© Nacho González Oramas | ACO 2026
El triunfo de la voz
Las Palmas, 19/05/26. Teatro Pérez Galdos. Giordano. Andrea Chénier. Piotr Beczala (Chénier), Maria Agresta (Maddalena di Coigny), Gevorg Hakobyan (Gérard), Ana Ibarra (La Contessa di Coigny/Madelon). Coro del Festival de la Ópera. Orquesta Filarmónica de Gran Canaria. Dirección escénica: Carlo Antonio de Lucia. Dirección musical: Daniel Oren.
La emoción que embarga a un aficionado de ópera cuando escucha una función donde la voz es la reina absoluta, tanto porque el compositor lo quiso así como porque el plantel elegido es el ideal, es casi absoluta. El dúo final de Andréa Chenier de Umberto Giordano me recordó a mis primeros años escuchando ópera, ya hace bastante tiempo. Era el culmen de una obra que no tiene un argumento arrebatador pero que sí posee una bella música y unas arias inolvidables. Después, descubres otro repertorio, quizá te enamoras de otros compositores y esta obra, que podríamos enmarcar en el verismo, pasa a un segundo plano, la oyes menos pero siempre la recuerdas con cariño. Piotr Beczala y Maria Agresta, guiados por una batuta tan segura como la de Daniel Oren, me devolvieron esa emoción, esa pasión por la voz, ese arrebato quizá poco refinado musicalmente pero maravilloso para que el pulso del corazón lo sientas en la garganta. Toda crítica tiene su subjetividad y esta es la mía.

Es conocido el argumento de la obra, que parece adelantarse, en muchos momentos a la Tosca de Puccini (no es casual que uno de los libretistas de Tosca sea también el de Andrea Chénier). El París de la Revolución Francesa, de la Época del Terror de Robespierre, sirve de telón de fondo para una historia de amor que va más allá de la guillotina en la que acaban los dos protagonistas. El entramado teatral no es deslumbrante pero permite lucirse en arias de enorme belleza tanto al tenor, como a la soprano y al barítono. ¿Qué se puede decir a estas alturas de Piotr Beczala? Es uno de los más grandes tenores de la actualidad, y lleva años siéndolo -recientemente le pudimos escuchar como Lohengrin en Baden-Baden-. La madurez le sienta maravillosamente y su voz sigue siendo espectacular, con un timbre bello y una facilidad para el agudo extraordinaria. El centro suena cada vez más redondo y declama con el gusto y la profesionalidad de años de trabajo. Hizo un Chénier de matrícula, luciéndose claramente desde su primera aria y recibiendo en cada uno de sus momentos estelares el cerrado aplauso del público grancanario y unos sonoros bravos. Fue una actuación redonda y que no será fácil olvidar.
No le fue a la zaga Maria Agresta, que debutaba en la ACO (Amigos Canarios de la Ópera), quien dibujó una Maddalena di Coigny que va evolucionando teatralmente según sus circunstancias vitales van empeorando. Pasa de la alegre y despreocupada joven noble a ser una enemiga de la patria, pero también una mujer que conoce el amor. También sus intervenciones fueron excelentes, sobre todo esa joya para cualquier soprano que es La mamma morta. Fue muy expresiva en su trabajo teatral y mostró un canto de gran atractivo y un fiato bien regulado. Su gran baza fueron los agudos, en los que no se dejó amedrentar por el torrente de voz de su compañero y estuvo a la misma altura en potencia y proyección.

Gran trabajo de Gevorg Hakobyan como Carlo Gérard. El barítono armenio tiene una voz potente, de amplia sonoridad y de contundente agudo sin que resientan su centro ni su zona baja, adonde llega sin problemas. Quizá se le pudiera pedir una mayor modulación porque su canto peca de cierta tosquedad y de una falta de matización que a este personaje, que es el que más evoluciona teatralmente en la ópera, lo requiere.
Excelente Ana Ibarra en su doble papel de la Contessa di Coigny y Madelon. Eran dos roles que debutaba pero que resolvió con soltura y una voz de gran personalidad. Todos los comprimarios estuvieron también a un alto nivel pero destacaría por su buena interpretación vocal como actoral el Incredibile de David Barrera y el Mathieu de Isaac Galán. Buen trabajo del Coro del Festival de Ópera, especialmente el grupo femenino que canta la pastoral del primer acto que pase a lo cursi de su vestimenta lució vocalmente perfecto a las órdenes del maestro Oren y la preparación de la directora del coro, Olga Santana.

Ya se ha mencionado más arriba: tener a Daniel Oren en el foso es una garantía absoluta de una dirección ponderada, con unos tempi perfectos y que huye del efectismo en el que se puede caer fácilmente en esta partitura. Estuvo siempre atento a sus cantantes y una vez más mostró todo su talento. Como también lo hizo la estupenda Orquesta Filarmónica de Gran Canaria, un conjunto de gran nivel que estuvo brillante en todas sus familias, aunque me gustaría destacar el bello acompañamiento del solista de violoncello en La mamma morta.
Mejoró bastante el trabajo del director de escena, Carlo Antonio de Lucia, en comparación con su anterior ópera en este escenario, Otello. Hubo más intención dramática y la escenografía, de corte clásico y que también era responsabilidad suya, tuvo momentos de indudable acierto. Flojo vestuario, sobre todo en el primer acto, y buen trabajo de iluminación de Grace Morales.
Felicitaciones a la ACO y su dirección artística por presentar un reparto y una parte musical tan compactos y de excelente nivel.

Fotos: © Nacho González Oramas | ACO 2026