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KirillPetrenko

Kirill Petrenko, primus inter pares 

Aunque su nombre era una candidatura evidente en algunos círculos musicales, no pocos aficionados se sorprendieron hace unos meses al ver que la Filarmónica de Berlín escogía al ruso Kirill Petrenko como su nuevo director titular para suceder a Rattle a partir de 2018. El actual director musical titular en la Bayerische Staatsoper de Múnich no era el más destacado en las quinielas, más ocupadas de Thieleman, Nelsons, Dudamel o Barenboim. Pero quienes venimos siguiendo la trayectoria de Petrenko lo teníamos claro: no hay otro talento musical como el suyo a día de hoy. No se trata de que sea el mejor, sino de que es único por su manera de entender y hacer música, con una capacidad sobresaliente para traducir conceptos en sonidos.  

Niño prodigio, tras debutar como pianista a los once años de edad, Kirill Petrenko, nacido en 1972, se ha ido labrando una trayectoria a la antigua. Tras su debut como director en 1995 en Vorarlberg, con Let´s Make an Opera de Britten, atravesó unos “años de galeras” como director musical asistente en la Volksoper de Viena (1997-1999), donde se esforzó con denuedo para demostrar a propios y extraños que era un trabajador infatigable. Habiendo colaborado con Myung-Whung Chung, Edward Downes, Péter Eötvös, Semion Bychkov, en 1999 Petrenko fue nombrado Director Musical General en el Südthüringisches Staatstheater de Meiningen, en Thuringia. Fue allí, en 2001, cuando dirigió por vez primera el Anillo de Wagner en días consecutivos, ya entonces con un notable refrendo de las críticas recibidas. Un año después, en 2002, le llegaba su primer cargo de mayor entidad, como director titular en la Kömische Oper de Berlín, un hervidero de creatividad en el que permaneció al cargo durante cinco años, hasta 2007. Finalmente, en 2010 fue nombrado Director Musical General en la Bayerische Staatsoper de Múnich, su actual responsabilidad, tomando posesión del cargo en septiembre de 2013 sucediendo a Kent Nagano. 

En su haber está también el hecho de haber sido elegido por el Festival de Bayreuth para para dirigir el Anillo del centenario en 2013 y asimismo los siguientes de 2014 y 2015. Hasta la fecha Petrenko ha trabajado como invitado en la Wiener Staatsoper, en el Metropolitan de Nueva York, en la Semperoper de Dresde, en el Covent Garden de Londres y en la ópera de París, amén de junto a las principales orquestas del planeta como la propia Filarmónica de Berlín, la Filarmónica de Viena, la Staatskapelle de Dresde, la Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera, la Orquesta de la Academia Nacional de Santa Cecilia de Roma, la Orquesta Filarmónica de Israel, la Orquesta de Cleveland o la Orquesta Filarmónica de Oslo. Con 44 años de edad, Petrenko llega así a la que es de hecho su primera titularidad de una orquesta, que en el caso de la Berliner encuentra a su vez en él a su primer titular de origen ruso. Nikisch fue nombrado titular en Berlín en 1895 con 40 años, Furtwängler en 1922 con 36, Karajan en el 54 con 46, Abbado en el 89 con 56, el más mayor de todos, y Rattle en 2002 con 47 años. Petrenko es pues un candidato para un mandato que no se antoja breve sino de media o larga duración.

Petrenko es un genio alla Kleiber, que a diferencia de Petrenko sí dijo en su día que no a los berlineses. De una engañosa modestia, escurridizo y tímido (recordemos que casi se sonrojaba atendiendo a los medios en la presentación de la última temporada de la Bayerische Staatsoper), es sin duda un personaje un tanto esquivo y reservado, casi un asceta, pero no cabe duda de que estamos ante un músico genuino, con un talento tan ilimitado como evidente. Es la suya una batuta puntillosa y meticulosa hasta la obsesión, de un perfeccionista patológico. En ese sentido, me contaban que horas antes de cada nueva representación de Die Soldaten en Múnich pedía a la orquesta encerrarse de nuevo para repasar algunos pasajes. Petrenko tiene una personalidad intensa y un punto visionaria, con una rara capacidad para comunicarse con los músicos con los que trabaja. Seguramente su mayor inconveniente para la titularidad en Berlín sea su personalidad tan introspectiva y reservada, los de ese carisma social tan querido en el entorno de la Filarmónica de Berlín y que junto a su talento musical fue la seña de identidad de sus dos últimos titulares, Abbado y Rattle. 

La decisión de la Filarmónica de Berlín sorprende más si cabe por el hecho de que Petrenko y ellos sólo habían trabajado antes en tres ocasiones desde 2006, con resultados intensos y por lo visto memorables para la formación. Lo mismo sucedió cuando la Ópera de Múnich le nombró titular tras haber colaborado en una única producción, con Jenufa. Extraña no ver a Petrenko previsto entre los directores invitados para  la presenta temporada 2015/2016 en la Philharmonie, aunque a buen seguro que será la primera opción a considerar en caso de que alguna otra batuta se caiga del cartel. Petrenko se impuso al parecer en Berlín como la opción de consenso mayoritaria más allá de las batallas internas entre la vieja guardia partidaria de Thielemann y un amplio sector más proclive a Nelsons. Seguramente nunca sabremos si fue así o no, más allá de los rumores al respecto. Pero lo cierto es que la Berliner nunca ha elegido a los candidatos favoritos a priori, pues ni Abbado ni Rattle fueron las primeras opciones en su día. Sea como fuere, la orquesta demostró hace unos meses un coraje y una altura moral sobresalientes con su decisión, anteponiendo su aquilatado y alto concepto de lo que significa hacer música por encima de cualquier otro factor. Y así, han escogido como titular al más digno candidato para hacer música bajo ese prisma. La Filarmónica de Berlín volvió a demostrar que el cosmopolitismo y la democracia son sus señas de identidad, no ya como comunidad de artistas sino como un proyecto moral que no sabe ni de nacionalismos ni de politiqueos y mucho menos aún de imperativos comerciales. 

Personalmente, en los dos últimos años he podido disfrutar del trabajo de Petrenko en numerosas ocasiones, dirigiendo Der Rosenkavalier, Der Ring des Nibelungen (Bayreuth y Múnich), Die Soldaten (hasta en dos ocasiones), Die Frau ohne Schatten, Lucia di Lammermoor, Lulu, Ariadne auf Naxos, South Pole... Todas ellas, sin excepción, han sido experiencias musicales con un halo memorable.

 

 

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