutiblemente, una de las grandes voces de la actualidad.

A pesar de que Barcelona vive un auténtico romance con Beczala desde las triunfales funciones de Werther de hace tan sólo unas semanas, la afluencia de público al Palau para este recital fue asombrosamente escasa. La única explicación al respecto, conociendo un poco las inclinaciones del melómano barcelonés, es la programación de una primera parte dedicada exclusivamente al Lied, a menudo veneno para la taquilla, incluso en las visitas de los más grandes intérpretes del género. O eso, o los asiduos al Palau son seguidores del Real Madrid y se quedaron en casa para ver la Champions League. En cualquier caso, fuimos pocos, pero entregados a la causa.

Como señalábamos, lo más destacable del programa de Beczala y Helmut Deutsch era el contraste entre la primera parte y la segunda. La primera estaba monopolizada por Dichterliebe, el ciclo Los amores del poeta de Robert Schumann, mientras que la segunda se centraba en la ópera francesa e italiana. Una composición de programa discutible pero, sin duda, un reto crossover al alcance de muy pocos intérpretes. Posiblemente, sólo él y Kaufmann, dentro de la cuerda de tenor, son capaces actualmente de moverse con la misma naturalidad en ambos estilos aunque, en este sentido, posiblemente Kaufmann muestra una mayor identificación y formación liederística.

El Dichterliebe de Beczala fue impecable, honesto, muy bien cantado, bien adaptado al estilo del Lied pero un tanto plano expresivamente y observado desde una perspectiva operística. Buscó y encontró a menudo los matices adecuados, aunque a su versión quizás le faltó mayores contrastes dramáticos y dibujar con un poco más de profundidad el viaje interior de un personaje que va de la revelación extática de un amor primaveral al abandono, el desengaño y la resignación.

No posee Beczala la adecuación absoluta de un Wunderlich, ni la hipersensibilidad enfermiza de Ian Bostridge o la fragilidad de un Padmore, aunque su presencia vocal es superior a estos dos últimos. Su personaje es un joven vigoroso y apuesto que funciona mejor en la primera parte del ciclo que en la segunda y más en arrebatos líricos como "Ich will meine Seele" que en episodios enfermizos como "Das ist ein flöten und Geigen". A pesar de estos detalles, la suya fue una versión de gran calidad, mostrando constantemente una seguridad técnica a prueba de bombas que le permitió coronar "Ich grolle nicht " con un Do glorioso. Una versión, en definitiva, que puede madurar pero que tiene el sello de un enorme cantante. 

De Helmut Deutsch poco se puede decir novedoso a estas alturas. Que es uno de los mejores acompañantes de Lied de la actualidad nadie lo discute y su Dichterliebe fue una muestra más de su sabiduría y dominio del repertorio. Cada nota del ciclo - ya no digamos el postludio final, auténtico encaje de bolillos - en sus manos adquiere un sentido y tiene un peso. El peso adecuado, ni más ni menos. Una auténtica lección magistral. Uno a veces desearía que el pianista alemán se dejara ir un poco más, que imprimiera una dosis más de fantasía, pero claro, entonces quizás se llamaría Wolfram Rieger. 

La segunda parte no tuvo nada que ver con el recogimiento de la primera. Beczala salió a por todas con una Mattinata de Leoncavallo que cambió radicalmente el escenario del concierto. Segunda parte también corta e intensa en la que se sucedieron los apasionados Werther y Romeo, dos auténticos caballos de batalla del tenor polaco. No hay duda que Beczala es hoy por hoy uno de los mejores representantes de la cuerda tenoril en el repertorio francés. Su voz, estilo y técnica, que por momentos recuerda a Nicolai Gedda por su juego magistral de apertura y cobertura, se adaptan como un guante a los requisitos de este repertorio, del que nos regaló una pequeña muestra del siguiente eslabón de la cadena: el aria de Don José de Carmen, de Bizet, papel que tiene previsto debutar en breve, como también el Cavaradossi de Tosca, del que nos ofreció dos perlas. 

Sin duda, uno de los elementos más interesante de esta gran velada lírica fue poder apreciar los primeros frutos de estos dos nuevos papeles. Da la sensación de que Don José puede llegar a ser uno de los grandes roles de Beczala. Tiene la técnica, el temperamento y el color para que así sea. Desgranó "La fleur que tu m'avais jetée" con auténtico magisterio, sin caer jamás en vulgaridades, e intentó coronar el aria siguiendo las indicaciones de Bizet, acabando en pianissimo, algo que prácticamente ningún tenor se atreve a hacer. Un loable intento, muestra más de la honestidad del intérprete, que se debe perfeccionar ya que no tuvo la resolución técnica ni el impacto expresivo que pretendía.

Por lo que respecta a Cavaradossi, el tenor polaco se mostró intenso y pletórico vocalmente en las dos arias que ofreció. En "E lucevan le stelle", que cerraba el programa, quizás escarmentado por el peligroso pianissimo de Carmen, no intentó el filato habitual en "Le bella forme disicioglea..." pero culminó el fragmento con elegante patetismo, mientras que su "Recondita armonia " fue de libro. Un aria que es más difícil de lo que parece, sobretodo por estar situada al principio de la ópera, pero en la que Beczala desplegó su bella voz de manera exultante e insultante. Simplemente sensacional. 

Esperamos pues, con ansia, los debús comentados de este magnífico tenor que ha sabido dirigir su carrera con inteligencia, sin prisas, sabiendo que, con paciencia, el tiempo marcará qué papeles son los adecuados en cada momento para un instrumento que, ahora mismo, está en una gloriosa plenitud.

PS: No quisiera acabar esta crónica sin agradecer a Piotr Beczala que hiciese posible una fantasía que siempre creí imposible: ver a Helmut Deutsch interpretar canciones napolitanas. Es algo que ya no me pueden quitar. 

 

 

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