LogoPlateaNuevoCompleto
LogoPlateaNuevo V
bannerPM550x100febLang2

Pablo HerasCasado Alhambra Gemma Escribano

Pablo Heras-Casado: "Más de la mitad de las orquestas españolas no me ha invitado hasta ahora"

Hace ahora poco más de cinco años Pablo Heras-Casado protagonizó la primera portada de Platea Magazine. El tiempo ha pasado para todos y de hecho el maestro granadino celebra ya 25 años de trayectoria profesional en activo. Acaba de regresar de Japón, donde ha dirigido la Novena sinfonía de Beethoven con la NHK Symphony Orchestra y donde sus recientes grabaciones han sido triplemente galardonadas. Apenas llegado a Madrid para comenzar los ensayos de Siegfried en el Teatro Real, conversamos con Pablo Heras-Casado para hacer balance de esas dos décadas y media de actividad, incidiendo en los más recientes episodos en su trayectoria.

Ha cerrado 2020 precisamente en Asia, donde comenzó esta pandemia, y dirigiendo además música de Beethoven en el año de su 250 aniversario. Imagino que han sido sensaciones muy intensas, obligado además a un largo confinamiento de catorce días a su llegada a Tokio.

Sí, ya va casi para un año de pandemia y lo cierto es que casi nos hemos acostumbrado ya a todas estas anomalías. Personalmente, haber podido estar en Japón estas semanas ha supuesto una inyección brutal de música y de energía. Ha sido una suerte, un privilegio y un honor hacer la Novena de Beethoven en Tokio, donde es una pieza icónica, emblemática, con decenas de interpretaciones en la ciudad, en condiciones normales, cada mes de diciembre. Haber podido dirigir cuatro conciertos con las entradas agotadas desde hacía meses ha sido un broche inimaginable a este terrible año. 

Además desde Japón le llegaron precisamente tres importantes reconocimientos para sus últimos discos, dos de ellos dedicados precisamente a Beethoven en Harmonia Mundi.

Así es, tres galardones importantes, unos premios muy prestigiosos allí. Estas Novenas que he dirigido estaban ya en mi agenda antes de grabar estos discos y la coincidencia ha querido que haya podido dirigir Beethoven en Japón precisamente cuando han llegado estos premios. Como decía, la Novena es una tradición importantísima en Tokio, donde suele haber unos ochenta o noventa conciertos con esta obra a lo largo del mes de diciembre, es una locura. Y por eso ha sido tan especial recibir ese reconocimiento allí hacia una grabación de la Novena en la que he hecho una declaración de intenciones y he tomado mis riesgos, mis decisiones, por una mera cuestión de honestidad, como supongo que hace cualquier artista. En Japón hay una tradición muy centroeuropea en torno a esta obra y que una propuesta así haya resultado premiada es un doble reconocimiento. La NHK es, para mi, la mejor orquesta del mundo al este de Berlín. Es una formación con una enorme tradición y una inmensa cultura. Técnicamente son prodigiosos, pero su hondura cultural es sorprendente para quien no la conozca bien desde Europa. Con ellos he hecho ya música de Liszt, Chaikovski, Mussorgski, Stockhausen… y ahora Beethoven. En todos estos repertorios se mueven con un conocimiento exquisito.

Imagino que con la NHK, que es una formación con ese poso centroeuropeo, el reto ha sido llevar a cabo una lectura de la Novena más acorde precisamente a la que se escuchaba en esa grabación premiada con la Orquesta Barroca de Friburgo.

Eso es, sí. De algún modo es mi versión, libre y personal, y haberla podido trabajar con una orquesta como la NHK, tan abierta y dispuesta a buscar nuevos horizontes, ha sido un privilegio. Son la orquesta más importante del país, han hecho la Novena cientos y cientos de veces, y sin embargo había en ellos una curiosidad y una apertura que me han maravillado. Realmente he podido llevar adelante con ellos el mismo espíritu que marcó la grabación con la Orquesta Barroca de Friburgo y me he sentido muy bien; admiro su pasión y su entrega, desde luego.

