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Jesús Iglesias: "Quiero que todo el mundo encuentre su sitio en Les Arts"

Cuando cumple ya un año en el cargo, coversamos con Jesús Iglesias acerca de su proyecto artístico para el Palau de Les Arts de Valencia, un coliseo que ha atravesado años de incertidumbres y altibajos y que ansía ahora normalidad y regularidad en sus propuestas. Este emblemático coliseo valenciano afronta así una nueva etapa, renovado también su patronato y con un nuevo director general al frente. Conversamos con Jesús Iglesias acerca de los retos y oportunidades de Les Arts y aprovechamos para conocer mejor su trayectoria anterior, desde Buenos Aires a Ámsterdam pasando por Madrid.

Accedió a su cargo mediante un concurso público. Esto es, no le llamaron sino que optó usted a dirigir Les Arts. ¿Por qué? ¿Qué fascinación o atractivo encontró en Les Arts para presentarse?

En realidad fue más bien un conjunto de circunstancias que una decisión meditada. Varias personas de confianza me animaron a presentarme. Y al mismo tiempo yo llevaba ya siete años en Holanda, desde mayo de 2012, y Pierre Audi se había marchado a Aix-en-Provence. Estando en Ámsterdam había tenido ya un par de ofertas para incorporarme a otros teatros, dos plazas europeas importantes, pero siempre como segundo de a abordo, una posición en la que siempre me he sentido cómodo. Nunca ambicioné ocupar un cargo en primera fila, por decirlo de alguna manera. Así que cuando salió la plaza de Les Arts yo no tenía especial intención de optar a ese concurso. Pero, como decía, dos o otres buenos amigos me insistieron en que yo daba el perfil, podría ser el momento... Y así fue. Presenté un proyecto artístico... y aquí estamos (risas).

Creo que es bien sabido su paso por Ámsterdam y Madrid, pero quizá sería bueno recapitular su recorrido profesional hasta la fecha.

Mi carrera es un poco curiosa porque empezó en Argentina. De hecho hay quien piensa todavía en España que yo soy argentino. Me encontraba haciendo el máster del ICCMU en gestión de artes escénicas y viajé a Buenos Aires para hacer unas prácticas. Yo estudié piano en el conservatorio y administración de empresas en la universidad. A través de una persona me puse en contacto con el Teatro Colón y les interesó mi perfil, digamos doble, como alguien con formación musical y con un perfil administrativo. Hice las prácticas allí y después me ofrecieron regresar para trabajar con ellos. Y así fue, la experiencia había sido extraordinaria desde un punto de vista personal y profesional. Había aprendido mucho, a pesar de que los modelos de gestión no son los más innovadores. Pero yo tenía veinticuatro años entonces y lo recuerdo como una etapa fantástica en mi vida. Llegado un momento hubo un cambio de gestión, y tras estar allí tres años dejé Buenos Aires. 

Y fue entonces cuando vino a Madrid.

Sí, Luis Antonio García Navarro tenía mucha relación con la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires y su representante buscaba un asistente para él en Madrid. Y ese fui yo, tras un par de entrevistas. Me incorporé al Teatro Real en diciembre de 1997, primero como asistente del director artístico y después asumiendo más responsabilidades en producción y coordinación. Estuve en el Teatro Real con García Navarro, con Emilio Sagi, con Antonio Moral y con Gerard Mortier. Todos aquellos años fueron una escuela de adaptación extraordinaria. Y si dejé el Real no fue por desacuerdos con Mortier, ni nada parecido; con él trabajé muy bien, durante dos años, viajando incluso a menudo a París, al principio, para preparar su incorporación. Pero yo tenía la sensación de que estaba terminando un ciclo y llegó entonces una oferta para ir a Ámsterdam, y así fue.

Lleva ahora un año ya incorporado como director artístico de Les Arts. ¿Cuáles diría que son las debilidades y cuáles las fortalezas de la institución? No es un teatro que haya atravesado una situación normal durante los últimos años.

Ha habido en Les Arts, en los últimos años, una sucesión de etapas con su consiguiente sube y baja. Es un teatro que necesita estabilidad y regularidad. Pero hay que agradecer que haya habido un equipo humano, menos visible desde fuera, que ha garantizado el buen rumbo de la institución, sean cuales sean las circunstancias. En este sentido, el equipo que me he encontrado en Les Arts debo decir que es de primera. De hecho, tuvieron que asumir y gestionar una programación completa, durante la temporada anterior, antes de que yo me incorporase. Y eso tiene mucho mérito. Pero sí, Les Arts como digo no ha vivido una situación ideal durante los últimos años. De hecho cuando yo llegué no había nada programado.

Esto es muy sorprendente.

