Patricia Illera: "Siento que mi voz está empezando a madurar hacia roles de mayor peso dramático" 

La mezzosoprano Patricia Illera ultima estos días su próximo debut con la parte protagonista de María de Buenos Aires de Astor PIazzolla, en su regreso a la Ópera de Metz. Conversamos con ella para conocer con más detalle su trayectoria y sus proyectos.

Creo que sería bueno comenzar recapitulando los orígenes de su vocación por el canto, así como su formación y su actividad profesional más destacada hasta la fecha. ¿Podría hacernos un breve resumen? Creo que fue importante su formación en los Estados Unidos, ¿es así?

Efectivamente, mi formación en Estados Unidos fue determinante. Allí realicé un máster vinculado a un Opera Studio, lo que me permitió adquirir una experiencia muy práctica desde el primer momento. Las producciones se llevaban a cabo en un teatro que reproduce a pequeña escala el Metropolitan Opera House, con toda su maquinaria escénica, su compleja luminotecnia y un aforo cercano a las mil quinientas butacas, superior incluso al de algunos teatros emblemáticos europeos. Fue una magnífica escuela para aprender a moverme en grandes escenarios y entender desde dentro el funcionamiento real de una producción operística; y, lo más importante, me permitió debutar el rol de Carmen que tanto me ha acompañado en mi carrera.

Además, tuve la suerte de trabajar con profesionales de primer nivel que siguen plenamente activos hoy en día, como Jeffrey Marc Buchmann o el director musical Arthur Fagen, lo cual fue enormemente enriquecedor tanto artística como humanamente.

Regresa ahora a la Ópera de Metz, donde ya pudo actuar con El amor brujo. ¿Qué otros compromisos recientes destacaría como relevantes en su trayecotria?

Sí, el debut en Metz con El amor brujo fue una experiencia muy importante para mí. Fue una producción de altísima calidad, con un equipo artístico con el que tengo ahora la satisfacción de volver a colaborar en María de Buenos Aires. Aquella producción estuvo dirigida por José Miguel Pérez-Sierra, una figura fundamental en la difusión de la música española en Europa, una labor que considero imprescindible y por la que, como intérpretes y como país, debemos estar profundamente agradecidos.

Guardo también un recuerdo muy especial de mi debut en el Teatro Pérez Galdós de Las Palmas con Fedora, junto a Saioa Hernández y Jonathan Tetelman, así como de mi participación como Stefano en Roméo et Juliette en la Ópera de A Coruña. Allí, además de crear grandes amistades, tuve el privilegio de trabajar con Alain Guingal, uno de los grandes especialistas en el repertorio francés y un director de orquesta excepcional.

Llega ahora su debut con la parte protagonista en María de Buenos Aires de Piazzolla. ¿Qué nos puede decir sobre el papel, de cara a estas representaciones en Metz? ¿Cuáles son sus principales retos y exigencias?

Sí, es la primera vez que interpreto el rol de María. Conocía la obra desde hace tiempo y siempre me había atraído mucho, pero no había profundizado realmente en ella hasta ahora. Y cuanto más la estudio, más me fascina. Es una pieza con innumerables aristas, sustentada por un libreto de Horacio Ferrer de una profundidad, un lirismo y una belleza extraordinarios. La música de Piazzolla está precisamente al servicio de esa poesía, potenciándola y realzándola de manera magistral.

Creo que es ese libreto, tan bello como complejo, el que hace especialmente exigente la construcción del personaje. María encarna muchas cosas a la vez: la marginalidad, el Buenos Aires del tango, la vida de las mujeres pobres en los años cincuenta, marcada por la dureza, la violencia y la falta de oportunidades. Desde mi propia experiencia, y habiendo crecido en España, he establecido un paralelismo entre el mundo del tango y el del flamenco en esa misma época. He imaginado a una María sevillana creciendo en el barrio de Triana: ruido, fiesta, sudor, calor, luz… pero también marginalidad, pobreza y violencia. Ese ejercicio me ha ayudado mucho a comprender lo que Ferrer y Piazzolla quisieron plasmar en la obra.

Dicho esto, si soy totalmente sincera, una de las mayores exigencias del papel ha sido dominar el acento porteño… lo cual no deja de ser un reto apasionante. En lo vocal, siento que me encaja perfectamente, lo que me permite abandonarme a la música y la poesía.

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¿Cómo caracterizaría su vocalidad en este momento? ¿Qué roles diría que se ajustan mejor a su instrumento a día de hoy?

En este momento me definiría como mezzosoprano lírica, aunque siento que mi voz está empezando a madurar y a abrirse progresivamente hacia roles de mayor peso dramático. Actualmente, los personajes que mejor se adaptan a mi instrumento proceden sobre todo del repertorio francés, como Carmen o Charlotte de Werther.

También me siento muy cómoda en papeles como Isabella de L’italiana in Algeri de Rossini o Lucrecia en The Rape of Lucretia de Britten, roles que combinan exigencia vocal, carácter y una fuerte carga teatral, aspectos con los que me identifico especialmente; sin olvidarme de Maddalena de Rigoletto y Aurora de Doña Francisquita, roles que me apetece mucho hacer.

¿A quiénes citaría como sus referentes, entre las mezzosopranos de ayer y de hoy?

Admiro profundamente a grandes mezzosopranos como Dolora Zajick, Violeta Urmana o Elena Obraztsova, verdaderas artistas todoterreno que han dejado una huella imborrable en el repertorio. Dentro del panorama nacional, Teresa Berganza es un referente absoluto e ineludible.

Si me fijo en las mezzosopranos que están actualmente en plena carrera, me inspiran especialmente Carol García, Silvia Tro Santafé, y Nancy Fabiola Herrera. Ya sea por su teatralidad, su voz, su musicalidad o por la combinación de todos estos factores, creo que su posición como grandes figuras de la lírica está más que justificada.

Y de cara al futuro más inmediato, ¿qué otros proyectos destacaría de su agenda por venir? Creo que la zarzuela también ha jugado un papel importante en su agenda, ¿tiene algún proyecto al respecto?

La zarzuela y, en general, el repertorio de compositores españoles ocupan un lugar muy especial en mi carrera. Son obras con las que conecto profundamente y que disfruto enormemente sobre el escenario. Por fortuna, tengo varios Amor brujo en el horizonte, incluyendo además la versión inicial de Falla con textos hablados, que es, sin duda, mi favorita.

A esto se suman un Réquiem de Verdi y un concierto en la ciudad de Bayreuth el próximo mes de mayo, un proyecto que aún estamos ultimando pero que me ilusiona especialmente. Hablar de compromisos futuros siempre da un poco de vértigo —no vaya a ser que los gafemos—, pero lo cierto es que afronto lo que viene con mucha ilusión y gratitud.

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