Las dos semanas de cuarentena al llegar a Japón entiendo que han sido una experiencia en sí misma.

Sí, pasé dos semanas aislado en un apartamento. Es mejor que estar en un hotel, donde no te permiten salir siquiera de la habitación. En cambio, en el apartamento sí puedes salir a comprar, a pasear, a hacer deporte… Todo lo que no implique contactos sociales, ni acceso al transporte público, restaurantes, etc. Sin duda había que tomarse muy en serio la cuarentena, por razones obvias. Y además porque yo sentía una doble responsabilidad, al ser el primer director no japonés que se ponía al frente de la NHK desde el confinamiento en marzo. Y debo decir que esas dos semanas han sido un tiempo fabuloso, dos semanas para estar conmigo mismo, en una condiciones favorables además, perfectamente atendido, con todas las necesidades bien cubiertas. Fueron días como dentro de una burbuja privilegiada, una ocasión extraordinaria para mirarse uno mismo, pensar, reflexionar, estudiar, cuidarse… días para ser muy consciente de dónde estás y quién eres. 

Ya en Bergen, si no recuerdo mal, tuvo que pasar por un periodo de confinamiento similar.

Sí, para esos conciertos en Noruega tuve que pasar diez días en condiciones semejantes. Y son ocasiones que hay que saber aprovechar, cuando el día a día nos suele llevar a un ritmo tan acelerado, con muchos proyectos a la par, intentando conciliar la vida personal y la artística, etc. Hay que saber sacarle partido a esa soledad, a ese tiempo disponible. Seguramente la realidad volverá a ser la que era, tarde o temprano, y nos arrepentiremos de no haber aprovechado bien estas ventanas de tiempo para pensar y reordenar ciertas cosas. Las cosas necesitan tiempo. Un niño crece a su ritmo, las plantas igual y el arte no es distinto. Esos ritmos deben respetarse y ahora más que nunca somos conscientes de ello.

Mencionaba antes la grabación de la Novena de Beethoven con la Orquesta Barroca de Friburgo y se refería a ella como una apuesta muy personal, en la que había tomado algunos riesgos. ¿A qué se refería exactamente?

Rara vez tengo la impresión de ser más o menos iconoclasta. Es algo que nunca me ha preocupado especialmente. No he tenido una conexión férrea con determinadas tradiciones; las he conocido, las conozco, me interesan… Pero por mi procedencia y por mi trayectoria, lo cierto es que no vengo de una tradicional musical determinada sino que he hecho mi camino y no he buscado, no me ha interesado, adscribirme a ninguna corriente en particular. Con criterio y con distancia, he preferido hacer mi propio camino, tomando de aquí y de allá. Digo esto porque yo no decido ser más o menos transgresor, eso no va con mi forma de plantear las cosas. Lo que sí hago continuamente es preguntarme, cuestionarme las decisiones que tomo a la hora de hacer una interpretación. He dirigido la Novena muchas veces y he tenido al fortuna de hacerlo con formaciones tan importantes como la Sinfónica de Viena o la Staatskapelle de Berlín. Y cuando llegó la oportunidad de grabar la Novena de Beethoven precisamente en el año de su aniversario, entendí que era una ocasión perfecta para hacer tabla rasa y partir de cero. Tomar riesgos es algo consustancial al arte, y qué mejor ejemplo que la Novena de Beethoven precisamente. Con esta grabación quise hacer un trabajo de olvido, incluso de mí mismo, de lo que había hecho antes con esta misma partitura y acercarme a ella como si fuera la primera vez. Con la Orquesta Barroca de Friburgo tengo una conexión y una confianza totales, hay una gran empatía entre nosotros, y es una formación que también ama el riesgo y con un gran conocimiento de la tradición. Por eso quisimos ir un paso más allá, en cuanto a los tiempos, a la articulación, las transiciones, el extremismo de la dinámicas, etc. Pero sobre todo sin ser consciente en ningún momento de estar haciendo algo diferente porque sí, por el mero hecho de suscitar la atención en un punto determinado. Simplemente, con honestidad y de la manera más auténtica que yo puedo hacerlo, con la partitura como única guía. Y lo cierto es que la grabación ha sido muy bien acogida, por la crítica en Europa y en Estados Unidos, más allá de este galardón en Japón. Y más allá del elogio, lo importante aquí es la constatación de que algo que haces con honestidad y sinceridad y que conlleva un riesgo puede tener un impacto y un calado, no solo en la crítica sino también el público. Revisar es importante, no se trata de cambiar por cambiar, buscando la novedad en sí misma; pero sí se trata de hacerse preguntas y ver hasta dónde te llevan.

