31 LA BOHÈME Miguel Lorenzo Les Arts 

La ópera perfecta

Valencia. 11/12/2022. Les Arts. Puccini: La bohème. Federica Lombardi (Mimí). Saimir Pirgu (Rodolfo). Mattia Olivieri (Marcello). Marina Monzó (Musetta). Manuel Fuentes (Colline). Damián del Castillo (Schaunard) y otros. Davide Livermore, dirección de escena. James Gaffigan, dirección musical.

En materia operística Puccini es el no va más, la consumación de la orfebrería belcantista en su vanguardia y modernidad, la emotividad transmutada en experiencia sensorial, justo en la antesala del cine, la sublimación de la experiencia teatral, llevando el melodrama lírico italiano hasta sus últimas consecuencias.

En este sentido, bien puede hablarse de La bohème como una ópera perfecta. Y es que a lo largo de sus cuatro actos lo tiene todo: una pareja de enamorados que pasan de la felicidad al llanto, un comienzo emotivo y un final trágico, instantes para la risa y momentos para la congoja, cuatro protagonistas bien equilibrados en su desarrollo vocal y un sinfín de hermosas melodías que tienen al público en vilo durante las dos horas de música que atesora la partitura.

Por otro lado, a menudo no hace falta tener a un Kaufmann o a una Netrebko para que una representación merezca la pena. De hecho, en su ausencia brillan con luz propia profesionales dignísimos y meritorios que a menudo quedan lejos de los focos, opacados por el estrellato mediático de otros colegas, no menos meritorios, pero sin duda sí aupados por la industria discográfica y su periferia.
 
Digo esto porque, siendo francos, quizá pocos melómanos españoles se habrán animado a ver esta Bohème de Les Arts, desconociendo seguramente el hermoso instrumento de Federica Lombardi y presuponiendo a lo mejor que a Saimir Pirgu ya le han escuchado bastante por aquí años atrás. Pues oigan, craso error. Pocas veces se asiste a una representación tan redonda, sin mácula, sin altibajos, sin excesos ni carencias, honesta y verdadera.
 
Seguramente nada fue memorable, pero ni falta que hace. Y es que también debemos 'desacostumbrarnos' a esa impresión de que cada vez que se alza el telón debemos asistir a algo inolvidable. También hay algo de belleza en la rutina bien entendida, cuando la entrega y la profesionalidad la presiden, como fue el caso de esta Bohème.
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Como ya apuntaba, la soprano Federica Lombardi convenció con una Mimí de canto naturalísimo, de aliento amplio y fraseo sincero. El timbre es grato, el instrumento es amplio y su potencial es manifiesto. Sin duda, una voz a seguir de cerca en los próximos años.

El tenor albanés Saimir Pirgu convenció con un Rodolfo de corte latino, ardoroso y elegante, fraseado con gusto y poesía, desahogado en el agudo y de timbre fresco y atractivo. Voz bien resuelta y proyectada, a la italiana, encarnó a un Rodolfo sin mácula.

En la parte de Marcello el joven barítono Mattia Olivieri mostró las credenciales de un instrumento dotadísimo, de hermoso timbre baritonal, de amplia extensión y respaldado por una desenvuelta actuación en escena. Irreprochable. 

La soprano valenciana Marina Monzó se pasea por el rol de Musetta con pasmosa facilidad y con un control de su instrumento verdaderamente insultante. Lo bueno es que no se conforma con eso, no busca simplemente epatar con un timbre brillante en su consabido vals; de hecho saca oro a sus frases en el último acto, donde nadie espera a Musetta.
 
En la parte de Schaunard, Damián del Castillo vuelve a confirmar su ya probada profesionalidad y el bajo valenciano Manuel Fuentes, en la parte de Colline, vuelve a dar muestras de su enorme potencial, con un instrumento de bajo cantante de los que rara vez se escuchan. Completaron el elenco el Alcindoro/Benoît de Jorge Rodríguez-Norton y el Parpignol de Vicent Romero.
 
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James Gaffigan, batuta titular del coliseo valenciano, firma con esta Bohème uno de sus mejores trabajos desde que llegó a Les Arts. Sin demasiado caramelo, en el punto justo entre la emotividad y el despliegue sinfónico, atentísimo a las voces, opta aquí por un concepto nítido, dinámico y conciso de la partitura, sin recrease en rubati innecesarios, muy ajustado y exigente con los tempi. La Orquesta de la Generalitat es un regalo para una partitura tan colorista, tan rica en acentos y en melodías, con tantísimas miniaturas escondidas en la partitura, bien poderadas por la batuta de Gaffigan para brillar con luz propia.
 
Con esta Bohème ya vista en Les Arts en 2012, entonces con Riccardo Chailly a la batuta, y repuesta nuevamente en 2015, Davide Livermore firma uno de sus mejores trabajos: vistoso, dinámico, realmente teatral. El código visual desde luego ayuda a ello, recurriendo a diversas obras icónicas de la pintura en el tiempo en el que se desarrolla la acción del libreto, acudiendo a imágenes perfectamente acompasadas con el texto. El resultado es una propuesta sencilla pero moderna, nada presuntuosa, elegante, natural y perfectamente válida como reposición.
 
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Fotos: © Miguel Lorenzo