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Fabio Banegas: "Bottiroli fue un maestro del ensamblaje musical"

Conversamos con el pianista argentino Fabio Banegas en ocasión de su proyecto discográfico consagrado a la figura de José Antonio BottiroliMementos es el cuarto volumen de un proyecto dedicado a documentar la obra completa para piano del autor argentino.

La primera pregunta es obligada: ¿quién es José Antonio Bottiroli? No se trata, desde luego, de un nombre familiar para el gran público. ¿Quién es y por qué deberíamos prestarle atención? 

José Antonio Bottiroli nació en la ciudad de Rosario, Argentina, el día de Año Nuevo de 1920. Rosario era entonces una ciudad que crecía exponencialmente con la masiva corriente migratoria de italianos y españoles que llegaban a la Argentina. Su familia era de origen italiano; se educó en el prestigioso Colegio Dante Alighieri, se graduó como el mejor alumno de música de la Universidad Nacional del Litoral en 1947 y desarrolló su carrera musical como director de orquesta, de coro y en la composición. Musicalmente, también se puede decir que tenía un linaje italiano: fue alumno de José de Nito, otro ítalo-argentino, pionero de la música académica de Rosario, quien se había formado en el Conservatorio Real de Nápoles bajo la tutela de Giuseppe Martucci. 

Había estudiado también medicina, carrera que abandonó casi al finalizarla, lo cual es un dato importante para entender su obra y mensaje artístico; poseía una extrema sensibilidad ante el sufrimiento del prójimo. En la docencia, se convirtió en el legendario director del Colegio Normal de Maestros No. 3, una institución que bajo su liderazgo se transformó en una de las más importantes del país e hizo de él una figura conocida y querida en esa ciudad. En simultáneo, asistía ad honorem cada sábado por la mañana a la penitenciaría de la ciudad para impartir música a los reclusos, lo que hacía con la intención de darles apoyo emocional.

Compuso 115 obras: 73 para piano y 12 obras sinfónicas; el resto son obras corales y de cámara. Falleció en la ciudad de Rosario el 15 de marzo de 1990. En 2018, la ciudad lo declaró Ciudadano Distinguido Post Mortem por su contribución a la cultura argentina.

Creo que usted mismo fue discípulo de Bottiroli en su día. ¿Cómo definiría su música, cuáles diría que son las principales características de su estilo musical? 

Bottiroli no se adscribió a ninguna de las corrientes de música contemporánea de su época. Su estilo oscila entre el posromanticismo italiano de la escuela de Giuseppe Martucci y el impresionismo. Sin embargo, se podría decir que fue un maestro del ensamblaje musical, técnica muy en sintonía con las corrientes contemporáneas de las artes visuales de su época. 

En su narrativa, es frecuente escuchar cómo el lenguaje cambia súbitamente, mediante contrastes marcados, de una frase postromántica a una atmósfera puramente impresionista en la siguiente. Es por esto que es válido afirmar que era un autor expresionista, en el sentido de que cada nota que escribió tenía el propósito de manifestar una emoción profunda y la complejidad de su mundo interior. Su música ahonda en el concepto de etopeya musical (del griego ethos), entendida como el retrato sonoro del alma y la psicología de una persona; la descripción de la vida del sujeto a quien se invoca a través de la música. En síntesis, su obra refleja todo lo que absorbió de su entorno: sus seres queridos, el sufrimiento humano (propio y ajeno), la naturaleza, el misterio de la noche e incluso seres de su propia imaginación.

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Usted culmina ahora la grabación de la integral pianística de Bottiroli, con la cuarta entrega de un proyecto discográfico editado por Naxos. ¿Cuándo se planteó el proyecto de grabar esta integral y qué retos ha conllevado semejante empresa? 

El proyecto se gestó en 2018 por iniciativa de Diego Orellana, un erudito musicólogo argentino radicado en Bélgica, quien seleccionó tres de las pistas que yo acababa de grabar de los valses para piano de Bottiroli. Orellana las envió al director de Naxos en Alemania, quien, con gran visión, presentó la propuesta a la dirección del sello Grand Piano, discográfica especializada en la obra pianística del Grupo Naxos, que aceptó incluir al compositor en su catálogo bajo la premisa de registrar su obra completa.

El primer desafío fue determinar la narrativa de esta colección. Decidí que lo más elocuente era proponer un recorrido conceptual, similar a un paseo por las salas de un museo dedicado a un solo artista, tomando como referencia el Museo Picasso de París. El primer volumen revela dos ejes fundamentales de su producción: el vals y la etopeya musical, que mencioné anteriormente. El compás ternario es una constante en toda su creación; incluso aquellas piezas que no designó con el título de vals conservan la rítmica y la esencia de esta danza.

A este registro le siguieron las obras de carácter nocturnal. Nocturnos, donde el género pierde su tinte romántico tradicional para convertirse en una plataforma en la que Bottiroli exploró el enigma del universo; ejemplo de ello es su obra Andrómeda. El tercer disco, Elegías, representa la entrega más profunda de la serie, pues plasma su perplejidad ante la pérdida de sus seres queridos. Piezas como Ausencias sugieren que la composición fue para Bottiroli el canal para procesar su sufrimiento; son, en esencia, etopeyas de su propio estado emocional ante la perdida. El último volumen, Mementos, ofrece un recorrido cronológico desde 1955 hasta el final de su vida, incluyendo no solo piezas para piano solo, sino también su obra concertante, su producción completa para dos pianos y una pieza para flauta y piano.

