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RomeoJuliette TretyakovaPirgu Liceu2018

Gounod with the Wind 

Barcelona. 19/02/17. Gran Teatre del Liceu. Katerina Tretyakova (Juliette), Saimir Pirgu (Roméo), Tara Erraught (Stéphano), Susanne Resmark (Gertrude), David Alegret (Tybalt), Gabriel Bermúdez (Mercutio), Issac Galán (Paris), Rubén Amoretti (Capulet), Nicola Ulivieri (Frère Laurent), Stefano Palatchi (Duque de Verona), Beñat Egiarte (Benvolio), Germán Olvera (Grégorio), Dimitar Darlev (Frère Jean). Coro y Orquesta Sinfónica del Gran Teatre del Liceu. Dir. Coro.: Conxita García. Dir. Mus.: Josep Pons. Dir. Esc.: Stephen Lawless. 

Volvía por fin al Liceu esta ópera sofisticada y madura de uno de los grandes compositores galos de la historia de la ópera, Charles Gounod. El teatro de ópera de las Ramblas "tan solo" ha tardado treinta y dos años en recuperar este título, aprovechando que este 2018 se cumple el doscientos aniversario del nacimiento del compositor. Hay que recordar que Gounod estrenó esta ópera en París en abril de 1867, el mismo año que Verdi había estrenado en la ciudad de la luz a principios de ese año su versión original francesa del Don Carlos; Wagner había estrenado dos años antes su Tristan und Isolde en Munich (1865); el mismo año que Meyerbeer su Africane en París. Es la época álgida del periodo romántico operístico. En Francia, Gounod ya había estrenado sus óperas más recordadas hoy en día: Mireille (1864) y sobretodo Faust (1859), los dos únicos títulos que junto al Roméo han perdurado en el repertorio. Pero antes y después de su versión lírica de la tragedia de Shakespeare, se estrenaron en París títulos paradigmáticos de la historia gala como La condenación de Fausto (1846) o Béatrice et Benedict (1862) de Berlioz, Los Pescadores de perlas (1863) o Carmen (1865) de Bizet, Mignon (1866) o Hamlet (1868) de Thomas. El reto pues ha sido devolver el esplendor de una partitura larga, que contiene lo mejor de la producción musical de Gounod, esto es, una orquestación refinada y llena de lirismo, acorde al libreto basado en la historia de los enamorados de Verona, con una escritura vocal exigente y muy atractiva para la pareja protagonista, quienes a parte de sus respectivas arias han de saber mostrar la evolución de su amor en los cuatro dúos de amor que contiene esta ópera de cinco actos.

El Liceu ha querido explotar al máximo este estreno de su única coproducción esta temporada, junto a la Opera de Santa Fe, donde se estrenó este Roméo el verano del 2016. El director de escena Stephen Lawless cambia la época de la Italia medieval por el periodo de la Guerra Civil de los EE.UU. Esta idea casa bien a la hora de mostrar los dos bandos, aquí los Capuletos de Julieta como los confederados representados por el color azul, y los Unionistas con los Montescos de Roméo con el color rojo como distintivo, con un vestuario que recuerda irremisiblemente a la película Lo que el viento se llevó. Lástima que la idea se quede en una mera anécdota de color histórico, más adecuada para su estreno en Santa Fe seguramente que aquí en Barcelona. Lawless se muestra hábil en su encuadre de la historia con la construcción del espacio escenográfico, firmado por Ashley Martin Davis, también encargado del vestuario, con un panteón omnipresente como símbolo de una muerte que reina en la historia de los enamorados desde el principio. Desde aquí  transcurren los cinco actos con un efectivo uso de oberturas laterales, con la iluminación bien resuelta de Mimi Jordan Sherin. El problema es que a nivel dirección de actores, el trabajo se muestra poco conseguido, con una pareja protagonista poco empática, dejados a su suerte en medio de un dibujo coreográfico (firmado por Nicola Bowie), donde se prima el equilibrio y el juego de proporciones, baile, lucha de espadas o escenas de la boda, el entierro inicial o la escena de la muerte final. En esta tercera función, la primera protagonizada por la soprano rusa Katerina Tretyakova, hubo más feeling entre el Roméo del tenor albanés Saimir Pirgu y su otro Julieta de la funciono del estreno, una perfecta pero fría Aida Garifullina.

Poco ayudó la batuta algo errática del maestro Josep Pons desde el podio, quien no es capaz de aguantar con el nervio necesario el difícil equilibrio de esta historia de amor, que suma el contexto bélico entre las familias y el lirismo inmanente de la hermosa partitura. Pons comenzó con un prólogo prometedor, anunciando el drama con buena pulsión orquestal, pero tuvo caídas importantes de tensión a posteriori, como las intervenciones secundarias pero significativas musicalmente del Capulete padre, aria de Mercutio o el primer dúo de amor. Un tempo en demasía pesante no ayudó al desarrollo dramático de la historia, a pesar del preciosismo de escenas como el dúo del acto segundo, o el dúo final. El aria estrella del primer acto de Juliette quedó deslucida, la escena de la boda del acto cuarto le faltó carga teatral a nivel musical, en resumen, un trabajo irregular que contó con la solvente prestación de la orquesta del Liceu, a la deriva de esta lectura más bien sombría y poco agradecida con una partitura que merece brillar gracias a una orquestación de exquisito acabado.

Katerina Tretyakova mostró una buena adecuación vocal como Juliette, a pesar de una primera escena algo accidentada, y un vals más ajustado que lucido. La soprano rusa se fue creciendo en los dúos, para llegar a mostrar su madurez vocal en su gran y exigente aria del acto IV, "Amour anime mon courage", donde ofreció un canto más pleno. Con un timbre adecuado, cuerpo de soprano de tintes líricos y un registro de atractiva homogeneidad cerró con éxito la escena y dúo final empastando con morbidez con la voz de Saimir Pirgu. El tenor albanés triunfó con gallardía en un rol largo y complejo gracias sobretodo a un registro agudo resuelto y seguro, impecable en su "Ah, leve tos soleil", un trabajado fraseo construido sobre una buena dicción y una efectiva emotividad. Lució sobremanera en el manejo de la messa di voce, con atractivo resultado como en su cierre del segundo acto, un inolvidable "Sommeille!".

Del resto del amplio y generoso reparto destacó con justicia la joven mezzo irlandesa Tara Erraught, quien supo lucir su única aria Que fais-tu, blanche tourterelle, mostrando buen estilo, un color y timbre fresco y agradable en el que fue su rol-debut en su primera visita al Liceu.

Impecables, dentro de una reparto ajustado y solvente, la dicción y seguridad del Capulet padre de Rubén Amoretti, la calidez del fraseo del Frèree Laurent de Nicola Ulivieri, la carismática comicidad de la Gertrude de Susanne Resmark o la teatralidad del Paris de Isaac Galán y el Tybalt del tenor David Alegret como Montescos y del Mercutio de Gabriel Bermúdez y Beñat Egiarte como Benvolio. 

Conxita García volvió a firmar un trabajo solvente con el coro de la casa a pesar de que el tinte grisáceo desde el podio no lo ayudó a brillar en escenas clave como la del baile de la primera escena. 

 

 

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