Bueno, en realidad no lo es tanto. Si la temporada anterior la tuvo que asumir el propio equipo de Les Arts... Lo cierto es que mi primera tarea fue montar una temporada, literalmente, desde la nada. Y esto puede sonar complicado, y lo es, pero debo decir que a veces es más fácil trabajar con lo que hay disponible, como quien improvisa una cena con lo que hay en la nevera. Tuve que hacer de la necesidad virtud y tirar de realismo. De hecho, programar la temporada 20/21 está siendo más dificil porque sigue siendo tarde, pero hay más opciones sobre la mesa y con varios artistas estamos en un impás, pendientes de cerrar. Lo cierto es que la presente temporada es una propuesta que yo hubiera firmado incluso habiéndola cerrado con la lógica antelación. Creo que es meritoria, por la variedad de los títulos y por la calidad de los artistas reunidos; además no teníamos demasiado dinero. Tenemos a Gatti, a Plasson, a Albrecht, a Gimeno... Sinceramente estoy orgulloso de lo que hemos podido presentar.

"Cuando llegué, hace un año, no había nada programado"

¿Cuál es el presupuesto de Les Arts?

El presupuesto global asciende a 23 millones de euros, de los cuales 18 son aportación directa de la Generalitat Valenciana. Pero de todo ese montante apenas quedan 5 millones de euros para la programación artística. La aportación del Ministerio de Cultura sigue siendo escasa, apenas medio millón de euros. Confiamos todos en que ascienda en cuanto se formalice su incorporación al Patronato de Les Arts. Evidentemente este apartado, el de las cuentas, es una de las principales dificultades con las que tenemos que bregar. Pero también nos falta personal técnico y también tenemos que hacer cara a los ritmos de la administración, que no siempre son los deseables. El problema de presentarse a un puesto por concurso es que no tienes toda la información real de la institución cuando planteas tu proyecto artístico sobre el papel. Por eso, en realidad, hasta que no te incorporas no puedes saber hasta dónde es posible llegar. El proyecto artístico sí que ayuda a adelantar la reflexión, a tenerla ya hecha de antemano, eso es cierto. De hecho, es la primera vez en la que trabajo en una institución con tanta dependencia de la administración. Ya no es un problema de control sino de procedimientos. Las necesidades reales de un teatro no siempre son acordes con ellos y eso es dificil de explicar: si un músico de fuera quiere venir a Les Arts, tenemos que estar en el mercado y eso implica tener unos procedimientos sencillos, homologables a los que va a encontrar en otra orquesta. De lo contrario, disuadimos a que se presente para formar parte del equipo de Les Arts. Necesitamos todos los mecanismos de control que sean precisos, pero con procedimientos que realmente nos permitan escoger a los mejores. Y esto, hoy por hoy, la administración no lo garantiza.

En este sentido, uno de los milagros de Les Arts es que la Orquesta de la Comunidad Valenciana siga siendo una de las mejores de este país, quizá la mejor que podemos escuchar en el foso de un teatro español, a pesar de los vaivenes de Les Arts y el relevo de más de la mitad de su plantilla.

Sí, ahora hay un plan para seguir consolidando la orquesta. Y sobre ello abordaremos la cuestión de la dirección musical, que es un asunto con el que no tenemos prisa. No se trata de invitar a tal o cual director porque sí. Prefiero poner sobre la mesa directores importantes, batutas interesantes que estimulen a la orquesta, que sigan garantizando su buen desarrollo. Y mientras tanto vamos consolidando la orquesta e iremos viendo qué pasa con la dirección musical. Lo que sí puedo decir es que todos los directores importantes con los que he contactado para formalizar una invitación a Les Arts tenían buenas referencias de la orquesta y del teatro. Si algunos no han venido es únicamente por cuestión de fechas. Y los que ya han trabajado con la orquesta, como James Gaffigan, han quedado muy sorprendidos del nivel de los músicos. Y quiero poner en valor también al Coro de la Generalitat, que tiene una tradición ya de muchos años, con una gran labor incluso previa a Les Arts. Yo conozco al coro desde el año 97, cuando ellos venían al Teatro Real. El trabajo que desarrollan con Francisco Perales es espléndido. Digo todo esto porque es importante ser conscientes de la garantía que tenemos, con esos cuerpos estables, para afrontar practicamente cualquier título que nos planteemos.  

"Es de justicia poner en valor la enorme calidad de nuestra orquesta y nuestro coro"

La temporada se abre con Elektra, una gran apuesta y una ocasión de gran lucimiento para la orquesta, precisamente.

Creo que era una tarea pendiente, por varios motivos. En efecto, porque la orquesta merece una ocasión de lucimiento como esta. Pero también porque el repertorio centroeuropeo estaba un tanto ausente en Les Arts durante los últimos años. Poco a poco me gustaría ir corrigiendo ese cierto desequilibrio, para ofrecer una programación cuanto más variada, mejor. Además el elenco reunido es extraordinario y creo que la producción de Robert Carsen puede suponer una novedad a lo visto en Valencia durante los últimos años. En este sentido, mi intención es facilitar la presencia aquí de directores de escena que son ya clásicos de nuestros días, pero que no han debutado en Les Arts, como sucede con Carsen o Jones esta temporada. Llegarán también, en este sentido, producciones firmadas por Loy, Castellucci y Pelly, entre otros. No se trata de hacer producciones clásicas o producciones modernas.