 

"Tomar riesgos es algo consustancial al arte"

 

Su agenda prosigue ahora con un reto mayúsculo, nada menos que Siegfried de Wagner en el Teatro Real de Madrid, continuando con el Anillo que comenzó hace ya un par de temporadas. 

Así es. Y si cada ocasión es un privilegio, en este caso todavía más, porque tal y como está el mundo, siendo cual es la coyuntura en casi todos los países y teatros, me parece casi un sueño poder estar en el foso del Teatro Real dirigiendo esta obra tan extraordinaria y colosal. Hemos trabajado muchísimo con todo el personal del teatro, durante estos últimos meses, para hacerlo posible, buscando las mejores soluciones para que no sufra en ningún caso la integridad artística de estas funciones, cumpliendo a rajatabla con los protocolos de seguridad ante el covid. Es muy importante que unas representaciones así se mantengan en pie y salgan adelante, en la línea de lo que el Teatro Real lleva ya unos meses haciendo, desde el pasado verano. Es emocionante enfrentarse a un reto así.

¿Harán la partitura íntegra o ha sido necesario algún tipo de ajuste o recorte?

Todo íntegro. Nos planteamos en su momento trabajar con alguna reducción de la partitura, pero finalmente vamos adelante con la partitura en su versión íntegra. Si es cierto que en las jornadas previas de este Anillo tuvimos el lujo de tener una plantilla de cuerda enorme, que ni siquiera se permiten los teatros centroeuropeos donde este repertorio es habitual, como en Múnich. Este año ahí sí tendremos que reducir un poco, para Siegfried. Pero esto no es problema, tan solo nos obligará a trabajar más con los balances, no afectará apenas.

Tras El holandés errante de diciembre de 2016 y habiendo transitado ya por Das Rheingold y Die Walküre, ¿cuál es su balance del encuentro con la obra de Richard Wagner? Entiendo que estará en un punto de madurez. 

Así lo considero, sí. Me gusta tomar riesgos pero tampoco soy osado. Cuando un artista da un salto adelante, hacia otro repertorio, siempre tiene que haber una primera vez, y una segunda y con ello un recorrido hacia adelante. Y este es mi caso pero no solo con Wagner, sino en general; porque para un repertorio como este hace falta haber dirigido mucho Mozart, Beethoven, Schumann, Brahms, Bruckner, Mahler, Strauss… e incluso belcanto. Ya en Die Walküre me encontré muy dentro de este mundo del Anillo, sintiendo una cercanía y una identidad muy fuertes con la música de Wagner y con su universo.

Y más allá del proyecto de este Anillo, que debería concluir la próxima temporada con el Ocaso, ¿tiene planes de seguir adelante con más repertorio wagneriano? 

Sí, tengo ya en agenda dos proyectos diferentes para hacer Tristan und Isolde. Y también hay una idea para hacer Los maestros cantores más a largo plazo. Y lo que espero es que vengan más Anillos, pero eso ciertamentes es más complicado. En todo caso, Wagner es un compositor que forma parte ya de mi repertorio, lo siento así. 

Otro importante proyecto en su agenda es la trilogía de Monteverdi que subirá por vez primera al escenario de la Staastsoper de Viena. 

Sí, la música de Monteverdi lleva mucho tiempo en mi vida. Es un compositor al que siento como parte de mi ADN. Y el proyecto para hacer sus tres óperas en la Staatsoper de Viena, por primera vez allí, es un lujo. La obra de Monteverdi se había escenificado antes en el Theater an Der Wien pero no había entrado aún en el repertorio de la Staatsoper. 

