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No es oro todo lo que reluce

Baden-Baden. 22/03/2016. Festspielhaus. Wagner: Tristan und Isolde. Stuart Skelton (Tristan), Eva-Maria Westbroek (Isolde), Stephen Milling (Marke), Sarah Connolly (Brangäne), Michael Nagy (Kurwenal) y otros. Filarmónica de Berlín. Dir. escena: Mariusz Trelinski. Dir. musical: Sir Simon Rattle. 

La experiencia de escuchar una partitura tan sobresaliente y única como Tristan e Isolda en manos de una orquesta tan superlativa como la Filarmónica de Berlín ya constituye una experiencia valiosa en sí misma. Pudiera parecer una frivolidad pues ponerle pegas y matices a una representación con esos mimbres, pero tanto la nueva producción de Trelinski como la dirección de Rattle admiten un comentario crítico, lo mismo que el reparto dispuesto en esta ocasión.

Lo cierto es que no es oro todo lo que reluce. Dejando al margen una ejecución descollante por parte de la Berliner, de un grado de virtuosismo técnico difícil de igualar, lo cierto es que Simon Rattle plantea un Tristán cálido y encendido, vibrante las más de las veces y en cierto modo demasiado enfático, a decir verdad falto de verdadera tensión. El suyo es un Wagner de un romanticismo voluptuoso e incisivo pero a menudo superficial, falto de hondura, sin metafísica. Más pendiente de la pasión que de la tragedia, su Tristán no llega a ser banal, pero se mueve desde luego en el terreno de lo evidente, sin aspirar -o sin llegar, más bien- a proponer una experiencia desgarradora.

La nueva producción de Mariusz Trelinski es una coproducción entre el Festival de Baden-Baden y el Metropolitan de Nueva York. Y lo cierto es que a salta a la vista esa orientación tan americana de su estética, con Tristán convertido poco menos que en Pinkerton. El trabajo es en realidad bastante clásico y literal, sólo que traslada la acción al contexto de un buque de la armada americana, aderezado todo ello con un elaborado y eficaz trabajo de proyecciones. El problema fundamental en este caso es que la propuesta no despierta el más mínimo interés, carece de cualquier dramaturgia, siendo poco más que una escenografía pretenciosa.

El reparto estaba encabezado por dos voces líricas, las de Eva-Maria Westbroek y Stuart Skelton, metidos ambos en camisas de once varas asumiendo un repertorio demasiado dramático para sus medios. En el caso de Skelton el material es realmente el idóneo para un Florestan, incluso para un Lohengrin, pero no más. Con esos medios cabe preguntarse hasta qué punto tiene necesidad de debutar como Tristán. Lo cierto es que salva la papeleta e incluso con nota por momentos, a base de un canto franco, de fraseo contrastado, sentido, y con un color muy atractivo en el centro de su voz. Pero llega francamente fatigado al tercer acto, al borde del incidente vocal en más de una ocasión, y con un desgaste que no parece necesario ni recomendable.

Eva-Maria Westbroek lleva aproximadamente un lustro buscándose a si misma, con un repertorio disperso y dispar, en el transcurso del cual sus medios comparecen a menudo fatigados y tensos, lejos ya hoy del canto dúctil que mostraba en 2012 en aquella brillante Dido de Les Troyens que ofreció en Londres. Aunque más tarde descartada, fue en su día la opción barajada por Thielemann para interpretar el rol en Bayreuth. En realidad su Isolde funciona tan sólo cuando se mueve por el centro, carente de los graves y con un tercio agudo que suena esforzado, con una emisión allí siempre ácida y destemplada. Ya había debutado el rol en Dresde hace un par de años y lo cierto es que se advierte un dominio indudable de la parte, que resuelve con seguridad y confianza. Pero la voz no le acompaña siempre y el retrato es muy envarado, sostenido más por aplomo que por una verdadera interiorización del drama. 

Completando el reparto, Stephen Milling convenció más de lo previsto con un rey Marke muy medido, maduro, fraseado con detalle y de medios sonoros. Michael Nagy ofrece más voz que canto con un Kurwenal demasiado grueso. Y por último, generalmente sobrepasada por la orquestación y levemente fuera de estilo, la Brangäne de Sarah Connolly se sostiene sobre todo a base de oficio y tablas, forzosamente limitada por sus medios por buenas que sean sus intenciones. 

* Un interesante artículo en la página web de la Filarmónica de Berlín recoge la historia de la vinculación de la orquesta con la partitura de Tristán e Isolda, que interpretación por última vez bajo la batuta de Claudio Abbado en 1999.

 

 

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