Al final solo hay dos tipos de producciones: las buenas y las malas.

Exacto. La provocación gratuita no me interesa. Y hay títulos con los que es complicado experimentar. En una Bohème al final todo el público espera ver una buhardilla. En cualquier caso, mi intención fundamental es que todo el mundo encuentre su sitio en Les Arts. Quizá un público de teatro no vendría nunca a Les Arts pero se puede ver atraído por la presencia de Castellucci en cartel. En este sentido tengo la idea de plantear a Les Arts como un teatro musical, mucho más allá de un teatro de ópera, que por supuesto es el centro de nuestra actividad. Pero aquí tienen cabida otros géneros: zarzuela, musical... y por supuesto sinfónico, siempre y cuando sepamos diferenciarnos de la otra gran propuesta local en este sentido, la que desarrolla la Orquesta de Valencia. Nuestro ciclo sinfónico, además de por las grandes batutas invitadas, se caracteriza por estar vinculado casi siempre a la presencia de la voz en sus programas, directa o indirectamente. También es una gran novedad el ciclo de lied, que está funcionando muy bien; hemos llenado la sala grande con Jaroussky cantando Schubert, hace unos días.

¿El gran reto sería, entonces, seducir a un público más amplio y variado, más allá del público ya cautivo que sigue la temporada lírica?

Les Arts es un lugar icónico. Se identifica sobre todo por su edificio, por su continente, que es una obra de arte en sí misma. Nuestra suerte es tener la ocasión de hacer arte dentro de una obra de arte. Pero no es menos cierto que el edificio como tal genera distancias, impone demasiado y quizá disuade a un público potencial. Siempre digo que me gustaría que sus paredes fuesen transparentes, para que todo el mundo lo sienta como propio. El reto es conseguir que venga a Les Arts quien nunca antes se haya planteado pisar este teatro. Vivimos en un país donde el público suele ser muy cerrado, en el sentido de que quienes acuden a un escenario a veces no acuden a otro, porque no lo sienten como propio. Y esa dinámica, al menos en Valencia, es importante romperla. Hay que seducir a públicos de lo más dispar. De esta manera conseguiremos generar la impresión de que Les Arts es una institución imprescindible para esta ciudad, lo mismo que nadie se cuestiona la relevancia de la Scala en Milán, del Liceo en Barcelona o del Colón en Buenos Aires. Me gustaría que cada valenciano viniera al menos uan vez al año a Les Arts, al espectáculo que sea; y si no vienen, que al menos se sientan orgulloso de una institución que es suya y que contribuyen a costear con sus impuestos. En línea con esto estamos intensificando las colaboraciones con otras instituciones, públicas o privadas, de Valencia, para seguir sumando en la difusión local de la propuesta de Les Arts.

"Hay importantes lagunas en el repertorio que tenemos que cubrir" 

Con su incorporación pero también con la renovación del Patronato y una nueva Dirección General, tengo la impresión de que se busca generar una nueva etapa en Les Arts.

Afrontamos una una etapa nueva, claramente. La intención de la Consejería es empezar de nuevo y dibujar con ello un nuevo tiempo para Les Arts. Seguramente la manera de arrancar con el Palau de Les Arts en su día fue la única posible. Si alguien quería situar en el mapa un proyecto como este, por fuerza había de ser a golpe de talonarío, con muchos recursos y generando un gran impacto. Y ese fue el encargo que recibió Helga Schmidt, quien cumplió con la tarea con creces. Pero no se hizo una reflexión, desde mi punto de vista: esa fórmula no es eterna. Llega un momento, y llegó, en el que los recursos merman y en Les Arts no había, por decirlo así, un plan de aterrizaje para situar la institución en otro impás. Por eso hubo una especie de derrumbe, tras el cual queda lo que queda. Sustancialmente el edificio, el equipo humano y los cuerpos estables, que no es poco, pero hay mucho trabajo por hacer. Sobre todo tenemos mucho trabajo por delante con el público y con el repertorio. Una ciudad como Valencia, con sus dimensiones, su población y su actividad económica, puede aspirar a más. Y en materia de repertorio nos faltan cosas elemantales, como las óperas de Janacek, Pelléas et Mélisande, Wozzeck, The Rake´s progress o el barroco, ausente de la sala grande desde 2008. Con la cuestión del repertorio no se trata de educar el público. Eso es pretencioso y no me interesa. Se trata de seducirles... y sobre todo lograr que se dejen seducir. Hay que generar esa confianza. A mí Elektra me fascina, pero yo soy de Gijón, no soy de Viena. No hace falta una predisposición genética para disfrutar con este repertorio. Espero que el público de Les Arts nos brinde esa confianza para construir juntos un proyecto sólido. 

Foto: © Miguel Lorenzo / Palau de Les Arts

 

 

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