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 maruxa oviedo alfonso suarez

¿Maruxa?

Oviedo. 21/02/2019. Teatro Campoamor. Amadeo Vives: Maruxa. Carmen Romeu (Maruxa), Rodrigo Esteves (Pablo), Svetla Krasteva (Rosa), Jorge Rodríguez-Norton (Antonio), Miquel Zabala (Rufo). Orquesta Oviedo Filarmonía. Coro Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo. Dir. Escena: Paco Azorín. Dir. musical: José Miguel Pérez-Sierra.

“Yo compraré algunas ovejas y todas las demás cosas que al pastoral ejercicio son necesarias, y llamándome yo «el pastor Quijótiz» y tú «el pastor Pancino», nos andaremos por los montes, por las selvas y por los prados, cantando aquí, endechando allí”. De Virgilio a Garcilaso, la temática pastoril ha estado presente en la obra de los más grandes poetas. Tanto es así que incluso el hidalgo más ingenioso de nuestra literatura resolverá hacerse pastor en su forzosa retirada de la caballería andante. Es por tanto que la idea cantar a una naturaleza idealizada o a las virtudes de una vida retirada no era novedosa, ni mucho menos, cuando en 1914 se estrena Maruxa, una égloga lírica en dos actos cuyo texto, firmado por Luis Pascual Frutos, resulta de una inspiración notablemente inferior a la que demuestra Amadeo Vives componiendo la música. En este contexto, no hay nada en los amores de Pablo y Maruxa que al espectador actual pudiera resultarle novedoso e incluso interesante. Nada, excepto la voluntad de su autor por concebirlos así, haciendo de la obra un canto, de mayor o menor calidad, a la vida pastoril. Y es por ello que he decidido escribir el título de esta reseña entre signos de interrogación. Pues ¿hasta que punto es posible modificar el planteamiento de una obra sin llegar a aceptar que es otra distinta?

Paco Azorín, como director de escena, hace de esta obra un espectáculo visual impactante que logra alcanzar unas cotas de dramatismo con las que, de haberse seguido las indicaciones del libreto, el público no podría ni soñar. Y no podría hacerlo porque, directamente, el título tampoco las pretende. Así, tras la caída del telón, uno no se va con la sensación de haber presenciado la reposición de una obra lírica que llevaba muchos años en el tintero, sino el afán protagónico de una escenografía que, desde su concepción, parecía llamada a atraer todos los focos, aunque ello implicara dejar a oscuras la obra original.

Por otro lado, olvidándonos del encaje de la propuesta con la obra original y dejando de lado el apartado puramente estético, de excelentes resultados, el mensaje transmitido por la propuesta de Azorín no me ha resultado particularmente elaborado. Todo pivota, en este caso, sobre el despotismo de los poderosos que, con tal de acrecentar su fortuna, no tienen ningún tipo de reparo en asesinar, medioambientalmente hablando, al planeta. Un discurso que, si bien ya ha sido ampliamente repetido y es conocido por todos, no por ello deja de ser cierto. No obstante, la propuesta hace aguas empleando como ejemplo el caso del petrolero Urquiola y situando su accidente a la altura de otro aún más sonado, el del Prestige, del que Azorín toma el slogan “Nunca máis”, nombre de la plataforma ciudadana que se creó a raíz de su hundimiento en el año 2002. Así pues, la cierta argumentación de que las élites económicas destruyen ecológicamente el planeta es perfectamente válida en el caso del Prestige, una chatarra flotante cuyo casco quebró por una fatiga estructural que había sido perfectamente evitable en caso de haberse llevado un correcto mantenimiento por parte de sus armadores. Por el contrario, en el caso del Urquiola, un barco que apenas tenía 3 años de antigüedad, el naufragio se produjo al navegar sobre unos bajos no señalados en las cartas de navegación cuya elaboración y corrección era, y es, competencia pública. Deformación profesional, supongo, el fijarme en este tipo de detalles que, pese a todo, me resultan importantes de cara a articular correctamente el reivindicativo discurso de la propuesta.

En el plano vocal, Carmen Romeu afrontó con solvencia el papel protagónico ya desde su primera intervención “mírate en el espejo, mi linda amada…” donde hizo gala de una proyección generosa y redonda que únicamente vimos comprometida en aquellos puntuales momentos más exigentes en tesitura. Rodrigo Esteves, por su parte, fue ganando en solvencia a mediad que trascurría el primer acto para, finalmente, mantenerse a gran nivel durante toda la representación, en la que lució una voz de barítono efectiva y gran intencionalidad escénica.

El papel de Rosa, recayó en la soprano Svetla Krasteva quien, a pesar de una dicción ciertamente mejorable, afrontó su parte de manera exitosa, tanto en el plano vocal, donde lució una voz dúctil como en el escénico, sabiendo encarnar esa maldad y falta de escrúpulos que quería enfatizarse desde la propuesta escénica. En el papel de Antonio se contó con la presencia de Jorge Rodríguez-Norton, habitual en la temporada lírica ovetense, quien ofreció una versión redonda de su personaje, tanto desde el punto de vista escénico, donde, al igual que Krasteva, enfatizó la personalidad un punto perversa de su personaje, como desde el punto de vista vocal, cantando con estupenda dicción y un fraseo incisivo en el registro medio que aquejó tal vez de una falta de proyección en el registro más agudo, de bella emisión squillante pero un volumen notablemente menor. Muy limitado vocalmente se demostró el bajo Miquel Zabala en sus repetidas intervenciones, en las que no nos pareció capaz de afrontar el personaje Rufo con la entidad requerida en este tipo de representaciones.

Convenció la Orquesta Oviedo Filarmonía desde el foso que, en esta ocasión, contaba con la batuta de José Miguel Pérez-Sierra, quien supo ofrecer una contrastada lectura de la partitura firmada por Vives caracterizada por el buen nivel general del que la Oviedo Filarmonía acostumbra a dotar estas temporadas de Teatro Lírico. Asimismo el Coro Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo, por su parte, supo sacar partido de su conocida intervención del segundo acto durante el momento de la tormenta reconvertida, eso sí, en una dantesca recogida de chapapote cubo y pala en mano.

Foto: Alfonso Suárez.

 

 

 Artista de la semana Bonilla

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