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Annalisa Stroppa: "Los teatros vacíos nos recuerdan que la belleza está en hacer las cosas juntos" 

Residente a medio camino entre Brescia y Bergamo, en plena zona cero de la tragedia que el coronavirus ha dejado a su paso por Italia, la mezzosoprano Annalisa Stroppa será hoy una de las primeras solistas en volver a pisar un escenario para hacer sonar su voz en la era del covid-19, si bien ante un aforo reducido y bajo unas condiciones excepcionales. Desde el pasado lunes 18, el Staatstheater de Wiesbaden ha sido el primero en retomar una actividad próxima a la normalidad, llevando adelante los compromisos de su festival del mes de mayo, aunque salvaguardando el distanciamiento y las medidas de higiene sanitaria, tanto entre el público como entre los artistas y trabajadores del teatro. 

Con un nudo en la garganta, Stroppa nos contaba ayer sus impresiones durante el viaje hasta Wiesbaden y la emoción indescriptible de volver a pisar un escenario, transcurridos más de dos meses desde la última vez que lo hizo, el pasado 8 de marzo en Palma de Mallorca, precisamente para cantar Carmen, el mismo rol que ahora la trae hasta Alemania. "El teatro de Wiesbaden ha sido escrupuloso y muy profesional con todos los preparativos, facilitándome un permiso extraordinario para poder viajar desde Milán. Realmente ha sido impactante entrar en Malpensa y ver el aeropuerto prácticamente vacío, con más controles de seguridad y estrictas reglas de desinfección y distanciamiento". Pero sin duda lo más singular ha sido el vuelo, "extrañamente tranquilo y plácido", apunta Stroppa. "Apenas viajábamos una docena de personas y el vuelo ha transcurrido en un silencio casi irreal, que hablaba por sí solo. Era inevitable emocionarse al mirar por la ventanilla del avión, contemplando toda esa belleza que hay ahí fuera y en la que a menudo no reparamos".

Ayer tuvo lugar un primer ensayo con los demás solistas que participan en la representación de esta noche, una selección de fragmentos de la Carmen de Bizet acompañados al piano. "Ha sido un ensayo extraño. Volver a pisar un escenario, dos meses después de la última vez; me parecía como si hubiera pasado una eternidad. Realmente ha sido como pisar el escenario por primera vez. Una emoción fortísima". ¿Y cómo resolver el distanciamiento entre los cantantes, precisamente con un título tan pasional como es Carmen? Seguramente haya que hacer de la necesidad virtud. Para Stroppa la mirada redobla ahora su fuerza, cuando no es posible el contacto físico, cuerpo a cuerpo: "Aquí no es posible sentir la intensidad de un colega a través de su cuerpo, tampoco tenemos la ayuda de la escenografía y sus espacios. De modo que todo se concentra en la mirada, en el lenguaje facial. Los ojos lo dicen todo. Ha sido complicado enfrentarse a una situación así. Me sentía como desnuda, obligada a buscar la intensidad expresiva dentro de mí, porque no hay nada ahí fuera en lo que apoyarse. Esta es una idea muy fuerte, desde un punto de vista artístico. Enfrentarse a la intensidad sin ningún artificio, es un reto bellísimo", subraya.

Curiosamente, Carmen es lo último que Stroppa cantó antes de que el covid-19 impactase en nuestras vidas. "Tengo la impresión de que no es casual. Carmen es el emblema de esa libertad que nos ha faltado tanto y nos sigue faltando, en muchos sentidos, también en el teatro", apunta. La representación de hoy en Wiesbaden tendrá lugar sin escenografía, con apenas una silla y una cuerda como elementos de atrezo para la seguidilla. "Incluso hemos tenido que traer nuestro propio vestuario, cada cantante, por razones de higiene. También tendré que ocuparme yo misma de mi maquillaje y del cambio de vestuario entre escenas, sin asistencia de las valiosísimas profesionales que habitualmente los cantantes tenemos en camerinos. Esto nos enseña hasta qué punto un teatro es un engranaje perfecto y complejo, en el que todos somos igualmente necesarios. A menudo se fija la mirada en los solistas, los que pisamos el escenario, los que recibimos los aplausos y a los que apuntan los focos, pero el teatro lo hacemos todos. Esta es la mejor lección que podemos extraer de esta tragedia: la belleza está en hacer las cosas juntos".

Durante las pasadas semanas el streaming ha sido la salvación para muchos artistas e instituciones, que se han esforzado en mantener su actividad a través de esa vía alternativa. Pero Annalisa Stroppa lo tiene claro. "Solo la música en vivo te llega al corazón. El streaming y la tecnología nos ayudan a seguir estando ahí, pero son siempre un sucedáneo. Nada te puede emocionar como la música en vivo. La música en directo, la música juntos, es algo que no se puede detener. Tenemos que emocionarnos juntos, se trata de eso. Lo necesitamos, tanto el público como los artistas. La música es vida, es unión, esperanza, serenidad… esa es la magia de su lenguaje universal, más allá del espacio y del tiempo", apunta emocionada. 

No dejamos de interrogarnos sobre las lecciones que la humanidad pueda extraer de esta pandemia. A este respecto, conversando con Annalisa Stroppa, una idea se repite constantemente: "La salud es nuestra única riqueza. No somos más ricos por ganar más dinero. ¿De qué nos sirve el dinero si no sabemos valorar la belleza? Aquí en Wiesbaden, por ejemplo, el teatro nos ha alojado en un hotel fantástico, pero todos sus servicios están reducidos ante el coronavirus. Tan solo se sirve el desayuno en la habitación. ¿De qué nos sirve todo esto si no podemos disfrutarlo con los demás?". 

El mundo del teatro es alegoría de la propia sociedad, con su compleja armonía, hoy más que nunca puesta en evidencia, desde la incierta vivencia del confinamiento. "El teatro es un pequeño universo, en el que todo el mundo es necesario. Solos no somos nada, necesitamos a los demás para todo, también en el teatro, pero en la vida en general. Y el teatro nos enseña esto una vez más. Finalmente, Annalisa Stroppa quiere lanzar un mensaje de esperanza y optimismo, a través de la música, en estos momentos en los que la incertidumbre todavía nos acecha con fuerza: "Me considero una privilegiada. Para mí, estar hoy en Wiesbaden es como un rayo de sol en mitad de todo este trágico periodo. Y quiero que sirva como un mensaje de esperanza: en medio de la adversidad, se puede seguir adelante. Este tiempo nos ha hecho entender todo esto de una manera cruel y trágica. Ansíamos recuperar la belleza, esa normalidad que antes no valorábamos. Los teatros vacios nos recuerdan que la belleza está en hacer las cosas juntos". 

Fotos: © Silvia Lelli

 

 

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