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Thielemann AndreasKolarik

Error de concepto

Dresde. 20/02/2016. Semperoper. Wagner: Die Walküre. Nina Stemme (Brünnhilde), Marqus Marquardt (Wotan), Georg Zeppenfeld (Hunding), Christopher Ventris (Siegmund), Petra Lang (Sieglinde), Christa Mayer (Erda), etc. Dirección de escena: Willy Decker. Dirección musical: Christian Thielemann.

Tiene por lo general poco sentido escenificar de forma aislada cualquiera de las jornadas del Anillo. Y todavía menos si para ello se debe recurrir a una vieja producción, de muy poco éxito en su día y que ya casi se daba por amortizada. Ciertamente, sólo una gran batuta y un gran reparto podrían justificar la propuesta. Sobre el papel esta Walkiria que nos ocupa, de la que se van a ofrecer sólo tres funciones, contaba precisamente con el reclamado de dos nombres, el de Christian Thielemann y el de Nina Stemme. El primero ha sido, sin embargo, el máximo inconveniente de esta representación, junto a la citada producción que lleva la firma de Willy Decker. Y es que por desgracia en el trabajo de Decker no hay nada: una escenografía inerte, una dirección de actores inane y una deserción total de ideas. Se explica sin duda que desde su estreno en Dresde y su paso por Madrid nadie haya querido saber nada de ella. 

Christian Thielemann yerra también a mi juicio apelando a un concepto sólo sinfónico del lenguaje wagneriano: no busca construir el teatro desde la música sino imponer la música al teatro. La representación comenzó muy bien, con el inicio del primer acto planteado en un código muy medido, buscando un sonido amortiguado y compacto, hermoso, de textura muy moldeada, dúctil. Pero en cuanto aparecieron las voces todo se fue al traste, incapaz Thielemann de dialogar con ellas, imponiéndose una y otra vez a los solistas. Enfático hasta el hastío, su batuta recalca una y otra vez un sonido grueso, de una espectacularidad superficial y hueca, casi obscena. En un estilo amanerado, su Wagner se sostiene pero no comunica nada y termina por ser el suyo un discurso ciertamente embarullado, un alboroto casi ruidoso que está en las antípodas de lo que el mismo Christian Thielemann ha demostrado que sabe hacer con el repertorio que mejor le cuadra, Strauss. Parece mentira que de la misma batuta pueda salir lo mismo una Walküre tan gruesa y ramplona como la refinada Ariadne auf Naxos que presentó la pasada temporada en Viena o las soberbias versiones de Arabella, Elektra y Rosenkavalier que ha presentado sucesivamente en Dresde. Tampoco la Staatskapelle tuvo su mejor día, con un sonido menos rondo, compacto y dorado que en recientes ocasiones, e incluso con abundantes deslices en el metal, cosa inaudita por estos lares.

El reparto tuvo sus luces y sus sombras. La luz más destacada, sin la menor duda, la Brünnhilde de Nina Stemme, todavía hoy capaz de epatar, a pesar del evidente lastre en su voz que las numerosas funciones de Elektra y Turandot que ya atesora van dejando. Algo menos lustroso y dúctil, pues, su instrumento es sin embargo aún hoy hermoso y está sobre todo manejado con una inteligencia abrumadora, haciendo puro belcanto por ejemplo con su escena del tercer acto. Junto a ella, destacó por encima de las expectativas el Wotan de Marqus Marquardt, un cantante de la casa, con grandes dosis de oficio, dueño de un material potente y robusto, que resuelve el papel con comodidad y verosimilitud. No es un gran actor y a su manejo del libreto le faltan varias vueltas de tuerca, pero en conjunto resulta una opción mucho más que solvente.

Christopher Ventris es un cantante honrado, pero no deja de ser una suerte de Tamino metido a heldentenor. Canta con gusto e intención, resuelve la partitura de modo impecable, pero sus medios llegan hasta donde llegan, y falta así una voz más dramática para la parte de Siegmund. A su lado, el instrumento de Petra Lang es agrio hasta el punto de resultar desagradable. A su Sieglinde le falta lirismo, vulnerabilidad y una paleta mucho más elaborada de recursos expresivos. Y es que no sale Lang de un perpetuo histerismo, al que corresponde una voz manejada siempre en forte. Muy interesante el Hunding de Georg Zeppenfeld, concebido a a antigua, como en los tiempos de Emmanuel List, con un canto muy ligado a la palabra, con un énfasis nunca vociferante pero siempre teatral. Aunque servida con unos medios suntuosos, la Fricka de Christa Mayer carece de enjundia, no es un personaje a la postre cargado de razones para enfrentarse a Wotan.

 

 

 

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