Conformar el equipo de músicos ideal para este repertorio adicional de cámara fue un desafío que fue resuelto con la selección de intérpretes de una solvencia técnica y sensibilidad excepcionales. Desde el aspecto de la ejecución, el desafío técnico consiste en soslayar la dificultad de los acordes extendidos de gran amplitud para la mano y su predilección por las notas dobles. En lo interpretativo, el reto principal radica en sus cambios abruptos de estilo, que exigen una gran flexibilidad para transitar entre los diversos lenguajes que conviven en su narrativa musical y en una misma obra.

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En su trayectoria ha prestado siempre atención a figuras menos populares, o al menos no tan difundidas, contribuyendo a la difusión de autores como Nicolás Alfredo Alessio, Eduardo Grau o Jacobo Ficher. ¿Qué encuentra de fascinante en estos perfiles, frente a los nombres de autores más habituales en las salas de concierto? 

Mi predilección por los autores desconocidos se sustenta en tres pilares fundamentales. El primero es mi fascinación por el descubrimiento musical. No se trata únicamente de hallar una partitura, sino de la develación de un estilo; es decir, no es solo encontrar un nuevo continente musical, sino explorar el potencial infinito al que invita ese hallazgo. El segundo factor es una misión altruista. Constantemente me pregunto qué puedo aportar al bienestar y al avance de la música académica que ha caído en el olvido; mi respuesta es poner mi talento e intelecto a su servicio, rescatando legados que merecen ser escuchados. Bajo esta filosofía, se desprende el tercer factor: considero que mi esfuerzo artístico alcanza su mayor sentido en lo inédito. Siento que el repertorio tradicional, al estar ya tan transitado, no requiere de mi energía tanto como las obras que aguardan ser redescubiertas. 

En la estética musical de Bottiroli parece especialmente relevante la idea de los ‘mementos’. ¿A qué se refiere el autor exactamente con esto y qué traducción tiene en sus partituras? 

El vocablo ‘mementos’ fue, en realidad, una elección personal para caracterizar el último volumen de la serie, del mismo modo que utilicé los términos ‘vals’, ‘nocturnos’ y ‘elegías’ para anticipar el contenido de los álbumes anteriores. No obstante, es preciso señalar que el propio Bottiroli tituló tres de sus obras para piano con esta palabra. Un memento es, en esencia, un recuerdo, un suvenir o un objeto de memoria que, en la pluma de Bottiroli, transforma vivencias íntimas en una evocación personal profunda. 

La primera obra del programa, por ejemplo, Impresiones sinfónicas para piano y orquesta, está dedicada a su amigo, el Reverendo Padre Ángel Bernasconi. Asimismo, la profunda admiración de Bottiroli por J. S. Bach se manifiesta en diversas piezas que evocan su legado contrapuntístico. Un ejemplo elocuente es Viejo en mi menor, una fuga que remite directamente a la arquitectura y al espíritu de El clave bien temperado.

En esta integral se ha rodeado de otros artistas. ¿Con quiénes ha colaborado y qué tipos de obras podemos encontrar en la última entrega de este proyecto discográfico? Creo que hay una amplia diversidad estilística y formal en su catálogo. 

Dado que el sello Grand Piano se especializa en la literatura pianística, propuse integrar en este último volumen todas aquellas obras donde el piano asume un papel protagónico. Bottiroli compuso diversas piezas para dos pianos, un orgánico instrumental inusual, pero que cobra sentido al analizar su entorno cotidiano: en su hogar había de dos pianos, su esposa Berta Rubeša era también pianista y docente, y mantenía una profunda amistad con el compositor y pianista Nicolás Alfredo Alessio. De esta forma, la creación para dos pianos se revela como una extensión lógica de la vida y el quehacer de Bottiroli.

Una de sus obras tempranas, el Vals de Concierto del Caballero de la Rosa (1955) —un sexteto para dos pianos, violín, viola, clarinete y arpa—, es de hecho una de las obras fundacionales de su catálogo. Ante la relevancia de este repertorio, se hacía menester que su interpretación quedara en manos de un dúo consolidado. Tras un riguroso proceso de selección realizado junto al director Francisco Varela, las obras para dos pianos fueron confiadas a uno de los conjuntos más eximios de la actualidad: los españoles Antón Dolgov y Maite León (Antón & Maite Piano Duo). Ellos poseen una lucidez analítica que permite que cada voz e intención del compositor emerja con una claridad absoluta.

La obra concertante, en la cual participé como solista, Impresiones sinfónicas para piano y orquesta, fue grabada junto a la Orquesta Filarmónica de Brno, en la República Checa, bajo la dirección del prestigioso maestro argentino Francisco Varela. Su vasta experiencia en el repertorio orquestal inédito de autores argentinos lo convirtió en la elección natural para la que fue nuestra tercera colaboración discográfica. Finalmente, la viñeta que cierra el programa, Melodía Memento para flauta y piano, quedó a cargo del reconocido Duo Du Rêve, integrado por Jana Jarkovská y Bohumír Stehlík, marcando así nuestra segunda colaboración con la flautista checa.