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Liceu 1819 

Malas y buenas noticias

Sobre la temporada 2018/2019 del Gran Teatro del Liceo

Malas noticias para los amantes de Wagner, de Strauss o de Mozart. La nueva temporada (2018-19) del Gran Teatre delLiceu, presentada estos días, no incluye ningún título de tres de los pilares del repertorio operístico en una temporada con pocos precedentes en este sentido. En cambio, los amantes de Händel o del repertorio romántico francés están de enhorabuena. Ni más ni menos que cinco espectáculos de la temporada inciden en este repertorio. Una elección discutible pero respetable si, realmente, la dirección artística del teatro considera que son vacíos del repertorio que hay que rellenar. Pero, una vez más, la pregunta es si existe una línea programática coherente a largo plazo. Preguntada al respecto, Christina Scheppelmann, Directora Artística del teatro, dividió las grandes líneas de programación en tres vertientes: grandes voces, gran repertorio y variedad de producciones. Toda una declaración de intenciones.

Disquisiciones sobre la línea programática al margen, ¿cuáles son los puntos fuertes de la temporada 2018-19 del Liceu? A nivel vocal cabe destacar los elencos vocales de I puritani, de Bellini, con un cast encabezado por Pretty Yende, Javier Camarena, Mariusz Kwieczen y Marko Mimica (Celso Albelo es Arturo en el segundo cast). También espectacular, aunque seguramente más inadecuado estilísticamente, es el reparto de la reposición de La Gioconda, con la venerada Theorin (tomado el relevo de la inadecuada Deborah Voigt, en su momento) en el papel protagonista, con la alternativa, interesante y más ad hoc, de Anna Pirozzi. La acompañan Ildebrando D’Arcangelo, el ascendente tenor Brian Jagde y la incombustible Dolora Zajick. 

El repertorio francés del XIX, tan presente en el Liceu en los últimos años, tiene como espectáculo estrella la inhabitual Les pêcheurs de perles, de Bizet, con John Osborn y Dimitri Korchax alternando como Nadir y Ekaterina Bozanova y Olga Kulchinska como Leila. La dirección musical es de Yves Abel y la escénica de la interesante Lotte de Beer, quien firmaba la reciente producción de Il Trittico en Munich. Siguiendo con este repertorio, vuelve al Liceu el Hamlet, de Ambroise Thomas, esta vez en versión concierto, pero con reparto de campanillas: Carlos Álvarez, Diana Damrau y Celso Albelo. Concertará Daniel Oren. El único Verdi de la temporada, Luisa Miller, tendrá el atractivo de la Luisa de la gran triunfadora de la reciente Andrea Chénier, Sondra Rodvanovsky, acompañada, ni más ni menos, que por el Rodolfo de Piotr Beczala. Como barítonos, Luca Salsi y, por fin, Juan Jesús Rodríguez, que tan buenas sensaciones dejó en su última aparición en el coliseo barcelonés.

En esta ocasión habrá presencia de la música del siglo XXI en el Liceu, con el estreno de la primera ópera de Benet Casablancas, L’enigma di Lea, que dirigirá el titular de la casa, Josep Pons y que tendrá en Allison Cook a su protagonista. La dirección escénica de esta prémiere, con texto de Rafael Argullol, está encargada a Carme Portacelli. Leonard Bernstein, en el centenario de su nacimiento, y Leos Janácek aportan dos títulos al cartellone: Candide, en versión de concierto, y Kàtia Kabànova (producción del siempre interesante David Alden), con el protagonismo de la estimulante soprano Patricia Racette y Pons a la batuta, quien también se encargará, exhibiendo flexibilidad de registros, de la Rodelinda de Händel, que cuenta con Bejun Mehta y Lisette Oropesa como lo más destacado del plantel vocal. Precisamente Händel hace doblete, pues el conjunto Il pomo d’oro ofrecerá una versión de concierto de Agrippinia. Los solistas son excepcionales: Pisaroni, Di Donato, Fagioli, Lemieux y Mastroni. Para rematar la fiebre händeliana, y en la línea reciente de traer a conjuntos barrocos destacados al Liceu, por fin se podrá escuchar en concierto al fantástico Le Concert d’Astrée, de Emmanuelle Haïm, con programa íntegramente dedicado al genio de Halle y la participación de Sandrine Piau y Tim Meade.

Por lo que respecta al repertorio italiano, más allá de Bellini y Verdi, tendrán presencia Rossini, con su Italiana in Algeri, dirigida por Frizza con Pisaroni, Mironov y la ascendente mezzo Varduhi Abrahamyan, y, como no, Puccini con las inevitables Tosca y Madama Butterfly, ambas en producciones ya vistas. La primera protagonizada por Liudmyla Monastyrska, Fabio Sartori y Edwin Schrott, en lo que suena a reposición de pocos vuelos, y la segunda con el atractivo principal de la Cio Cio San de Lianna Haroutounian.

La reducción de recitales es una tendencia evidente de la actual dirección artística. En esta ocasión serán dos, y a tiro seguro: Beczala con la orquesta del teatro y Theorin con acompañamiento de piano (a determinar). Por su parte, Josep Pons sigue subiendo a la Orquestra del Liceu del foso al escenario, en esta ocasión para interpretar Schubert (Inacabada) y Mahler (Canción de la tierra) y el arreglo de Lorin Maazel de los principales temas del Anillo del Nibelungo (única presencia wagneriana de la temporada).

El apartado de danza tiene un claro aroma español. Más allá del espectáculo habitual de IT Dansa, se presenta la Compañía Nacional de Danza, con Don Quixot, así como el Ballet Nacional de España (Zaguán & Alento). La única compañía extranjera invitada es la de la Opéra de Lyon, que presentará coreografías de Jiry Kylián.Y en lo que podríamos considerar las actividades alternativas del teatro, se mantiene el ciclo OFF Liceu, dedicado a la música de nueva creación y se inaugura un nuevo ciclo de música de cámara protagonizado por miembros de la orquesta.

Para acabar este sucinto comentario, diversos aspectos a valorar: la vacante que hay en estos momentos en la Dirección General, tras la renuncia de Roger Guasch y la contratación reciente de Valentí Oviedo, no permitió presentar los presupuestos con cierto detalle. El tema queda, pues, para más adelante. El proyecto Opera Studio, que el año pasado parecía cercano, ahora no lo parece tanto y la renovación de los cuerpos estables también parece un tanto paralizada.

En el lado positivo, constatar la consolidación de una nueva generación de interesantes voces nacionales en papeles de reparto, como Sara Blanch, Carlos Daza, Lidia Vinyes-Curtis, Mercedes Gancedo, Josep-Ramon Olivé, Manel Esteve, Isaac Galán, Albert Casals o Marc Pujol. No cabe duda que un teatro se hace grande, en buena parte, por sus cuerpos estables así como en la calidad de sus comprimarios. Y en este sentido, la tendencia parece la adecuada.

 

 

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