Y en Madrid, aprovechando sus ensayos para el Siegfried, tiene previsto un concierto con la Sinfónica de Madrid. En origen habían previsto la Novena de Bruckner pero creo que finalmente harán su Sexta sinfonía.

Eso es. Habíamos previsto originalmente la Novena, pero lo cierto es que esta partitura tiene una plantilla bastante mayor en los vientos, sobre todo, con tuba wagneriana, trombón bajo, etc. Para adaptarnos a las condiciones actuales, hemos optado por la Sexta que tiene una plantilla relativamente estándar para la literatura sinfónica romántica. Tan solo tendremos que bajar un atril en las cuerdas, que es una merma mínima, inapreciable. Seguimos así adelante con un proyecto muy importante para mí, que es la integral de las sinfonías de Bruckner con la Sinfónica de Madrid. Ya habíamos hecho la Primera, la Segunda, la Quinta y la Séptima y este año seguiremos con la Sexta. 

Y tras las funciones en Madrid, ¿qué queda en pie de su agenda ahora mismo?

Es todo muy incierto. Desde marzo mi debut con la Filarmónica de la Scala se ha tenido que posponer ya hasta en dos ocasiones. La última encontrándome ya en Milán incluso, el día antes del concierto y tras haber ensayado un programa bien exigente. En todo caso tengo compromisos por delante, sobre todo en Europa, que espero que se mantengan en pie: conciertos con la Orquesta de París, con la Elbphilharmonie Orchester de Hamburgo, etc. 

Ahora que menciona la Orquesta de París, una orquesta con la que tiene una espléndida relación, entiendo no obstante que le sorprendió no ser el elegido finalmente para ocupar su titularidad. 

Sí, creo que era público y notorio que yo era un firme candidato para esa titularidad al frente de la Orquesta de París. 

¿Y ha supuesto una cierta decepción no ser el elegido? Si le digo la verdad, tengo la impresión de que hay una constante preocupación en los medios por hacerle titular de alguna orquesta, lo antes posible. Y al mismo tiempo me parece que pocos directores hay como usted, con un espíritu tan libre y tan poco dado a casamientos forzosos.

Es complicado. Tengo 43 años y tengo una trayectoria ya larga y consolidada, son dos décadas y media en activo, con vínculos estables con muchas orquestas internacionales de primer nivel y con muchos proyectos discográficos en agenda, para los próximos años. Es decir, no necesito una titularidad para completar mi agenda. Lo cierto, quizá, es que mi trayectoria ha sido un tanto atípica, y no porque yo lo haya pretendido, sino porque se ha dado así. Siempre he buscado desarrollar los proyectos que me interesaban, con las personas que me interesaban y de una manera muy libre. Y esto ha sido algo esencial e irrenunciable para mí. Y cuando he tenido oportunidades de establecer vínculos más estables con algunas orquestas, siempre he puesto sobre la mesa esa libertad como algo que no era negociable para mí. Y seguramente eso me ha hecho tener que esperar un poco más y tener más paciencia. Y mientras tanto voy haciendo camino… Hay varias orquestas, y lo digo abiertamente, con las que he tenido la certeza de que era el momento adecuado y de que hubiera funcionado muy bien una titularidad. Es el caso de la Orquesta de París y fue también el caso de la Sinfónica de San Francisco, que optó finalmente por alguien a quien admiro tanto como Esa-Pekka Salonen.

 

"Mi salida del Festival de Granada fue un ejercicio de honestidad"

 

Otro asunto sobre el que apenas se ha manifestado en público es su abrupta salida del Festival de Granada, que suscitó rumores, comentarios y polémicas de todo tipo. ¿Qué paso exactamente? ¿Hasta dónde quiere comentar lo sucedido y qué balance hace de sus casi tres años allí como director artístico?

Cada vez me parece más importante saber calcular los tiempos, saber bien en qué momento tu implicación y tu trabajo pueden tener un impacto y cuándo deja de ser así. Esto pasa también con una orquesta; cuando pasas tres días ensayando con ellos, sabes ya bien hasta dónde puedes ir o no, a qué tienes que renunciar y a qué puedes aspirar. Y en el caso del Festival de Granada, en un determinado momento tuve claro que yo había llegado a dar el máximo y que no podíamos llegar más allá. Y me fui tranquilo, con la sensación de dejar un gran balance, tanto de proyectos concluidos como de avances sembrados, dejando allí un buen legado que se puede incluso objetivar y contabilizar. Mi salida fue también un ejercicio de honestidad pero este tipo de decisiones son complicadas y entiendo que esto pudo decepcionar a otras personas. Agradecí en su momento y sigo agradeciendo todo el apoyo que recibí cuando se pensó en mi para comandar una nueva etapa en el Festival de Granada. Agradecido y orgulloso. Fue un periodo muy intenso y del que tengo un fantástico recuerdo, pero los ciclos se terminan y hay que saber identificar cuándo se acaban. Mi recuerdo es excelente, mi balance es fantástico y creo que la continuidad del proyecto que empezamos entonces está ahora garantizada con la figura de Antonio Moral como mi sucesor.

De los proyectos discográficos que mencionaba antes, ¿cuáles serán los siguientes?

Finalizaremos la integral de los conciertos para piano de Beethoven con Kristian Bezuidenhout, uno de los proyectos más importantes que he hecho en la última década, sin lugar a dudas. También grabamos el Triple de Beethoven en Berlín, con Isabelle Faust, Aleksander Melnikov y Jean Ghuihen Queyras, una grabación que saldrá en primavera. También en torno a marzo o abril saldrá un álbum con la Orquesta de París, incluyendo La consagración de la primavera de Stravinsky y el Concierto ‘Alhambra’ de Péter Eötvös que yo mismo encargué cuando estaba al frente del Festival de Granada, con Isabelle Faust como solista. Y en torno al verano debería salir también la integral de las sinfonías de Robert Schumann que dirigí con la Filarmónica de Múnich, en 2019. Este es un proyecto verdaderamente apasionante; tener la ocasión de grabar este repertorio con una orquesta así es un honor.

Para finalizar quería preguntarle por la realidad de su agenda en España. Tengo la impresión de que sigue costando que sea profeta en su tierra. Me pregunto por qué no dirige a la Orquesta Nacional de España, por ejemplo. Pero también a la Sinfónica de Galicia, la Sinfónica de Euskadi o la Sinfónica de Sevilla, por citar otras tres formaciones importantes en el país. Recientemente, eso sí, pudo firmar su debut en Les Arts, nada menos que con la Leningrado de Shostakovich. ¿Llegan tarde las propuestas o simplemente no llegan?

Lo cierto es que suceden las dos cosas. Más de la mitad de las orquestas españolas no me ha invitado hasta ahora. Y no pasa nada. No es ni bueno ni malo, simplemente es así, no se ha dado. Y en ocasiones cuando llegan las propuestas, llegan tarde, cuando ya tenemos una agenda comprometida a varios años vista. Y en este sentido también debo decir que yo mismo he priorizado la relación con orquestas internacionales a las que llevo años ligado y a las que me gusta dirigir al menos una vez por temporada, como en París, Londres, Viena, San Francisco, etc. Ultimamente he dirigido en Valencia a sus dos orquestas, también tengo conciertos en abril con la Sinfónica de RTVE, y todo esto al margen de mi vínculo con el Teatro Real y con la Sinfónica de Madrid, con quienes tengo una relación importantísima.

 

 

 Artista de la semana De la Rubia

AYUDANOS PlateaMagazine 500

SDT 2022 08 Banner Packs 250x250 Platea
Jaroussky LesArts dic19
250x250 MyOperaPlayer TR PLATEA
plateaT2021c
OperaTF RIGOLETTO Platea Banner250x250px
banner turandot 250x250
CECILIA VALDES HISPAVISTA 250x250
BannerPlatea2019
donizetti bergamo festival
public plateamagazine 250X250 0FGC 1920
PLATEACONCIERTOSREV0 150 kb
fundacion Carreras 2019